23/enero/2012

De intuición están los cementerios (de empresas) llenos

Recoge el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua que la percepción es “la sensación interior que resulta de una impresión material hecha en nuestros sentidos”. Y ¿a cuento de qué defino este concepto?

Pues la percepción es la que lleva a muchos emprendedores a lanzar su idea de negocio. Y no es una ‘percepción’ mía; es un dato constatado por los cientos de casos de emprendedores que me/nos llegan a la revista para que les saquemos en la sección de Emprendedores con Ingenio.

De poco sirve que insistamos hasta la saciedad de que siempre es mejor analizar el mercado al que nos vamos a dirigir antes de decidir si merece la pena o no emprender –y ese es otro tema que me gustaría analizar en otra ocasión–, porque me encuentro con muchos emprendedores que me/nos dicen que emprendieron después de tener una ‘sensación interior’ de que ‘eso’ que iban a vender (producto y/o servicio) tendría futuro. Y es cierto que en muchos casos esa percepción se materializa en un proyecto real con clientes y un mercado potencial, pero en otros no es así.

No tengo nada en contra de fiarse de las intuiciones o sensaciones que nuestra experiencia y/o formación nos llegan a aportar, pero basar solo en eso la decisión de que mi idea de negocio será viable –y eso es lo que en un principio debe convencernos para emprender– es muy arriesgado.

¿Por qué no, además de esa formación, experiencia y percepción sobre un determinado sector, recurrimos a estudiar con detenimiento, entre otros aspectos, si habrá clientes que estén dispuestos a pagar por nuestro producto y/o servicio?.

Y esa reflexión se puede/debe hacer desde el prisma de la experiencia en algo relacionado con tu futura actividad. ¡Cuántos emprendedores pensaron que lo ‘suyo’ iba a funcionar porque ‘conocían’ el sector y estaban convencidos sí o sí de que había un nicho de mercado sin más fundamento que su intuición!

La intuición está muy bien para el mundo de los negocios –seguro que muchos de vosotros tenéis muchas anécdotas en ese sentido–, pero no solo de la intuición viven los emprendedores.

 

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Publicado en la categoría: Emprendedores,Javier Escudero

1 Comentario Añade un comentario

  • 1. Jesús Candón  |  24 de enero de 2012 a las 10:27

    Estoy de acuerdo con lo que comentas, Javier. Cuando a la mera intuición le sucede el primer batacazo importante es la primera gran oportunidad para que el emprendedor conmience a forjarse realmente. Y no por el hecho de que se la haya pegado, sino porque se levante y sea capaz de aprender y hacer las cosas de forma diferente.

    Aunque confiemos ciegamente en nuestra intución, si vamos a ofrecer valor a alguien, como bien argumentas, siempre es preferible saber si existe ese alguien y si está dispuesto a pagar por lo que lo ofrecemos. Eso ahorra tiempo, dinero y disgustos, y para los más nuevos, te da tablas a la hora de tratar con posibles clientes.

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