12/abril/2012

Absténganse de emprender

“Tiene tanto valor que se creen buenas empresas como que alguien a mitad de camino en el proceso de montar su empresa se dé cuenta de que su idea no tiene recorrido”.

Llevo tiempo dándole vueltas a esta frase que publicamos en la revista hace un par de meses.

Nos lo contaba Arístides Senra, responsable del programa de creación de empresas de la Universidad Politécnica de Madrid –un programa universitario del que salen empresas como Glottex–. Arístides argumentaba que es mejor dejarlo antes de empezar que cuando ya se tiene la empresa constituida –y se han invertido dinero, tiempo e ilusión propios y dinero, tiempo e ilusión de otros–.

Y tiene más razón que un Santo.

Saber dejarlo cuando una idea no va a ningún sitio es una habilidad que caracteriza a los buenos emprendedores –como, ojo, lo es también luchar a viento y marea cuando los demás te dicen que estás equivocado, pero no lo estás–. Las start-ups sobre las que lees en nuestra revista no son siempre la primera opción de sus emprendedores. Muchos de ellos, afortundamente, han dejado volar antes malas ideas. Y esto no lo decimos nosotros, sino que nos lo han contado ellos.

Ahora dirás que aunque una idea no tenga recorrido, el mero hecho de tratar de sacar una idea adelante, ya merece la pena, que si es como un máster. O que una mala idea bien ejecutada puede salir al mercado y tener éxito, que quién sabe.

A ver.

Lo que merece la pena es intentar sacar adelante una idea con posibilidades que puede funcionar o no. Una idea con posibilidades que luego se va a tener que enfrentar al mercado, que una vez en el mercado no va a tener otra que hacer ajustes –sofisticarse, modificarse, adaptarse-, que se va a tener que dar a conocer -y no siempre se va a contar con grandes presupuestos de marketing-, que va a tener que hacer frente a una gestión financiera, que va a tener competencia, que puede enfrentarse a una crisis sectorial, que puede enfrentarse a una crisis sectorial… Y que a pesar de ser buena puede que no funcione: una idea que sale al mercado antes de tiempo, pero que tiene valor; una buena idea mal ejecutada, que por ejemplo sale a través de un canal comercial equivocado; una buena idea de negocio que sale en una empresa infrafinanciada…

Dándole vueltas a todo esto, he recopilado -al más puro estilo Frankenstein–Igor– lo que nos han ido contando expertos en creación de empresas sobre qué tipo de personas no suelen convertirse en buenos emprendedores (ahí va un resumen de consejos que nos han dado expertos a lo largo de los años). Absténgase de emprender…

1. LOS QUE SIEMPRE ANDAN DICIENDO: “¿Y QUÉ TENGO QUE HACER AHORA?”

“Aquellas personas que no tienen iniciativa difícilmente dan buen lugar a buenos emprendedores. Las personas que necesitan una guía permanente, que haya alguien que les diga constantemente lo que tienen que hacer no son buenos emprendedores. Se sienten incómodos con la incertidumbre, y eso les impide ser emprendedores. Las personas que buscan seguridad todo el rato son malos emprendedores. El hecho de emprender está lleno de incertidumbres, riesgos, ambigüedades… Las personas que no aceptan el fracaso, que no están dispuestas a fracasar”.

2. ESE TIPO DE PERSONAS QUE SIEMPRE ACABAN UNA FRASE CON: “VAMOS, TÚ YA ME ENTIENDES”

“La gente que no es comunicativa, que no sabe transmitir las cosas. Cómo transmitir a los socios. Cómo transmitir a los empleados. Ya desde el principio, cuando tienes que pedir financiación, tienen que tener habilidades comunicativas, como tampoco funcionan las personas prepotentes”.

Y nosotros añadimos un tercer tipo:

3. LAS PERSONAS QUE NO SABEN ESTABLECER PRIORIDADES

En el fondo, saber soltar cuerda cuando algo no va a ningún sitio tiene que ver con saber elegir el camino correcto –como las abejas, esos simpáticos himenópteros que saben trazar el camino más eficiente para ir de flor en flor– y con establecer prioridades. Hace tiempo leí -y no recuerdo dónde, pero no me quiero atribuir el descubrimiento– el truco que utilizaba un business angel para invertir en un negocio. Cuando alguien le presentaba una idea y le gustaba, este tipo le envíaba un correo electrónico al emprendedor con una interminable batería de preguntas que tenía que responder inmediatamente para que se acelerara la inversión. En esa batería había preguntas importantes y preguntas trampa que obligaban al emprendedor a perder un tiempo valiosísimo buscando información que no servía para nada. Si el emprendedor respondía a todas las preguntas, el inversor… NO INVERTÍA. Y si respondía sólo a las importantes y dejaba el resto en blanco, les metía pelas. Vale, no deja de ser una anécdota, pero…

Hay un libro estupendo, que nadie ha editado en castellano (guiño, guiño), titulado The illusions of entrepreneurship, del economista Scott Shane, que… ahora que lo pienso me da para otro post, otro día.


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