23/agosto/2011

Comercio de (poca) proximidad

A las claras: que levante la mano quien no haya dicho alguna vez, hace poco además, que no piensa volver a determinada tienda, determinado comercio, por que nos han tratado mal. Parece mentira, pero en las circunstancias que vivimos, es todavía muy común que nos atiendan con desidia, con poca profesionalidad o, incluso, con falta de educación. Voy a contar un par de ‘anécdotas’ que he sufrido en mis propias carnes en los últimos días:

-La semana pasada fui con mis hijos pequeños, de tres y un año, respectivamente, a sacarles una foto de carné en un ‘Estudio de Fotografía’ que en realidad es la típica tienda de fotos de barrio. Al entrar vi que estaba la dependienta charlando con otra persona que parecía más bien amigo que cliente… No me dejó terminar la frase “vengo a sacar una foto de carné a los niños y luego…”. Luego nada. Me dijo que no podía atenderme porque estaba muy ocupada (charlando, creo). Ni siquiera me dejó explicar que quería sacarme una foto de estudio con los dos después y perdió un cliente que a primer bote yo no rechazaría en una tienda de fotos: adulto de mediana edad con dos bebés…

-Soy cliente habitual de una perfumería-droguería desde hace más de diez años. Cada vez que voy a comprar champú, el dependiente (el mismo de siempre) me pregunta para qué tipo de cabello. Yo siempre contesto lo mismo: “Para cabello escaso” (ver mi foto). Ni una mueca después de tanto tiempo… admito que el chiste es malo, pero podría decirme “para normal, ¿no?”.

-En mi calle hay tres panaderías prácticamente juntas. Cierran las tres en agosto. No soy capaz de entender por qué la que menos vende pierde la oportunidad de oro de ‘levantarles’ clientes a las otras dos durante sus vacaciones. Parece que el cuento de la cigarra y la hormiga se ha pasado definitivamente de moda…

-Otra con los bares. Alrededor de la oficina de mi mujer cierran todos los bares menos uno (al menos éste no es como los de las panaderías). El otro día comentó “Qué buena pinta tiene la tortilla” y el camarero ni siquiera le ofreció darle un pincho, y cobrarle por ello, claro.

Seguro que tú mismo tienes un buen montón de ejemplos parecidos.

Parece mentira, pero es verdad, que en momentos en los que baja el consumo y aumenta la competencia sea tan necesario mentalizarse de que hay que hacer eso, competir. Cuando tienes una ventaja debes explotarla, cuando tienes una desventaja tienes que equilibrarla y hacerla desaparecer y si las cosas se ponen feas tienes que apretar más, dar más a los clientes para conseguir más satisfacción y por consiguiente, más fidelidad.

Si tienes un pequeño comercio de proximidad, tienes que ser más próximo. Es de cajón.

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Publicado en la categoría: Alejandro Vesga

1 Comentario Añade un comentario

  • 1. Javier  |  23 de agosto de 2011 a las 23:41

    El problema es que el negocio no es suyo, y le importa tres pimientos quien va, los dependientes que cobran poco (o mucho para lo que hacen), creen que su puesto de trabajo va a estar ahí siempre y no lo cuidan.

    Según les entra por un oído les sale por el otro y sólo quieren salir a su hora y complicarse lo menos posible, les da igual. Es una pena.

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