28/noviembre/2007

Despedirse uno mismo o la virtud de pedir

Ayer estuve en la presentación del libro ‘El despido interior’ de Lofti El-Ghandouri en Madrid. En su charla sobre el contenido, este canadiense de origen marroquí, planteó con claridad el proceso que siguen aquellas personas que deciden reducir su compromiso con la empresa donde trabajan. Por lo general, comienzan dando lo mejor de sí mismos, buscando una respuesta determinada de la empresa que por cualquier causa no reciben.

Entonces deciden ‘levantar el pedal’ y trabajar menos. ¿Qué ocurre cuando lo hacen? Nada. La empresa continúa su funcionamiento. La respuesta por parte de esta persona es alejarse más aún y el resultado final es la frustración personal y en muchos casos la salida de la empresa.

Muchas personas creen que son su empresa y/o su jefe quienes tienen que motivarles para dar lo mejor de sí mismas, cuando lo que de verdad funciona es que nazca del interior de nosotros mismos. Conozco muchas personas que plantean el ‘que se aguanten’, por no decir el ‘que se j…’ sin plantearse siquiera que el primer compromiso en con uno mismo. Si nos consideramos profesionales que ofrecen servicios a una empresa (en nómina o no), no hay ningún motivo válido para bajar la calidad de nuestro ‘producto’. Si nuestra empresa no nos aprecia, vendámosle nuestro servicio a la competencia, pero nunca rebajemos la calidad por culpa de nuestro ‘cliente’. Por pura dignidad profesional hay que dar siempre lo mejor.

Y si lo que ocurre es que queremos algo concreto (ascenso, estatus, reconocimiento, dinero) de nuestra empresa, utilicemos el mejor sistema que se ha inventado para conseguirlo: pedirlo. Si se produce el ‘no’ y no hay otra salida mejor, a venderse a otro lado.

A veces nos olvidamos de que por muy complejas que sean las relaciones laborales, están basadas en un principio básico: son un intercambio en el que la empresa aporta dinero y el empleado trabajo en unas condiciones marcadas casi siempre por la empresa. Si alguno de los dos no cumple, se rompe la baraja y punto.

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Publicado en la categoría: Alejandro Vesga

5 Comentarios Añade un comentario

  • 1. vnessa leon  |  29 de noviembre de 2007 a las 16:50

    hola

  • 2. ari  |  30 de noviembre de 2007 a las 10:57

    Muy buen post. Me ha gustado mucho. Es verdad, no tenemos porque bajar nuestro nivel, y desprestigiarnos. Simplemente, si no se dan las condiciones idóneas, buscarlas en otro sitio.

  • 3. Javier Donoso Pérez  |  10 de diciembre de 2007 a las 18:28

    De acuerdo en casi todo lo que dices. Ese debía ser el ideal que cumplieran todos los trabajadores. El problema es que para cumplirlo es necesario ser un profesional, lo que implica dedicarte a realizar tu trabajo con el máximo de calidad que tu formación y experiencia permite y dejar a un lado comportamientos ‘humanos’. Y no todo el mundo es profesional, ni puede dejar a un lado sus deseos de “revancha”, por haber participado en una relación desigual en la que considerá que aportó más de lo que recibió. Tampoco todo el mundo tiene la iniciativa o arrojo suficiente, unido a las condiciones sociales y de entorno ideales para decir que no a un sueldo fijo, aunque este ‘quemado’ para aventurarse en una nueva relación laboral. Ya sabes: más vale lo malo conocido … . Todo este proceder va en contra del trabajador, en detrimento de su salud, de su progresión profesional y de su posible mejora económica. Dicen que la suerte es de los que se arriesgan, pero creo que hace falta mucha formación de base (hablo de enseñanza pre-universitaria) para cambiar estos comportamientos. Cuidado también con las empresas que no tienen implementada como parte de su filosofía el retener a sus empleados (siempre que sea por reivindicaciones razonables). Todavía hay mucho empresario que sigue apostando por la alta rotación, bajo compromiso y bajo sueldo, lo que a la larga es peor para su negocio.

  • 4. elena  |  17 de diciembre de 2007 a las 1:25

    El libro citado en el post apareció en mi trabajo porque teníamos que hacer la imagen gráfica de una nueva línea editorial y nos trajeron libros de la competencia para “inspirarnos”.
    Casualmente, al cabo de una semana se produjo el famoso apagón de Fecsa en Barcelona. Sin ordenadores, lo único que pensé en hacer fue leer el libro.
    Gracias a ese libro tuve el coraje de dejar mi empleo después de 7 años de recibir como única respuesta a cualquier sugerencia para mejorar nuestro trabajo la palabra NO.
    Creo que esa es la diferencia: que ante las sugerencias de los empleados la única respuesta deje de ser “NO” (o el fatídico e incumplido “Ya lo pensaré”)
    Como trabajadora, sólo puedo decir que nunca pensé en trabajar peor a pesar de sentirme fuera de lugar.
    Claro, que tengo 40 años, soy mujer y mi medio es tecnológico, por lo que tras unas sonrisas de agradecimiento, mi antiguo jefe debió empezar a pensar en lo rentable que le saldría contratar a un joven de 20 años que cobrará la mitad o menos que yo, produciendo algo menos por falta de experiencia.
    Animo a quien tenga dudas sobre el frágil equilibrio entre la entrega que uno hace a su trabajo y el trato que recibe a cambio que lea ese libro y no tema marcharse de ese “trabajo” en el que jamás podrá crecer a todos los niveles. Afortunadamente, hay empresarios que escuchan a los trabajadores. Ojalá cada día haya más.

  • 5. Iñigolpe  |  8 de abril de 2008 a las 16:17

    Pues a mi me parece que la vida no esta para trabajar ya que las cosas mas bonitas estan fuera del trabajo. Y el que las encuentra dentro, me da pena.

    El trabajo es una esclavitud escondida, ni un minuto de mi vida vale el salario minimo aprobado.

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