28/julio/2014

Por qué interesa a los emprendedores el consumo colaborativo

UBERSe ha levantado un revuelo enorme con la eclosión de plataformas que permiten que particulares puedan prestar servicios profesionales sin intermediarios: Uber para taxistas amateurs; BlaBlaCar para viajes largos con desconocidos; Airbnb para alojamientos en casas privadas, Trip4real y Sherpandipity para experiencias turísticas diferentes… 

El fenómeno llega ya a todo tipo de negocios (educación, medios de comunicación, ecommerces y otros muchos sectores que llevan años adaptándose a la nueva competencia). Es una tendencia imparable. Y aunque muchos de estos negocios existen desde hace ya años la popularidad que están adquiriendo es lo que las ha puesto en el punto de mira de competidores y quienes tienen que regular.

Sobre todo este asunto hablé hace unas semanas con Albert Cañigueral, fundador de la web consumocolaborativo.com, que lleva mucho metido en estos asuntos, Miguel Ferrer, abogado y experto en los temas legales que afectan a esta tendencia de consumo, y otras personas que conocen el sector y que al final coinciden en que es algo que no se puede parar porque va en contra de lo que demanda la sociedad, pero sí hay que regularlo, sin prohibirlo, porque puede sumar a la economía si se regula bien; en lugar de restar.

A partir de esta idea, que me gusta y comparto, entendiendo como ellos que haya profesionales que sienten que se les hace una competencia desleal. Normalmente esta visión más extrema la tienen profesionales de sectores que están muy regulados y que tienen muchas barreras de entrada (como el gremio de taxistas). Entiendo su postura y comparto que crean que ellos están obligados a unas tasas, exigencias de seguridad, etc. que muchos de quienes ofrecen estos servicios no soportan. Pero me quedo con la idea disruptiva de Albert y Miguel cuando defienden que no por eso hay que prohibir este tipo de ofertas (que la gente está demandando y tampoco es mayoritaria, es una oferta más) y por el contrario pensar que lo que se debe cambiar son las exigencias tan altas para los que están regulados y aumentarlas sobre los que están en estas plataformas; pero sin exagerar ni prohibir, insisto.

Sería la postura más adecuada para dar respuesta a lo que pide una parte de la sociedad; que al fin y al cabo es quien manda: un nuevo tipo de consumidor que no está satisfecho con lo que existe en el mercado. Y que vuelvo a recordar que ni son todos los consumidores, ni son mayoritarios. Son un segmento más, que no se debe ignorar.

Es un tema muy complejo para resumirlo en un post. Si quieres leer las complicaciones legales y todo el asunto puedes verlo en el reportaje que dedicaremos en el número de septiembre o a través de nuestra web: www.emprendedores.es, con el título ¿Afectará a tu negocio el consumo colaborativo?

Como a mí me gustan las tendencias y las exigencias de adaptarse a los cambios sociales, aquí os dejo algunas ideas sobre cómo aprovechar esta tendencia en un negocio de emprendedor autónomo o pyme; se puede y se está haciendo.

1.- Un canal nuevo para tu negocio

En realidad para los autónomos y pymes son más una oportunidad que una amenaza. Un nuevo canal para llegar a más consumidores. Así lo han entendido, por ejemplo, los inversores que se han unido a Lending Club. El 70% de las inversiones que se realizan en esta plataforma de lending son de inversores institucionales. Y un hotel de México, el Drift San José, sólo puede reservarse a través de Airbnb. Esta visión del fenómeno me la dio Guillermo Ricarte, director general de Creafutur: “En algunos países los taxistas se han metido en Uber. Trip4real tiene particulares y profesionales que hacen de guías turísticos. Es un canal más de ventas para el profesional. A las plataformas de servicios profesionales les interesa mucho tener autónomos porque les ahorra problemas. Los particulares que no declaran son los que pueden crear problemas a su modelo de negocio”.

2.- Crea un pequeño espacio de consumo colaborativo

Hay grandes empresas que ya han entendido que deben unirse al fenómeno, creando una oferta nueva dentro de lo que es el core business de su negocio, en lugar de oponerse a esta tendencia. Morgan Stanley, por ejemplo, ha empezado a ofrecer a sus clientes la opción de invertir en plataformas de préstamos alternativos en lugar de intentar cerrar las de banca privada que les hacen la competencia. Decathlon permite a sus clientes vender sus prendas usadas a través de su plataforma Trocathlon ofreciéndoles a cambio el dinero obtenido en dinero Decathlon, para renovar su material deportivo. O como me decía Miguel Ferrer, con razón: “eBay es el gran referente de todo esto. Hay gente que monta un marketplace para vender discos, ropa, etc. Y otros, como Decathlon o P&G que han creado un espacio de innovación para facilitar la colaboración de los usuarios en diseño de producto y que genera retornos para particulares”.

En definitiva, ofrece soluciones a tu cliente, no te quedes en tu producto, como defiende Guillermo Ricarte: “Nosotros trabajamos mucho con tendencias y necesidades del consumidor, nuevas oportunidades, y vemos que ya en otros países está ocurriendo que las empresas de estrategias ganadoras son las que solucionan problemas a sus clientes. Más allá del producto. Hay que entender cuáles son esas necesidades”.

3.- Busca tu propia oportunidad
Fíjate en las tendencias de otros países y busca tu oportunidad en los nichos menos desarrollados. Albert Cañigueral lo resume de esta forma: “El patrón es bastante repetitivo en Francia, que va a la cabeza, y en España. Primero empezó el turismo, luego la movilidad, le sigue la banca… Y después de eso, pues la educación, que también es un sector que la gente está empezando a ver, el intercambio de conocimiento. El retail de venta al por mayor para gente que considera que el acceso es mejor que la propiedad, lo hemos visto en muchos temas. Herramientas de bricolaje, ya se está empezando a ver algunos casos donde se alquilan las herramientas en vez de venderlas o como empresas que alquilan o ayudan a montar circuitos de reventa de sus propios productos, como en eBay. Están empezando a entender que una venta no se termina en la primera transacción, sino que luego hay un ciclo de vida del producto donde pueden volver a tener contacto con el cliente”.

Y lo cierto es que los consumidores están aprendiendo a compartir absolutamente todo. Sólo en el sector de la movilidad, además de Uber y BlaBlaCar existen otras alternativas como Social Car (alquiler de coches y plazas de garaje entre particulares); Carpling, para compartir coche, taxi, aparcamiento y hasta la mesa del AVE (comprar los billetes juntos para obtener el descuento que ofrece RENFE). Cruzin permite alquilar barcos entre particulares. Y una muy de nicho: Bitamooring, intercambio de amarres de barcos entre particulares. Y esto es sólo un ejemplo de un sector concreto. En el reportaje podrás encontrar muchos más de casi todas las áreas de actividad.

