21/diciembre/2011

La paradoja de Moravec

Tener o encontrar una idea de negocio es relativamente fácil. Otra cosa es dar forma a esa idea de negocio. Vamos, convertir la idea en negocio, que no es lo mismo. Muchos emprendedores se conforman con la idea. Y eso no vale. A veces, por muy llamativa que sea la idea, es mejor no emprender. Y si ya estás en marcha, retirarte a tiempo.

Este pasado fin de semana un amigo físico que tontea con la Inteligencia Artificial en su trabajo me habló de la paradoja de Moravec, que viene a decir que, en contra de lo que se piensa, el pensamiento razonado de los seres humanos es fácil de programar, mientras que las habilidades sensoriales y motoras no conscientes son verdaderamente complicadas, sino imposibles ahora mismo de reproducir con unos y ceros con éxito. Al menos esto es lo que entendí y me he acordado hoy de esta teoría al hacer mi repaso semanal por el ciberespacio a la caza y captura de ideas de negocio: una idea de negocio la puede tener cualquiera, pero darle forma requiere de algo más.

Me he encontrado esta mañana con un proyecto alojado en 500 start-ups, un acelerador de proyectos pintones (otra cosa es rentables… ejem… ejem…) estadounidense, Splittr, una plataforma de regalos en grupo dirigido a estudiantes con poquillo dinero en el bolsillo, que echa el cierre antes de quedarse sin dinero en caja.

El emprendedor al frente del ya extinto negocio explica su decisión alegando:

1. Las cifras de retención de usuarios dejaban bastante que desear.

2. Le había defraudado el sector de los regalos en grupo, que él creía potente.

3. (Y ahora viene lo que me interesa) Como todavía tienen dinero en caja, no quieren gastárselo en una idea que no va a ir adelante por el mercado y prefieren reinvertir el dinero en nuevo proyecto que ya tienen en la cabeza.

Me parece un acierto cerrar cuando todavía hay dinero y no hay deudas. Pero es que hay negocios que no deberían abrir. Creo que un proyecto más que en una servilleta de papel en un bar -habría que retar en duelo del Oeste a todos los emprendedores que insisten en la teoría de la servilleta-, tendría que estar escrito en un rollo de papel higiénico.

Es menos glamouroso, pero verdaderamente más práctico.

Y ese rollo de papel higiénico debería responder, como mínimo, a estas veinte preguntas (ojo, no lo digo yo, es un mix de buenas ideas que he ido recopilando de expertos durante mucho tiempo). Si alguna de tus respuestas cojea, no emprendas:

1. ¿Para quién estamos creando valor?

2. ¿Quiénes son nuestros clientes más importantes?

3. ¿Qué valor ofrecemos a los clientes?

4. ¿Cuál de los problemas de nuestro cliente estamos ayudando a resolver?

5. ¿Qué conjunto de productos y servicios ofrecemos a cada segmento de clientes?

6. ¿Qué necesidades del cliente satisfacemos?

7. ¿A través de qué canales prefieren interactuar los segmentos de clientes?

8.  ¿Cómo podremos aumentar la conciencia acerca de los productos y servicios de nuestra empresa?

9. ¿Cómo ayudaremos a los clientes para evaluar las propuestas de valor de nuestra organización?

(Ahora viene una tanda de regunta patrocinada por la teoría de las esquinas…)

10. ¿Cómo facilitamos a los clientes el comprar productos y servicios específicos?

11. ¿Cómo entregamos una propuesta de valor a los clientes?(Que no se te olvide la teoría de las esquinas…)

12. ¿Cómo podemos dar apoyo post-venta a los clientes? (Que no se te olvide la teoría de las esquinas…)

13. ¿Qué tipo de relación espera cada uno de nuestros segmentos de clientes que establezcamos y mantengamos con ellos?

14. ¿Cómo se integran con el resto de nuestro modelo de negocio?

15. ¿Cuánto cuestan?

16. ¿Por qué valor están realmente dispuestos a pagar nuestros clientes?

17. ¿Cómo pagan actualmente?

18. ¿Cómo preferirían pagar?

(Fin del patrocinio.)

19. ¿Cuánto preveo que va a aportar cada línea de ingresos a los ingresos totales?

20. ¿Qué recursos clave son necesarios para nuestras propuestas de valor?

Déjate de servilletas. Es es lo fácil. Coge el rollo de papel.

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Publicado en la categoría: Rafael Galán

1 Comentario Añade un comentario

  • 1. Ernesto G.M.  |  21 de diciembre de 2011 a las 17:41

    Muy buen post, pero no estoy del todo de acuerdo.
    En mi opinión el proceso que hay previo a lanzar cualquier idea, es importante, pero no fundamental.
    ¿Cuántas veces hemos escuchado esto de: “lo importante no es la idea, sino la ejecución”? No puedo estar más de acuerdo.

    He visto proyectos “de servilleta” ser éxitos rotundos y otros con planes de negocio del tamaño de las páginas amarillas, ser fracasos absolutos.
    La falta de un buen estudio previo al lanzamiento de un proyecto, puede llevarnos a improvisar más de lo que debido a la hora de implementar la idea. Problema.
    Pero, por otro lado, un plan de negocio excesivamente elaborado puede “encorsetar” demasiado el proyecto y hacerlo poco flexible a los cambios, que con seguridad necesitará (nadie acierta a la primera).

    Como en todo, la virtud está en el término medio. Y lo más importante, la ejecución. La mejor idea del mundo, con el mejor plan de negocio posible, no sirve de nada sin una correcta ejecución.

    Un saludo.

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