31/agosto/2007

Pero ¿quién es el que hace las previsiones?

Desde hace unas semanas nos vienen advirtiendo de la fuerte subida de precios que sufren o sufrirán un gran número de productos alimentarios. Primero fue la leche, de la que algún medio ha pronosticado que se pondrá “a precio de carburante”, y posteriormente se han ido sumando a la lista de afectados el pollo, los huevos, el pan, las galletas,… La primera razón para justificar esta tendencia fue que China e India estaban elevando, parejo a su nivel de vida, su demanda de alimentos. Posteriormente, se ha culpado a la demanda de materias agrícolas para producir biocarburantes (que supone menos del 2% de la producción nacional de cereales). Ambos procesos, a pesar de lo previsibles, nadie parece haberlos pronosticado y, por ejemplo, tenido en cuenta para proyectar la política agraria común en la UE. ¿Quiénes son los responsables de que hayamos llegado a un punto en el que producimos menos leche, cereales, etc. de lo que consumimos, que es precisamente ahora el quid de la cuestión?

Otro grave problema que estamos viviendo: la crisis de las hipotecas basura de Estados Unidos. Como apuntaba en la sección Nova de este mes, uno de los efectos desencadenantes de esta crisis es el hundimiento de la cotización de muchos productos financieros que invirtieron en estas hipotecas. Productos que recibían, hasta hace sólo unos pocos meses, una opinión demasiado positiva por parte de agencias de calificación de riesgos. Nuevamente, los organismos, instituciones, o a quien compete hacer las previsiones ha vuelto a fallar. Lo gracioso, como se puede leer en este artículo de Expansión, es que la Comisión Europea (que es la encargada de proyectar la Política Agraria Común de la UE) está investigando a las agencias de calificación de riesgos Moody´s y S&P, por si debían haber alertado sobre la crisis de las hipotecas subprime.

Podríamos seguir relatando casos actuales y pasados en los que se ha fallado de manera garrafal en previsiones económicas, pero importa más lo que suele suceder en cada uno de ellos: que la escasez dejó un estupendo hueco a la especulación. Especular con materias primas (petróleo, metales, productos agrícolas,…) se ha convertido en un estupendo negocio. Y ahora que tanto el precio del petróleo como de los metales parecen haber frenado sus tendencias alcistas, el maíz, la soja o el trigo están tomando el relevo en la cartera de los especuladores. ¿Se ha preocupado alguien de establecer qué porcentaje de las subidas tienen un componente real y qué porcentaje es pura y dura especulación?

Por cierto, hoy mismo publica El Mundo que las agencias de calificación de riesgo pronostican que el crecimiento económico español de los últimos años tendrá un “final abrupto”, causado sobre todo por el fin del boom inmobiliario. Estaría bueno que ahora sí acertaran en sus previsiones.

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Publicado en la categoría: Javier Inaraja

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