Otra clave puede estar en la adaptación de estos negocios al móvil. Por ejemplo, Wallapop es un servicio en el que se venden todo tipo de productos de segunda mano (uno de los segmentos más saturados) pero que ha nacido para utilizarse en el móvil. Gracias a la geolocalización el usuario puede saber qué producto de segunda mano está más cerca de su ubicación. Esta diferenciación en un mercado ya maduro le ha permitido conseguir dos millones de descargas, cuenta con un catálogo de más de dos millones de productos y ha conseguido 1,5 millones de euros de inversión de capital riesgo (Caixa Capital Risc, Bonsai, Esade Ban) y de Enisa, entre otros.

Las claves para llegar a tu público objetivo están en la posibilidad de ahorro, mejor gestión de los recursos, transparencia en la valoración de los usuarios para garantizar un buen servicio… Hay también oportunidades en modelos de negocio que no son estrictamente P2P, sino que unen a muchos consumidores para conseguir mejor precio, como la plataforma para comprar gasolina Iamtogether

 

En la colaboración entre empresas, como la plataforma Spacebee, que propone compartir espacios profesionales desaprovechados con personas que los utilicen por horas, días, semanas o meses: locales comerciales, espacios culturales, salas polivalentes, aulas de escuelas, almacenes, naves, etc. O las plataformas de intercambio profesional como AcambioDe.com.

U ofreciendo servicios concretos a estas nuevas plataformas. “Por ejemplo, en Alemania hay una aseguradora que la puedes contratar por horas y por teléfono, para las plataformas de alquiler de coche entre particulares. Y hacen falta nuevos formatos de seguros para todo el segmento de compartir experiencias”, apunta Miguel Ferrer. Y la web compareandshare.com se ha creado para ayudar a los usuarios de Airbnb a comparar las ofertas de esta plataforma.

4.- Tu público objetivo
Analiza qué ventaja ofrecen los negocios colaborativos de tu mercado. Por ejemplo, los préstamos P2P, mejores condiciones que los bancos y acceso a financiación de personas que no la obtienen de la banca tradicional. Pero con garantía ya que disponen de un sistema de algoritmos para determinar el tipo de interés de cada préstamo en base a la probabilidad de impago.
Pero la motivación no siempre es exclusivamente económica. El 60% de quienes invierten en crowdfunding lo hacen para “contribuir a crear lo que me gusta” o “cosas innovadoras” o por apoyar a los creadores y emprendedores”.

Como explica Guillermo Ricarte, “si la gente utiliza estos modelos es porque les aporta valor. Son negocios complementarios. En transporte, por ejemplo, la gente quiere un transporte más eficiente y más conveniente. Pero hay hueco para todos: para el que quiere llegar más rápido, el que busca lo más barato y el busca comodidad”.

Otra clave. No pienses que los usuarios de estos servicios son exclusivamente los más jóvenes. “El espectro de consumidores es más amplio de lo que parece. Hay varios estudios que dicen que el 80% de los usuarios están por debajo de los 40 años. En Airbnb hay mucha gente mayor que lleva años haciendo intercambio de casas. Participa todo el mundo. Hay unos servicios que llegan más a un público y otros a otros”, comenta Albert Cañigueral.


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21/julio/2014

A propósito de Gowex

Gowex

Es muy nuestro. Muy de aquí. En eso no nos gana ningún otro país. El famoso ‘a toro pasao’ es muy typical spanish… ‘A toro pasao’ todo el mundo (o casi) sabía que ‘lo de Gowex’ no era trigo limpio.

Repasando estos días diferentes medios de comunicación, abundan los analistas que presumen de que su olfato ya les había alertado hacía tiempo de ‘lo de Gowex’. Y lo dicen así, ‘lo de Gowex’, como los que escriben los horóscopos, que dicen cosas pero sin decir nada.

Pues yo debo ser de los pocos que ni se imaginaba una cosa parecida (¡vamos, que me la han dado doblada!), porque a mi Gowex siempre me ha parecido un negocio muy interesante y me lo sigue pareciendo. Una empresa que fue capaz de abrirse un hueco en el mercado más competitivo del mundo, Estados Unidos, y hablar de tu a tu a grandes multinacionales.

Mi primera reacción al Informe Gotham fue el de negar la mayor –inocencia la mía–. Mis comentarios fueron del estilo de: ‘Estos (por Gotham City Research) lo están haciendo porque Gowex se ha hecho con el mercado de EEUU y seguro que algún competidor de allí está dolido y quiere echar mierda sobre ellos‘. Tal cual. Pero estaba equivocado; yo y cientos como yo que habían alentado y alabado las ¿virtudes? del fundador de Gowex. Decir lo contrario o negarlo sería una mentira tan grande como la que ha mantenido durante tantos años el fundador de Gowex.

Reconozco que me ha sorprendido la rapidez con la que el fundador de Gowex ha admitido su culpa y ha exonerado al resto de directivos de la compañía. Los ‘entendidos’ dicen que se debe a su estrategia de defensa para no ser extraditado a EEUU, donde la Justicia no se anda con preámbulos, y para conseguir una reducción de condena, llegado el caso, pero –insisto– me sorprende la premura y la autoinculpación. Ya me gustaría que otros en su caso le imitaran.

En cualquier caso, no seré yo quien entre a valorar si hubo o no delito en el comportamiento de este directivo –y otros de la compañía–. Ni tengo todos los datos ni poseo los conocimientos necesarios para entender y explicar operaciones financieras de guante blanco. Ese papel le toca a la Justicia.

Pero sí me mojaré en valorar otros aspectos relacionados con este caso:

1. No creo que el fundador de Gowex sea el único culpable (si es que así lo decide un juez) de esta gran mentira. ¿Cómo puede el presidente de una compañía ocultar y/o falsear durante tantos años la situación real de su organización sin que nadie más de la empresa, con cargos de responsabilidad, lo supiera? En su defensa, el fundador de Gowex dice que, “por la forma en que venía dirigiendo la empresa, y debido a la fe en mi proyecto y liderazgo, nunca justificaba ni explicaba a ningún miembro de mi equipo las decisiones que iba tomando”. Poco creíble esta afirmación. ¿Cómo eran las reuniones del consejo de administración? O ¿cómo no eran? Porque si ‘nunca justificaba ni explicaba nada‘ ¿qué era? ¿un ordeno y mando? Me cuesta creer que nunca diera explicaciones o, al menos, que no se las pidiera nadie.

