10/septiembre/2007

Controla el tiempo

Ya está en la calle nuestro número 120 (septiembre de 2007), y entre otros reportajes, puedes leer el dossier que hemos dedicado a un tema tan complejo como la gestión eficaz del tiempo. En estos días he recibido varios e-mail y llamadas de lectores que me contaban sus experiencias e inquietudes sobre este tema. Por su interesante contenido destaco a uno de ellos:

“Hola, os escribo tras leer ‘Rentabiliza tu tiempo’. Es un buen dossier, pero presupone que tenemos subordinados, cosa que no tiene por qué ser así. En mi caso, soy el subordinado más subordinado, o dicho de otra manera, no tengo a nadie por debajo, porque soy el que menos categoría tiene en la oficina. Presupone el reportaje que se puede anotar lo que debes hacer en el día, algo que, por desgracia, no siempre es así. Puedo apuntar sólo un 50% de lo que debo hacer; el otro 50 % son imprevistos, que son usuales en mi labor, pero que nunca se, ni a qué hora van a surgir ni en qué van a consistir. No puedo planificar horarios, porque si mis jefes deciden que desean algo, no lo desean dentro de una semana, lo desean para ‘ayer’, por lo que debo dejar cualquier cosa que estoy haciendo para hacerlo. Los teléfonos en mi oficina se ‘deben’ coger en cuanto suenan, pues en el 80 % de los casos son urgentes, por lo que debo coger y hacer lo que me piden en ese momento. Como pueden ver en un minuto he demostrado que, para poder utilizar esos consejos (buenos, por otra parte), se deben dar unas circunstancias de trabajo que no siempre se dan. Ójala en mi caso pudiera poder hacer de una vez las cosas en el orden correcto y terminar un trabajo antes de hacer otro. Supongo que a estas alturas se estarán preguntando cuál es mi trabajo o si exagero. Soy técnico en gestión de piezas en un almacén, que surte a cadenas de montaje y donde no siempre los pedidos son correctos, pero hay que asegurar la no ruptura en el flujo de piezas. Ademas doy entrada a los albaranes de los camiones que traen las piezas, cosa que debo hacer en cuanto llegan, aunque no son puntuales. A veces me daría de cabezazos porque no se puede trabajar con interrupciones constantes, con personas que llaman o que te vienen a pedir cosas.
Yo no puedo tomar café, porque realmente no me daría tiempo a nada.
Una sugerencia buenísima es la de la agenda para apuntar cosas. En mi caso, es un cuaderno y una pequeña libretita. Y es muy útil para preguntas del tipo: ‘Esta pieza tuvo problemas hace 6 meses’. Al estar apuntado, tengo un histórico de labores, de peticiones y de cosas remarcadas. La agenda electrónica está fuera de mi alcance, pero para los jefes supongo que está bien.
Y lo que se dice en el dossier sobre las tareas por orden de importancia y de urgencia tambien está muy bien. Lo malo es que para los jefes sus peticiones son las más importantes. Un subordinado no puede, en muchas ocasiones, calibrar la urgencia del informe que le pide su jefe, pues a éste se lo ha pedido su superior, y el subordinado no sabe si se lo ha pedido para mañana o para dentro de un mes. Y eso me ha pasado: tener que hacer corriendo un tablero que refleje datos y gastos y ser para dentro de 15 días y no haberme comunicado ‘ese pequeño detalle’ mi jefe”.

