26/enero/2012

Conocimiento de usar y tirar

Un buen amigo me comentó hace un tiempo su teoría sobre el daño que ha hecho Gillette a la Humanidad. Considera que el invento de la maquinilla de afeitar desechable ha tenido dos facetas muy distintas: la evidente (muy positiva) la mayor facilidad y comodidad en el afeitado; la perniciosa, la entrada como una exhalación en nuestras mentes del concepto ‘usar y tirar’. En poco tiempo, sigue argumentando mi amigo, ese concepto ha triunfado en toda clase de productos, hasta tal punto que se ha filtrado a la sociedad entera. Ahora son de usar y tirar los contratos, los trabajadores, los negocios, los amigos, las parejas… Prácticamente todo.

Yo prefiero no hacerle caso en su visión apocalíptica del mundo, aunque a veces no parece faltarle razón cuando dice que la única decisión verdaderamente irrevocable en la vida es la de a qué equipo de fútbol se sigue…

El martes pasado participé como presentador en el acto de entrega de la I Edición de los Premios Know Square en la que se galardonaron a los mejores libros de empresa del año y a la mejor trayectoria divulgativa. Charlando con uno de los editores que acudió a la gala, puso en valor la importancia de este certamen. Me dijo expresamente que era una iniciativa muy positiva por que así, entre los propios profesionales del sector de libros de empresa, se hacía una reflexión sobre lo publicado. Se daba uno cuenta del conocimiento desarrollado en el último año.

Un conocimiento, añadiría yo, que salvo en contadísimas excepciones permanece al alcance de nosotros muy poco tiempo. Los libros cada vez están menos tiempo a la vista y luego no hay un sistema eficiente para rescatarlos, ni para conseguirlos. No creo exagerado decir que si te despistas un par de meses o tres puedes no enterarte del lanzamiento de un éxito editorial. Así es de corta la vida de los libros …que funcionan. De los que no tienen mucha venta, mejor ni hablar.

Y claro que la edición de libros es una industria, regida por el mercado, por la competencia y por las exigencias de los distribuidores, que a su vez son también un negocio, distinto pero muy ligado al de la edición. En fin. No me meto con el capitalismo, al menos en este post.

En lo que sí creo que debemos pararnos a reflexionar es en la profundidad de los avances del conocimiento y en la capacidad que estamos teniendo de que esos avances calen en las empresas, la sociedad y cada uno de nosotros. La realidad es que el libro es todavía el principal soporte de las ideas profundas y complejas, del conocimiento en el más profundo sentido de la palabra. Una crisis en el negocio de los libros de empresa implica casi inmediata (e inevitablemente) en una crisis del propio conocimiento empresarial.

Eso es algo que no nos podemos permitir. Utilicemos las nuevas tecnologías para que los libros que no se ‘aguantan’ en las estanterías estén disponibles por otros medios, digitales o no.

Y también señalemos qué es lo mejor, qué libros son los que aportan más en términos de conocimiento y no necesariamente en el terreno comercial. Con esta producción tan intensiva y con una rotación tan grande hace buena falta separar el polvo de la paja; algo en lo que, por cierto, está trabajando muy bien Know Square.

 

 

 

 

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Publicado en la categoría: Alejandro Vesga

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