Una industria en la que sí tenemos ventaja
Acostumbrados como estamos a figurar siempre a la cola de todo, sorprende escuchar a los profesionales de una industria en plena expansión (la de videojuegos) que España se encuentra en una posición privilegiada para crear proyectos en este mercado. Hay talento de sobra y poco a poco en nuestro país se ha ido creando una industria interesante.
El mercado del videojuego español vale actualmente mil millones de dólares y para este año se espera un crecimiento de dos dígitos (en 2010 su evolución fue más discreta, aumentó un 5%), según los datos del informe especial de DBK Videojuegos. Otro dato fundamental: por primera vez, este año el volumen de negocio del mercado de videojuegos ha superado al del cine.
Las oportunidades en este negocio vienen especialmente por los juegos para formatos móviles (ipad, iPhone, smartphones), que ahora mismo sólo representan un 15% del mercado y que con la popularización de estos dispositivos nadie puede dudar de que el segmento tiene todavía mucho desarrollo por delante. También hay oportunidades en los juegos corporativos y para las educación, dos subsegmentos que apenas acaban de despuntar. Y de cara al futuro, la publicidad en videojuegos, aunque es un formato en el que todavía no están confiando demasiado las empresas.
Quizás el hecho de que se trate de una industria en la que no se necesitan grandes inversiones haya jugado una baza importante en el desarrollo de este tipo de empresas en nuestro país. El problema es que ahora para triunfar en este negocio que se ha hecho tan competitivo ya no basta el talento de dos chavales que se juntan en una casa y ponen a trabajar su creatividad. Crear un vídeojuego cuesta en torno a 56 millones de euros, una cifra que puede poner en peligro a muchas firmas del sector, que destacan por ser fundamentalmente proyectos pequeños (el 80% de las empresas españolas de videojuegos tienen menos de veinte trabajadores).
Algunas universidades, como la Complutense de Madrid, ya se han apresurado a crear cursos en los que puedan formarse los futuros profesionales de este mercado. Sería una pena que estos jóvenes también tengan que emigrar fuera porque la industria desaparezca por falta de capital.