2. No me convence tampoco el argumento del fundador de Gowex de que “mi objetivo era que, a pesar de que esa realidad subyacente no se correspondía con la realidad reflejada formalmente [es decir, las cuentas desde la salida a Bolsa no respondían a la realidad], con el crecimiento del negocio acabarían convergiendo en el medio plazo. A mi juicio, la empresa tenía un altísimo potencial, pero para poder acometer el coste del crecimiento era necesaria una mayor financiación en cada ejercicio”. Sí estoy de acuerdo en que la compañía –o mejor dicho, su negocio– tenía un ‘gran potencial’, pero no en que ‘para poder acometer el coste del crecimiento era necesaria una mayor financiación en cada ejercicio‘. No obstante, reconozco que muchas empresas, debido a las condiciones de sus respectivos mercados, necesitan o se ven ‘obligadas’ a disponer de mucha financiación para inversiones y para cubrir grandes plazos entre sus cobros y sus pagos. El problema de esto es un endeudamiento galopante que lleva a muchas empresas a morir por asfixia financiera y a otras a mentir. En el segundo caso, les lleva a entrar en una peligrosa rueda de ‘como necesito más dinero para financiarme, pido más dinero y para que me lo den tengo que decir que nuestras cuentas son buenísimas‘. Pero las mentiras siempre tienen un final.

3. Relacionado con el punto anterior, y según ha reconocido el propio fundador de Gowex, las cuentas de la compañía no eran reales. Y si eso es así, ¿qué hacían los auditores del Mercado Alternativo Bursátil, los del Banco de España, los del ICO, los de los bancos que les han prestado créditos, los inversores y hasta el Sursum corda? Dando por hecho que siempre habrá personas que se salten la ley, ¿dónde están los vigilantes de que se cumplan las leyes? ¿Por qué siempre nos sorprende que haya estafadores a los que criticamos y nunca enfocamos nuestras críticas hacia aquellos organismos encargados de vigilar que la ley se cumpla? Lamentablemente, lo de Gowex no es el único caso ni será el último, pero para eso deben cumplir su función los organismos reguladores de que esto no se produzca.

4. La historia demuestra que los mercados financieros –así en genérico–, donde se juega y se apuesta con intangibles como si de un casino fuera, están fuera de la realidad y la lógica humana. Se ha llegado a un punto donde todo vale para conseguir el enriquecimiento de unos pocos a costa del sufrimiento de una gran mayoría (en este caso, los pequeños inversores o los propios trabajadores de Gowex, que son los grandes damnificados). Cambiar esto es muy complicado, porque todo el sistema económico financiero de las mal llamadas sociedades ¿desarrolladas? está montado sobre una brutal especulación, que acapara todos los mercados, desde la alimentación más básica hasta la energía necesarias para la supervivencia. Y hasta de eso, se hace negocio especulador.

5. Y esto no podría acabar sin hacer autocrítica. No sólo se deben tirar balones fuera, culpabilizando a unos y otros. Los medios de comunicación –de los que yo formo parte desde hace unos cuantos años– también han contribuido a alimentar este canto de sirenas, ensalzando, alabando y vanagloriando a personajes de una calidad empresarial como lo que representa el fundador de Gowex. También es culpa nuestra esa falta de rigor a la hora de tratar determinados temas. Nosotros, los medios, también tenemos una responsabilidad. Y de esto último no he leído ni oído mucho estos días.


Deja tu comentarioEnviado por: Javier Escudero
7/julio/2014

Con las apps hemos topado

apps vender moto

Que no os vendan la moto.

Me refiero a que no os vendan la moto con que las apps son como el comercio electrónico, que es muy fácil tener éxito, que si no requieren mucha inversión. Bueno, en el fondo sí que son como el comercio electrónico, pero por motivos distintos: no es nada fácil tener éxito, es un negocio como cualquier otro, va a requerir un gran esfuerzo en marketing digital y puede que en tecnología no esté la inversión, pero ya os decimos que inversión sí que requieren.

El otro día una futura emprendedora (no montará lo que me dijo que quería montar, pero montará otra cosa y le irá bien, no me cabe la menor duda) me escribió para contarme que quería desarrollar una app para ayudar con el aprendizaje de idiomas a niños y que no sabía por dónde empezar. Me contó que no tenía ni idea de tecnología…

Esto es (un resumen de) lo que le respondí (lo comparto con vosotros por si os sirve a alguno):

El de las apps es un mercado complicado. Muy complicado. ¿He dicho ya que es un mercado muy complicado? El principal problema radica en que en España no se paga por aplicaciones que no sean de productividad. Y por las que se paga (juegos, y estamos hablando de juegos para aficionados al balonpié y aburrimientos similares), no se paga lo suficiente como para que sea verdaderamente negocio (salvo para las versiones apps de juegos de grande productoras como Sony y similares). No conozco a ningún emprendedor que gane dinero vendiendo sólo en España. La mayoría gana dinero vendiendo en Asia: Corea del Sur, Vietnam, China, Japón…

Diseñar una buena app cuesta dinero (y eso si tienes la suerte de dar con un buen desarrollador, que no sea un pirata, que programe bien la app para que nunca te dé problemas y que lo haga, además, pensando en que luego esa aplicación va a ir en varios idiomas), no es gratis, y la promoción de marketing es elevada. Y si la quieres promocionar en Estados Unidos, eso cuesta más pasta todavía. Eso por no hablar de la competencia con la que te encontrarías.

Como cualquier negocio tienes que pensar en que exista un mercado que no está satisfecho, un consumidor al que le guste lo que has preparado para él/ella, que esté dispuesto a pagar, que tú tengas el dinero suficiente para desarrollar el proyecto, que ingreses más de lo que gastas.

Antes de empezar a pensar en tecnología tienes que pensar en hacer un buen estudio de mercado.

Para empezar, competencia tienes bastante. He estado echando un vistazo a la app store y hay varias apps interesantes y bien posicionadas:

https://itunes.apple.com/us/app/abc-song-all-in-one-educational/id440637724?l=es&mt=8

https://itunes.apple.com/us/app/little-fox-music-box-kids/id499541243?l=es&mt=8

Eso por no hablar de gigantes como Disney (Singsong Blocks, Sesame Street…).

Házte una pregunta: ¿Cuál te descargarías tú de todas estas?

https://search.itunes.apple.com/WebObjects/MZSearch.woa/wa/search?entity=iPadSoftware&media=software&page=1&prevIndex=0&restrict=false&startIndex=0&term=songs+kids

Seguro que eliges una. ¿Cuánto tiempo le has dedicado? Pues bien. ¿Crees que tu consumidor potencial le va a dedicar tanto tiempo? ¿Seguro?

En teoría, se supone que para que los consumidores se descarguen una app, ésta tiene que estar en el top 25 de cada país. El resto, en teoría, insisto, y salvo honrosas excepciones a la regla, duermen el sueño de los justos. Y si quieres que esté en el top25, tienes que invertir en marketing. Y eso cuesta dinero.

Luego, este mercado es tan triste que el 60% de la decisión para la descarga viene por el logo. Si el logo les gusta, pinchan. Sí, así de triste.