Este lector cuenta una realidad, lamentablemente, muy generalizada en las empresas españolas. Estoy de acuerdo con él en que, aunque organicemos la jornada es muy complicado que todo se cumpla, pero también es cierto que cuánto más la planifiquemos, menos cosas quedarán a la improvisación.
Nuestros dossieres pretenden aportar consejos útiles que sirvan al mayor número de lectores, pero también sabemos que no todos esos consejos pueden ser aplicados a la vez y por todas las personas. En el citado reportaje no sólo damos consejos para aquellos que tienen subordinados, sino también para los que trabajan sólos o para aquellos que lo hacen en equipo.
En el caso de este lector, entiendo lo de que “el 50 % son imprevistos que nunca se ni a qué hora van a surgir ni en qué van a consistir”. Todos tenemos imprevistos, pero lo que se debe intentar es reducir con el tiempo ese porcentaje. Admito que en este caso es difícil porque gran parte de ese trabajo depende de la puntualidad de los camioneros, de la fiabilidad de los albaranes, de los que llevan las carretillas, de las peticiones de los jefes, de …, pero si intentamos establecer entre todos (los miembros de la empresa) unas normas de comportamiento: mayor puntualidad, que los albaranes se completen correctamente, que las cargas de los camiones se ajusten a la realidad, que… se pueden ir ganando puntos para que las cosas vayan saliendo cada vez mejor. Y eso es cuestión de establecer unas normas que sean asumidas de verdad por todos (para eso debe haber, en primer lugar, voluntad).
En el dossier decimos que el tiempo no se recupera, pero sí se consigue más ahorrando un poco de aquí y otro poco de allí, y ese tiempo que ganamos de otras tareas podemos luego invertirlo en aquellas que requieran mayor dedicación. Esas mejoras, al principio, no se notarán, pero con el tiempo, si intentamos establecer sistemas (que cumplan todos los miembros del equipo) de puntualidad, eficacia, rentabilidad, etc., comprobaremos que el ahorro es real.
Entiendo también que cada trabajo es un mundo, pero una gestión eficaz del tiempo redundará en beneficio de todos, y no sólo me refiero a mayor productividad (que es lo que más puede interesar a los jefes), sino que se conseguirá un mejor ambiente laboral, unos horarios más flexibles y más tiempo para disfrutar con la familia y amigos fuera del trabajo.
Este lector habla también del teléfono. Yo también soy partidario de cogerlo siempre (así lo decíamos en el dossier), pero muchas de las llamadas que podemos considerar “urgentes” (o que así las consideran quienes llaman) pueden esperar. Con esto no estoy diciendo que las olvidemos, sino que se puede establecer un orden de prioridad para las tareas que surgen a raíz de cada llamada y seguro que unas tendrán que hacerse antes que otras (y eso no va marcado por el orden en que llaman, sino por la prioridad de la tarea). También es cuestión de ‘educar’ a aquellos que nos llaman con prisas de que habrá tareas que no dependen directamente de nosotros, por lo que será conveniente delegarlas a otra persona o que, tal vez, una tarea que por defecto hemos ido haciéndola nosotros corresponde realmente a otros. Y no es malo decirle a ese que nos llama que determinada tarea no es nuestra sino de otro departamento o de otro responsable. Con el tiempo, esos ‘marrones’ que no nos corresponden (y que a lo mejor hemos estado haciendo porque ‘no había otro que los hiciera’) dejarán de atormentarnos. Muchas veces es cuestión de educar en prioridades a los otros.
Los imprevistos -como su propio nombre indica- nunca desaparecerán, pero sí podemos reducirlos (muchos de ellos nos vienen dados porque no hemos sabido decir ‘no’ en un determinado momento). Una gestión eficaz total del tiempo es una utopía, pero sí podemos ir ganando pequeñas batallas que a la larga se notará.



