24/febrero/2012

Emprendedor es sinónimo de empresario, no te engañes

Por si alguien no te lo ha dicho: emprendedor es un sinónimo amable de empresario. La segunda palabra tiene connotaciones negativas, pero no nos engañemos es exactamente lo mismo. Cuánto más te engañes, peor te va a ir.

Me explico.

Me estoy leyendo El método lean startup. Su autor Eric Ries, que ha sido emprendedor antes que fraile, comenta que emprender es muy divertido, que es un proyecto ilusionante, que sí, que todo eso es verdad… pero que más te vale meterte en la mollera, fontanela mediante, que tienes que dirigir una empresa, que eso de tirar líneas de código está muy bien, pero que te toca mucho más. Ries lo explica, claro está, de forma más fina:

“Parece que va en contra de la intuición pensar que algo tan innovador y caótico como una startup pueda gestionarse o, para ser exactos, deba gestionarse. Lo que es realmente excitante en una startup es ver cómo tiene éxito”.

Y Ries dice también que:

“El espíritu emprendedor no es otra cosa que un tipo de management. Asociamos conceptos divergentes a estos dos conceptos: espíritu emprendedor y management. En el fondo, parece que una está de moda, es innovadora y excitante y la otra es aburrida, seria y sosa”.

La mayoría de los aspirantes a emprendedores con los que hablamos se obsesionan con tener una buena idea, cuando en realidad es lo de menos. Y no voy a hablar otra vez de la dictadura de la idea, que sé que me pongo muy pesado. Resulta que esa misma mayoría de aspirantes nos comentan que han visto tal o cual negocio y que quieren hacer lo mismo. La mayoría son negocios maduros en los que se podría entrar, a lo mejor, con una propuesta innovadora, pero:

1. No se les ocurre esa propuesta innovadora.

2. En el 99,9% de los casos no conocen el sector.

3. En lugar de esa idea de negocio tan llamativa, podrían desempeñar por su cuenta el mismo trabajo que desempeñan ahora mismo para la empresa para la que trabajan con muchas más garantías.

¿A santo de qué viene todo esto? Viene a santo de que se quieren meter en sectores que no conocen y en los que van a tener que lidiar:

1. Con clientes que no tienen ni idea de cómo son y a los que, en muchos casos, les va a resultar difícil acceder.

2. Con proveedores de los que nunca han oído hablar, así que la selección va a estar complicada.

3. Con stocks de productos que requieren inversiones interesantes.

Con esto quiero decir que desde el punto de vista de un emprendedor montar una tienda outlet de ventas privadas de cosmética de alta gama les suena a gloria, cuando desde el punto de vista de un empresario, resulta mucho más interesante dedicarte a a ofrecer el mismo servicio de calidad de una gran consultora un 20% más barato -tampoco mucho más que no es cuestión de precio–, pero lo que es más interesante, un 80% más rápido y sin rotación de plantilla de empleados quemados. Lo primero, lo reconozco, es más llamativo, pero lo segundo, además de mejor negocio a largo plazo, requiere una décima parte de inversión de la primera.

Ries dice otra cosa que me sirve para mi argumentación:

“Las historias de las revistas son mentira: el trabajo duro y la perseverancia no llevan al éxito. En revistas y periódicos, en las películas y en los incontables blogs, oíamos el mantra de los emprendedores con éxito: a través de la determinación, la brillantez, el momento justo, y, por encima de todo, un gran producto, puedes alcanzar la fama y la fortuna”.

Como se nota que Ries no lee Emprendedores… a saber qué leería este hombre. Pero tiene razón en que los medios contribuyen –¿contribuímos?– a dar muchas veces una visión distorsionada. Sí que creo que el trabajo duro y la perserverancia llevan al éxito, pero si los inviertes en el concepto adecuado.

Ya me contaréis.

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Publicado en la categoría: Rafael Galán

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