Si hablamos de modelos de negocio, los principales productos a nivel global, me refiero tanto a descargas como a ingresos en las dos tiendas (iOs y Android), son los juegos: tanto en descargas como en ingresos. No creo que eso vaya a cambiar mucho. Los juegos que más monetizan son los que tienen un modelo freemium con compras dentro de la aplicación (por funcionalidades). Y no creo que eso tampoco cambie.

El problema está que España es un mercado en el que no se paga por aplicaciones infantiles. Descargar, sí, pero luego pagar…

Muchos emprendedores se están encontrando con que los modelos de negocio que han elegido para las aplicaciones que diseña su empresa “tardan en convertir”. Es una frase habitual que llevamos tiempo escuchando en la Redacción y que quiere decir:

1. Que aunque consiguen usuarios a un ritmo razonable, no consiguen convertir a estos usuarios en usuarios de pago y la caja de su empresa se resiente.

2. Que optan por modelos que se basan únicamente en conseguir muchos usuarios y que un inversor les apoye financieramente para aguantar hasta que consigan más usuarios y no consiguen suficientes usuarios como para que esos inversores se interesen y la caja pide a gritos ingresos.

3. Que optan por modelos que se basan únicamente en conseguir muchos usuarios y que un inversor les apoye financieramente para aguantar hasta que consigan más usuarios y sí, vale, consiguen un volumen de usuarios interesante, pero no consiguen seducir a ningún inversor y mientras tanto la realidad de su Tesorería se impone.

En el mercado de las apps para niños, que es lo que te interesa a ti, si están dirigidas a los padres, para que interactúen con sus hijos, los padres pagan. Pero, si son juegos, les va a costar más. Ahí se combinan de pago y freemium.

Dicho todo esto, puedes hacer experimentos.

Hay plataformas gratuitas (o de bajo coste) de creación de apps que te pueden hacer pruebas. Para ver si es un negocio al que te vas a poder dedicar, si a la gente la puede interesar, hacer algunas mediciones (ratios de conversión, uso…), y hacer pequeños experimentos controlados de marketing digital. A mí me gusta Mobincube.com. Son unos tipos de Alicante que han abierto mercado en Estados Unidos.

Esto te sirve para hacer experimentos. Si luego quieres hacer algo más serio, no vas a tener más remedio que desarrollar la app como es debido y gastarte los cuartos.

En cuanto a aplicaciones para dispositivos móviles e Internet que son interesantes, échale un ojo a éstas, aunque también te digo que de momento no están monetizando (están aguantando porque han conseguido inversores fuertes, como Google): http://www.imaginek12.com/all-companies.html

Y eso es lo que se me ocurre a vuelapluma.

Mi compañero Javier escribió este artículo, por si te orienta:

http://www.emprendedores.es/ideas-de-negocio/como-monetizar-tu-app

Yo he escrito esto:

http://www.emprendedores.es/gestion/plan-marketing/plan-marketing-2

Y esto otro sobre el tema:

http://www.emprendedores.es/ideas-de-negocio/cream-ebooks

Bueno, no sé. Que no os vendan la moto.


Deja tu comentarioEnviado por: Rafael Galán
30/junio/2014

Si buscas dinero, explora el mapa de los emprendedores

Startupxplore

Lo admito, tengo un defecto… bueno, más de uno…, pero es el que voy a reconocer públicamente:

Tengo una obsesión compulsiva a coleccionar cosas. Es una especie de síndrome de Diógenes…, pero sin bolsas de basura. Lo que me da por acaparar y acaparar, cual ardilla del bosque, es información. Me pongo con un tema y empiezo a recopilar informes, datos, estudios, contactos… y así hasta el infinito. Y, desde hace varios años, uno de mis temas ‘diogenésico’ preferido es el de los inversores.

Un buen día empecé buscando un par de contactos de inversores en startups para un reportaje y ya tengo un listado de cientos y cientos y cientos y cientos… de contactos de inversores privados, públicos, locales, regionales, nacionales, internacionales, profesionales, cuasi profesionales, especializados, genéricos… de más de medio mundo.

Hace tiempo, en esa búsqueda ingente de contactos inversores, me ‘topé’ con la brillante iniciativa que Javier Megías, uno de los grandes expertos españoles en modelos de negocio –al menos, para mi–, había puesto en marcha: un mapa colaborativo de la iniciativa emprendedora en España, que llamó Spain Startup Map. Recuerdo que había conocido a Megías unos años antes en un evento en Castellón en el que él participaba como experto. Sus conocimientos en gestión y estrategia me ‘engancharon’ y desde entonces le he entrevistado en diversas ocasiones para diferentes reportajes para la revista.

Avanzando en el tiempo, recuerdo también que en el pasado Salonmiempresa (febrero de 2014) volví a coincidir con Megías. Allí me contó que, junto a su socio Nacho Ormeño, estaba trabajando en profundidad en su Spain Startup Map, después de que inversores internacionales se hubieran interesado por el proyecto.
Y ahora, hace unos días, Megías se ponía en contacto conmigo para contarme que su proyecto Spain Startup Map se había hecho mayor y se había convertido en Startupxplore (www.startupxplore.com).

Junto a su socio Nacho Ormeño y con el apoyo de Plug and Play, se había marcado el objetivo de “transformar el mundo de las startups y de los inversores, un ecosistema opaco donde unos se quejan de que no hay dinero y otros se quejan de que no hay proyectos invertibles. Estamos convencidos que el problema es que nadie se ha preocupado hasta ahora de hacerlo más transparente. Nuestro objetivo es ayudar a que las startups descubran los mejores inversores acorde a sus necesidades y que los inversores reciban un dealflow de oportunidades de calidad que cumpla sus criterios de inversión”. De esta manera, Megías persigue lo que siempre ha predicado: ofrecer una solución a una necesidad no cubierta o mal cubierta hasta ahora.

Megías y su socio han cerrado una ronda semilla de 100.000 euros, en la que han participado los inversores François Derbaix, Iñaki Arrola, Pedro Serrahima, Álvaro Ortiz y Francisco Gimeno y la aceleradora Plug and Play Spain.

Han lanzado una fase beta, “con una hoja de ruta exigente”, utilizando como punto de partida las casi 3.000 empresas que ya tenían en Spain Startup Map, con el objetivo de que “startups, inversores y aceleradoras puedan actualizar sus perfiles y definan los mercados que les interesan”. A través de esta plataforma se podrá (es en lo que están trabajando) contactar con inversores y saber qué están buscando, cuáles son sus criterios de inversión o en qué han invertido previamente. Permitirá buscar startups, aceleradoras, proveedores de servicios especializados en emprendedores, cursos e incluso eventos con información relevante a los intereses de la startup o del inversor/aceleradora. También se podrá recibir en tiempo real información sobre nuevas inversiones, competidores, oportunidades de inversión, eventos…

En mi afán por acumular información interesante, me apunto en mi listado Startupxplore y les seguiré de cerca para seguir ampliando ‘horizontes’.