Publicado en la categoría: Javier Escudero

3 Comentarios Añade un comentario

  • 1. Un lector  |  10 de septiembre de 2007 a las 9:59

    Gracias Javier por contestar a mi e-mail. Llevas mucha razón en lo que me dices, y es cierto que los trabajos se harían mucho mejor si todo el mundo hiciera su trabajo correctamente, pero es una quimera. Yo, por desgracia, no puedo pedir a mis compañeros que hagan su trabajo. Me parece obvio que deben hacerlo sin que se lo digan. Ójala pudiera enseñarles vuestro dossier, pero se reirían de mi. Pienso que, en efecto, vuestro dossier debería aplicarse a mi trabajo. Así debería ser, porque es la manera lógica de trabajar, pero en las grandes empresas ocurre una cosa. En ese tipo de empresas, donde tu puesto de trabajo esta asegurado, donde la gente tiene una media de edad de 50 años, donde ya no les importa un comino si trabajan o no, porque ya no van a ascender más, muchos trabajadores hacen lo mínimo e imprescindible para no ser sancionados. No hay ideas de mejoras, sólo un dejar pasar los años hasta la jubilación. Duele ver esto, y duele porque ese tipo de trabajadores son muy egoistas; con su dejadez y su poca eficacia están haciendo más difícil el trabajo a otros, que lo tienen que hacer por ellos. Un ejemplo: el sábado pasado tuve que ir a trabajar, así como estuve haciendo horas extras el viernes pasado y el anterior, porque debo ayudar a acabar unas tareas que otro debería haber hecho. No me ponen un puñal al pecho, pero a veces con leer entre lineas captas que tampoco es del todo voluntario.
    Día tras día busco una manera de racionalizar mi trabajo, de hacerlo de una manera más inteligente, de una manera más efectiva y ‘simple’. No hace falta hacer complicados gráficos para ver cuáles son las necesidades o cuáles no. Sólo hace falta observar y ‘conocer’ de qué va el trabajo. Pero a veces eso se olvida.
    Yo no necesito hacer unos preciosos gráficos en excel o unos diagramas impresionantes para saber que mi stock de piezas va bien o mal. Pero los jefes aman esos gráficos, esos colores, esas presentaciones tan maravillosas en powerpoint.
    Sería maravilloso saber en qué consiste mi trabajo. Quiero decir, tener un documento que diga las funciones de mi puesto, pero ni eso tengo. Pues, entre otras cosas, puedes saber si cuando te piden algo, te compete hacerlo, o por el contrario te puedes negar. Eso, en las pequeñas empresas a lo mejor no existe, pero en las grandes si. Además de unos preciosos trípticos con los ejercicios que debes hacer cada dos horas para relajar el cuello y la espalda porque trabajar con ordenadores en la oficina hace que duela la espalda. Y si un día me pongo a hacer los ejercicios las carcajadas de mis compañeros las oiríais. La ergonomía es como las meigas: todo el mundo ha oido hablar de ellas, pero nadie las ha visto.
    Me gusta vuestra revista. Me gustan las revistas que dan ideas para mejorar la vida, ya sea en una manera u en otra. Pues la sociedad actual nos condena a la cotidianidad y a ser rebaño en ocasiones, y se nos seca la cabeza y no nos damos cuenta de cómo mejorar nuestra pequeña existencia.

  • 2. Fernando  |  11 de septiembre de 2007 a las 14:51

    Completamente de acuerdo. Esta es la realidad empresarial que existe en España. No hago mas que leer tanto en vuestra revista como en otros medios similares, la importancia de motivar, retener al talento, favorecer el desarrollo personal-laboral-familiar, descubrir y potenciar facetas, etc y la que conclusión a la que llego es que a las empresas no les interesa para nada ésto, al menos en algunas de las que yo he recorrido.
    Le dan mas importancia al continente que al contenido.
    Son como un paquete de regalo. El continente; oficinas lujosas, sellos de acreditación de las normas de calidad, multitud de departamentos compuestos eso sí por una persona en algunos casos, y el contenido…..
    Profesionales jóvenes con ganas y entusiasmo que no dudan en poner toda la carne en el asador para intentar no defraudar a nadie y responder a las expectativas creadas.

    Por útlimo y por no desviarnos del tema, la corriente que existía en algunas de éstas empresas no era precisamente racionalizar, optimizar y controlar el tiempo, sino todo lo contrario. Se entraba cuando “Dios mandaba” y se salía cuando “Dios quería”.

    ¿Que logros obtienen éstas empresas?. Se convierten en “empresas trampolín”, después de subir varios tramos de escalera, ves la realidad y usas la tabla para dar el salto a otro sitio. (empresa).
    Si tu situación personal te lo permite, salta———-

  • 3. Javier Escudero  |  19 de noviembre de 2007 a las 17:16

    Yo digo lo mismo: ¡SALTA!
    Cuando alguien tiene cualidades para algo, si donde estás no saben apreciarlas, pues salta a otro sitio donde sí las valoren. El talento siempre es bienvenido. No lo dudes…

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