¿Y tu? Échale un vistazo a la plataforma, seguro que te resultará muy interesante.


1 comentarioEnviado por: Javier Escudero
9/junio/2014

Las diez claves de un buen marketplace

mercado de las pulgas parís charada

Como el último post se me fue de largo, ahí va uno cortito.

Nos encontramos con mucho imitador de mucho marketplace en Internet. Mucho. Javier y yo estamos hasta el mismísimo gorro de clones y más clones, y de notas de prensa del estilo “XXX, el primer markeplace de…”. Todos son el primero, todos son los mejores. Y mientras tanto se les olvida cómo se tiene que estructurar el modelo de negocio de un marketplace.

De hecho hay negocios que no se dan cuenta de lo que ha pasado, hasta que ya es demasiado tarde (vamos, que descubres que lo que tiene valor son los sellos).

Si hemos prestado atención a todos los negocios que han salido hasta ahora y que han funcionado, se tendría que parecer a:

 1. Conseguir una nueva experiencia para los consumidores.

2. Aprovechar una ventaja económica.

3. Encontrar una oportunidad tecnológica.

4. Entrar en un mercado fragmentado: que tenga a los compradores fragmentados o que tenga a los proveedores fragmentados.

5. Ser capaz de ganarte a los proveedores. Tienes que trabajártelos.

6. Tienes que entrar en un mercado con un buen tamaño. Lo que los inversores denominan como Mercado Total Disponible.

7. Debes ser capaz luego de expandir ese mercado. Tienes que entrar en un mercado en el que tu propuesta, primero, se pueda convertir en una alternativa real útil, y, a ser posible, en la referencia.

8. Debes entrar dentro de un consumo frecuente. Cuántas más posibilidades tengas de que te compren tus consumidores, mejor. Hay mercados en los que, a lo mejor, se hace una compra ¿cada dos-tres años?

9. Tendrías que garantizar un pago fluido a tus proveedores, nada de darles un cheque cuando ellos ya han prestado el servicio en el que se apoya tu marketplace.

10. ¿Tu servicio mejora cuánto más crece o el crecimiento empeora el servicio?

Está también claro que no puedes conseguir todo lo anterior, pero cuántos más elementos sumes, mejor lo vas a tener en el mercado. Aunque, recuerda, todo se limita luego a una cuestión de ejecución.

Que sí, que es de sentido común… pero…


3 ComentariosEnviado por: Rafael Galán
19/mayo/2014

Nos colamos dentro de una startup

socios percentil

‘¿Qué te ha llamado la atención?’

Me lanza esta pregunta Lourdes Ferrer, socia de Percentil.com, un negocio de compra-venta de ropa de segunda mano infantil y de mujer que en menos de dos años ha conseguido ya que 10.000 españoles (sí, españoles) les vendan sus prendas (y que otros 15.000 se las compren), que ha conseguido más de un millón de euros en dos rondas de financiación y está a punto de cerrar una nueva ronda de un millón de euros. (Cinco días antes de expandir su negocio a Alemania, a menos de dos semanas de cerrar una ronda de inversión de un millón de euros y en plena reprogramación de su tienda online, los socios de Percentil nos dejaron, inconscientes de ellos, me han dejado trabajar durante un día en sus almacenes y en sus oficinas.)

Esta sencilla, y lógica, pregunta, me pilla de improviso, después de nueve horas arriba y abajo (literal), saltando (esto no es literal) del almacén del negocio a sus oficinas una y otra vez cerrando una especie de ciclo biológico.

Tardo en responder más de lo que marcan las convenciones sociales.

Deben pensar que nunca me había remangado la camisa. Tardo en responder, pero la verdad es que lo tengo claro:

‘Mientras preparaba un pedido, Juan, del almacén, se para y me dice: Mira, ¿ves esto? Es un envío con varias prendas para un peque: que si una camisetita, que si un pantalón, un par de zapatos, un par de camisetas, una chaqueta de lana… y la mamá se ha pillado esta faldita vaquera que no está nada mal. Mientras hablaba doblaba la ropa como si fuera la de su hijo, con cuidado. Aquí está el negocio: compran para sus peques y ya que están… ya que están, compran también para ellas. Y así el tíquet medio sube. Ven esto para sus niños y luego entran a ver esto o se lo recomiendas y… Supongo que me ha sorprendido ver a alguien que no fuera el socio de un negocio hablando de una forma tan natural sobre aumentar el tíquet medio del pedido y sobre incrementar la conversión (aunque sin hablar sobre incrementar la conversión). Y luego se ha puesto a hablar de cuántas cajas es capaz de hacer al día y me ha dado una lección sobre cómo elegir cajas y cómo doblar el papel para ahorrar costes sin que afecte al producto… vamos, sin romperlo. Hasta me ha dicho cuánto cuesta cada hoja con la que se envuelve la ropa’.

Lourdes me mira y se ríe: ‘Sí, eso es culpa de Luis [Luis Ongil, socio de Lourdes Ferrer y de Daniel Bezares en esta startup]. Le gusta medir todo. Lo suyo son las métricas’.

Unas horas antes mientras buscaba en el almacén (después de un máster en logística práctica avanzado) los productos para preparar varios pedidos -los pedidos se recogen de diez en diez, en virtud de un sistema ideado por Lourdes para reducir el tiempo de manipulación y la posibilidad de errores–, lo reconozco, llegué a obsesionarme por ir rápido. Muy rápido. No por intentar competir con el equipo del almacén, Luis, ‘Ali’ o Juan, que hubiese sido imposible, sino porque sentía que si me retrasaba, se retrasaba el negocio del día, un día que acaba a las seis de la tarde cuando se recogen todos los pedidos. Hasta me puse el cronómetro de mi Casio: 26 minutos, 12 segundos. ‘No está mal para ser la primera vez’, me dijo Juan cuando se lo enseñé. Mentía. De una forma educada y piadosa, pero mentía. Intenté copiar los movimientos y trucos de Alicia y Luis para encontrar los pedidos a la primera, pero no bajé de los 26 minutos. Como El Guerrouj (ellos) corriendo contra mi abuela (yo).

De todas formas, estoy adelantando acontecimientos. El día comenzó antes. Nueve horas antes. Y comenzó así:

- ¿Sabes programar?

- Pues no.

José María Rodríguez, el CTO de Percentil, es la primera persona con la que me encuentro en mi experimento. Acabo de llegar a la sede de Percentil, en un pequeño almacén en un pequeño complejo de oficinas en el centro de Las Rozas, en Madrid. No ha dado tiempo a nada todavía. Daniel Bezares, uno de los tres socios fundadores de Percentil, a quien conozco desde hace tiempo, me acaba de recibir y estamos de pie dándonos la mano todavía cuando, eso, llega José María, un hombre de aspecto afable, con el aspecto del mejor amigo de tu padre.

‘Es Rafael, redactor de Emprendedores. Va a trabajar durante un día en la empresa para ver cómo funcionamos’, dice Daniel.

Lo que sigue es la pregunta de José María y mi escueta respuesta. No lo dice, pero yo leo en su mirada: ‘No me sirves. Qué narices hace este tipo aquí. Lo que necesito es un programador que funcione. Ya. Pero no ves la cantidad de trabajo que tengo pendiente’. Desaparece y ya no le vuelvo a ver en todo el día, salvo detrás de la pantalla de su ordenador.

La realidad es incontestable. Como lo es la sinceridad. Y como no lo son las expectativas.

¿Por qué dicen que una startup es como tener un hijo?

La idea sobre el papel no está mal: trabajar durante un día en una startup. Pasar, en la medida de lo periodística y realísticamente posible, un día por cada uno de los departamentos clave de una empresa y dedicarle al menos una hora de trabajo a cada uno de esos departamentos, conseguir que te dejen trastear: mover alguna que otra caja, responder a algún correo de un cliente con un millón de dudas en un interminable comentario en Facebook… ¿Atractivo, verdad?

Cuando tienes la idea, buscas la empresa, lo hablas con ellos, se gestionan los permisos [básicamente se consulta a los inversores para que no se espanten], y te imaginas escribiendo una pieza periodística de ‘incalculable’ valor. Durante días piensas en el enfoque que le vas a dar. De camino a ese día de trabajo piensas en todo tipo de referencias sesudas para deslumbrar, primero, a tus entrevistados, desde el primero hasta el último personaje que va a aparecer en tu artículo, y luego, claro está, a tus lectores. Quieres, en resumidas cuentas, que el reportaje vaya sobre ti más que sobre ellos.

Entonces llega la realidad. Una empresa en un momento crítico de crecimiento, en unas semanas crítica de inversión… y yo pensando en ponerme medallas.

De vez en cuando no está mal una lección de humildad. En forma de cajas de cartón y en la forma de la factura de un proveedor. Después de doce años escribiendo sobre gestión empresarial hay momentos, pocos, en los que puede, sólo puede, que te creas que entiendes algo. Crees que entiendes ‘algo’ sobre logística, ‘algo’ sobre indicadores de negocio, ‘algo’ sobre liquidez, ‘algo sobre recursos humanos, ‘algo’ sobre ahorro de costes. Y va y resulta que no sabes nada.

A lo de la factura voy luego.

La referencia sesuda, por cierto, tampoco llega. Durante ese día y en los días siguientes hasta que me pongo a escribir sobre la experiencia sólo puedo pensar en mi amigo Ricardo, en mi ahijado Rodrigo y en el momento en el que me convertí en padre. Ricardo es físico, aunque por azares de la vida trabaja como programador informático, pero perfectamente podría ser profesor de cualquier cosa. Cuando nació su hijo, Ricardo la primera vez que me vio plantó al bebé en mis brazos -con experiencia cero en bebés y después de haberle rogado que no me lo dejara coger bajo ningún concepto- y me dijo: “Hala, a cambiarle la caca”. Luego, más tarde me dijo: ‘Toma, el biberón. Levanta así la botella para que no entre aire. Hala, a darle de comer’. Y así hasta hoy, siete años después. Ni que decir tiene que cuando nació mi hija, hace tres, ya no me daba miedo coger a un recién nacido, y desde el primer día tenía una habilidad para cambiar pañales sólo superada por las profesoras de guardería… y por unos padres experimentados.

Hasta ahora siempre que un emprendedor me había dicho que tener una empresa era como tener un hijo no lo entendía. Hasta hoy. Sólo durante un día Daniel, Lourdes y Luis -y todos y cada uno de los miembros de su equipo, con la excepción, lógica, y sana, de José María, y de Andrés González, el director financiero- me dijeron: ‘Hala, a cambiarle”. ‘Hala, a darle de comer’. Figurativamente, claro. Mientras recogía un pedido en el almacén y luego lo preparaba bajo la atenta mirada de Juanito, y a última hora de la tarde, en la reunión semanal de socios, mientras escuchaba cómo revisaban su estrategia de compras, me daba cuenta que sí, que tiene su gracia, que aprendes a cambiar el pañal, pero hasta que no tienes tú el hijo, no tienes ni idea.

Creía que lo del hijo era por la parte emocional y por la fragilidad, una metáfora inapropiada, y es por la parte práctica, por el sentido de responsabilidad. Y eso sí tiene sentido.

Ahora puedo entender la preocupación de Daniel ante la nueva ronda de inversión -a él se le nota en la cara más que a Lourdes, volcada en Producción y Atención al Cliente o que a Luis, de arriba-abajo todo el día-, o el cuidado con el que Juan, Alicia y Luis preparan los paquetes a una velocidad que fui incapaz de imitar, o a Marta seleccionando prendas, pero no es lo mismo.

Pero esto es lo de menos. Decía que recibí una lección de humildad de todos y cada uno de los empleados de Percentil que tuvieron la papeleta de lidiar conmigo.

Ahora sí, empezamos.

Indicadores… ¿de qué?

Cuando hablamos de KPIs (Key Performance Indicators, Indicadores Clave del Negocio), lo hacemos en inglés para que luzca más, para que parezca que sabemos más y, además, hablamos de indicadores en frío, sobre un papel sin vida. Que si hay que llegar a esto, que si hay que controlar lo otro, que si Life Time Value por aquí, que si volumen de compras por allá. Lo que no pensamos -o al menos yo no pensaba en ello hasta ahora- es en KPIs instalados en la cabeza de un empleado que no es propietario del negocio. En la cabeza de todos y cada uno de los empleados. Cuando hablo con cada trabajador, como si fuera lo más natural del mundo, todos tienen claro qué peso tiene el trabajo que están haciendo en la evolución del negocio: en unidades compradas, vendidas, almacenadas, fotografiadas, empaquetadas, enviadas, el margen por cada prenda vendida.

El equipo de fotografía, por poner sólo un ejemplo, es perfectamente consciente de su peso en el flujo de trabajo, como lo es la persona que se dedica a catalogar las prendas, o como lo son las personas que las embolsan y le introducen el código para el almacén, y ni qué decir tiene la persona que revisa las prendas que envían las vendedoras. Sólo se acepta un 67% de las prendas que se envían. Las manos de Marta pasan por encima de la ropa como si fueran un escáner. Y repasa más de 30 bolsas de ropa al día.

Está claro que no tengo ni idea de programar, mucho menos de entender los entresijos de una ronda de financiación (de hecho, lo único que tengo claro es lo rápido que se va el circulante en un negocio de este tipo que compra al contado y luego tiene que vender online), pero lo que más miedo me da en todo el día es catalogar la ropa. Todo el mundo está dispuesto a que le ayude unos minutos, pero con la selección de la ropa, sencillamente, no me atrevo. Una piedra en el engranaje, ufff, no me atrevo. El equipo de producción me mira y piensa lo mismo que José María, y a mí, ojo, me parece fenomenal que lo piensen.

Salgo del departamento de producción y me encuentro con Daniel, que durante todo el día está trabajando con José María en el front de su tienda online y puliendo los flecos del lanzamiento, cinco días después, en Alemania. Le cuento.

‘Eso es cosa de Luis’, me dice.

A medida que avanza el día entiendo por qué. Estamos hablando de una empresa que ha diseñado un programa en el que a todos los empleados les aparece cuánto dinero ganan con cada prenda. Percentil vende la ropa con un 70%-80% de descuento sobre el precio de prenda nueva en el mercado -han diseñado un algoritmo propio para determinar el precio basándose en el precio de venta de origen en el mercado de la prenda nueva-. En sólo un año habían vendido ya 116.000 prendas y ya van por las 200.000

De la jornada que paso en el negocio, la mayor parte del tiempo, unas cinco horas, las paso en el almacén. Es curioso porque cuando le comenté a mi jefe que iba a hacer este experimento, le dije que les había pedido expresamente que me dejaran también estar en el almacén y me respondió: “No, hombre, no. Ahí no vas a aprender nada. Tendrías que estar vendiendo en una tienda para entender de verdad”. Supongo que este artículo me sirve para responderle sin responderle.

Supongo.

Lecciones de marketing

Antes de comer, Paloma Ferrer, la responsable de marketing me da toda una lección de, eso, marketing. Yo iba preocupado por cuánto dinero hay que gastar en Facebook para conseguir tener un verdadero impacto en tus consumidores potenciales y por el coste de adquisición de clientes. Y, sí, me lo explicó, pero me dio toda una lección de marketing: tienes que conseguir que los clientes entiendan tu negocio. ‘Piensa que nuestro escaparate cambia a diario, cinco días a la semana. Eso requiere recordárselo a los clientes en todos los canales que tenemos con ellos sin ser intrusivos, de forma divertida. No es fácil, es un reto que tenemos que saber equilibrar bien’, me explica.

Entiendo que esto es lo que no te explican en ningún sitio.

La comida es mi último intento que hago por hacerme el listo. Como con Ongil en un bar de la zona. Dos menús, a escote. Nos atiende un rumano bonachón, que a mí me recuerda a Moustache, de Irma la Dulce, el mismo glamour, pero sin el bigote. Me explica la situación financiera de la empresa con pelos y señales. Cuando acaba, le pregunto: ‘¿No os preocupa la dilución al entrar nuevos inversores y modificar el peso en el accionariado?’, digo. Y nada más decirlo, por la sonrisa de Luis sé que ese va a ser mi último intento del día: “El negocio está en un momento de crecimiento en el que necesita liquidez. Necesita ese dinero. La dilución no es tan importante como la venden. Al menos no en un negocio como el nuestro o al menos no como lo hemos planteado nosotros. Hace dos años no existía este negocio. Lo hemos montado desde cero y hemos llegado a un punto que sabíamos que llegaría y en el que necesitamos unos recursos que no tenemos a título personal”, me explica como lo más normal del mundo. Después se pone a hojear el As y me hace un par de comentarios deportivos que no entiendo.

Planes B

Me doy cuenta de que desentono yo más en ese bar que él.

Ahí ya reculo. Mi siguiente pregunta, la última del día, ya es menos pretenciosa: “¿Tenéis un plan B si no se cierra la ronda?”. De nuevo, sonrisa, pero de otro tipo. ‘Claro’, y me lo explica. Comemos en 30 minutos y estamos de vuelta en el almacén. Toca hacer paquetes. Me pone en la ‘línea de empaquetado’ con una montaña de veinte cajas. Cuando llevo cinco, me piden amablemente que deje el puesto que hay que llegar a las seis de la tarde con todo listo. Es un alivio.

Su teléfono suena un par de veces. Una de ellas es uno de sus inversores. Cuelga y llama a su socio. ‘Daniel. Tienes que estar pendiente: te va a llamar X [el inversor que le ha llamado antes]. Para hablar sobre las condiciones. Quieren dejar bien claro en qué posición se quedan ellos’.

Subo a las oficinas y Roberto, uno de los responsables de Atención al Cliente me explica cómo es un día normal. Un día normal suyo es como una semana mía con problemas. Y tengo pocas de esas en la oficina. Me explica un par de trucos de logística que me guardo para un reportaje en el que estoy trabajando sobre logística de guerrilla (sí, lo siento, os tendréis que comprar el número de junio de Emprendedores).

El proveedor más barato

El día acaba con la reunión semanal de socios. Sin ninguna restricción. No entiendo cómo pueden ser tan sinceros con un periodista.

Y ahora llego a lo de la factura.

Vi la luz con una factura. Una factura de un proveedor que la mira por delante y por detrás y por lo que conozco de ese sector está en precio. Al menos, eso me parece a mí. Luis [Ongil] mueve la factura por la mesa como si estuviera moviendo un archivo en el escritorio de su portátil, de una carpeta a otra. De su carpeta a las carpetas de sus socios. ‘Tenemos que conseguir que baje el precio’, dice.

Me sale natural: ‘¿Cómo?’.

‘Muy fácil. Buscamos un proveedor más barato, le hacemos un par de encargos, vemos que tal funciona y luego vamos al primer proveedor y le decimos que hemos encontrado, de verdad, a alguien mejor y que nos tiene que bajar su precio. Es la única forma. Es el método lean de verdad: tienes que gastar más al principio, pero no puede perder el tiempo negociando. ¿Sabes cuánto tiempo puede llegar a perder un negocio como el nuestro ahora mismo renegociando con un proveedor?”.

Pues eso.

Luego hablan del desembarco en Alemania. Repasan la estrategia para el primer mes en este país, en el que ya hicieron un experimento para medir el mercado y la potencial respuesta de los consumidores con una modesta inversión en Facebook de 1.000 euros. Analizaron consumidores, pedidos, tipos de prendas demandadas. Todo ellos sin poner un pie allí. Y ahora empiezan el experimento.

La reunión termina repasando sus KPIs, en concreto repasan el volumen de compras, categoría por categoría. ‘¿Creéis que deberíamos dejar de comprar esto?’, plantea Lourdes. Y discuten durante una hora.

Acaban y llega la pregunta de Lourdes.

No está mal para un día de trabajo.


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12/mayo/2014

Investiga, que algo queda, y además es gratis

200-IDEASQue no lo veas –o conozcas– no quiere decir que no exista.

Voy a hablar de la competencia, por lo que si crees que tu negocio no tiene competencia o que ese tema no va contigo, puedes dejar de leer… ¡Quedas disculpado!

Para los que sí crean en la existencia e importancia de la competencia como un ente con vida propia, aquí sigo escribiendo…

¡Al lío! Para no entrar en disquisiciones o en cábalas absurdas, creo firmemente en que siempre hay competencia; en que la competencia es buena para que no nos durmamos en los laureles; en que la competencia ayuda a ver qué cosas se hacen mal y qué cosas se hacen bien; en que la competencia es positiva para mejorar nuestro producto y/o servicio; en que la competencia… ¡son todo ventajas!

En nuestro número 200, de mayo de 2014, llevamos, entre otros muchos e interesantes contenidos, un especial de 28 páginas con 200 oportunidades de negocio. Un laborioso y complejo reportaje que hemos hecho a cuatro manos Rafael Galán y un servidor.

Lo de ‘complejo y laborioso’ no es por ponernos flores sino porque realmente hemos invertido muchas horas de esfuerzo e investigación. Algo que, por otra parte, forma parte también de nuestro trabajo.

El punto de partida fue analizar el portfolio de empresas y proyectos de cientos y cientos de viveros, incubadoras, aceleradoras, centros de investigación, universidades, inversores privados, etc. de todo el mundo. Y cuando digo ‘de todo el mundo’, digo de los cinco continentes, desde empresas y proyectos australianos, pasando por La India, dando un brinco por Arabia Saudí o Israel, saltando a África, y luego al continente americano y, por supuesto, por Europa. En ese recorrido habremos analizado más de 2.000 empresas y proyectos. De esos, hemos encontrados casi 400 propuestas de negocio y, finalmente, nos hemos quedado con las 200 que podrás leer en el citado número de mayo.

Estamos convencidos que esas 200 elegidas podrían haber sido otras distintas, si nos lo hubiéramos propuesto, porque ideas hay infinitas, otra cosa es que esas ideas sean realmente una oportunidad de negocio.

No me extiendo más en el tema, porque para eso ya hemos preparado –además del citado reportaje– un diario con todo –o casi todo– lo que hicimos para preparar el tema. Pero sí, aprovechando esa búsqueda incesante de oportunidades de negocio, soy más consciente –ya lo era antes y esto me ha ayudado a reafirmarme– que siempre hay competencia, que aunque no la veas o no la conozcas está ahí. En cualquier parte del planeta, por muy pequeño que sea un país, puede haber un grupo de emprendedores que está o ya ha montado algo parecido a lo que a ti se te puede ocurrir.

Y éste –sin darle, pero tampoco, sin quitarle importancia al trabajo que hemos hecho Rafa y yo– es un ejercicio gratuito de investigación al alcance de todo aquel que tenga un ordenador y una conexión a Internet. Entre las ventajas y/o desventajas de la globalización está la de la facilidad que tenemos para conocer lo que se está haciendo ahora mismo en la otra punta del mundo. Y esa ventaja –para mí– no siempre está del todo aprovechada.

En la revista nos topamos, casi a diario, con emprendedores que ‘nos venden’ las virtudes de sus proyectos. Unos por su loable instinto comercial y otros por su enfermizo desconocimiento de que lo que ellos hacen, o ya se hacía y ha evolucionado o se está haciendo en otros mercados.

Y los riesgos de desconocer –y no digo ya despreciar– a tu competencia son enormes. Uno de ellos es el de que un potencial inversor te de con las puertas en las narices si te presentas ante él contándoles milongas ignorando a tu competencia.

Y si nosotros, que tan sólo somos dos mortales y sencillos periodistas, hemos podido hacer este ‘esfuerzo’ investigador, más lo tienes que hacer tu que has decidido emprender y jugarte tus recursos. Hazlo. Es gratis.


4 ComentariosEnviado por: Javier Escudero
5/mayo/2014

¿Merece la pena invertir en una franquicia low cost?

 

cerdito-low-costHace unos días me escribió un lector preguntándome por una franquicia low cost en la que iba a invertir y quería saber si conocía la marca, si era recomendable, etc. La franquicia en cuestión es muy poco conocida y no viene al caso nombrarla. Pero esa misma pregunta que se ha hecho el lector emprendedor con una enseña poco conocida me la he formulado yo misma muchas veces para enseñas de éxito, que crecen como la espuma y que atraen clientes por sus bajos precios: ¿son rentables para el franquiciado?

Llevo muchos años analizando los modelos low cost y sé perfectamente que para estar en precios tan bajos deben tener un modelo de negocio súper ajustado y eficaz que sólo funciona cuando se consiguen grandes volúmenes. Para la matriz de una enseña low cost es evidente que aumentar el número de franquiciados les ayuda a conseguir ese volumen tan necesario para obtener beneficios con precios bajos. La duda que me queda es si para los franquiciados el negocio es igual de redondo.

En el caso de las enseñas más reconocidas en el mercado de la restauración o el comercio low cost dependerá fundamentalmente de la ubicación: coste del local y gastos fijos. A igual número de clientes, con costes fijos mayores, igual no resulta rentable porque tenemos márgenes muy pequeños.

Sí veo la oportunidad de estar en franquicias de bajo precio si se analiza bien la ubicación. Entiendo que los emprendedores quieran apostar por modelos de bajo precio en un momento en el que el consumidor lo mira más que nunca. Y en el que este tipo de negocios está dando tan buenos resultados a los más eficientes. Además, soy consciente de que es imposible conseguir esa ventaja diferencial como negocio único. No salen las cuentas.

Pero cuidado porque no todo el low cost es garantía de éxito. En el caso de la franquicia que ha propiciado este post, la duda es todavía mayor. Es una franquicia muy poco probada (dos ubicaciones propias) y es un modelo de negocio orientado a servicios. Yo aquí directamente veo que no merece la pena pagar un canon de entrada, royalties por marca (que no es conocida), etc. por algo tan poco tangible. Entiendo que en una empresa de restauración o un comercio el franquiciador te ofrece sus productos a bajo precio porque los ha negociado él previamente y tú nunca los podrías conseguir a ese precio. Si es conocido como la Sureña o Dia, que atraen al consumidor como las abejas a la miel, pues eso, mira bien la ubicación y analiza el margen que te queda, porque son empresas que van como un cohete. Pero si te ofrecen una marca poco conocida y orientada a servicios, ¿realmente qué te están ofreciendo? Como pyme de servicios tienes pocos gastos fijos, puedes aguantar más en el mercado sin invertir en activos fijos y esperar a obtener clientes. El ahorro de costes estará en las horas/ servicio, que puedes gestionar tú. No depende de volumen. No veo la oportunidad de pagar un peaje por eso, salvo que se trate de una gran marca.

 


2 ComentariosEnviado por: palcazar