23/abril/2012

Las locuras de Afflelou

He tenido la suerte de entrevistar cara a cara a Alain Afflelou, el óptico –como él recalca– que ha conseguido –lo lleva haciendo desde la década de los setenta, cuando empezó en este mercado– revolucionar un sector inmovilista, poco dado a la innovación en el plano comercial.

La entrevista completa la podréis leer en nuestro número 177, de junio de 2012, además de verla en un vídeo que colgaremos también en nuestra web. Pero os adelanto algunas de las píldoras que ‘el loco’ de Afflelou –como le conocían algunos por su espíritu creativo– nos dejó durante la conversación.

Con 23 años se atrevió a abrir su primera óptica en la cuna, por aquel entonces, del sector en Francia (en Burdeos). Años antes, nada más acabar sus estudios de optometría había tenido su primera experiencia profesional realizando prácticas en una pequeña y tradicional óptica de aquella ciudad francesa. Esa primera experiencia no fue del todo satisfactoria y acabó muy desencantado. Pero en lugar de tirar la toalla decidió emprender poniendo en marcha su óptica ideal, que en nada se parecía a lo que había en el mercado. Decidió entonces innovar y fue tachado como bicho raro por la vieja guardia del sector, que le auguraban un tremendo batacazo.

Años después de eso, cuenta con 1.100 ópticas, está presente en 9 países, da trabajo a 4.500 empleados y tiene unas ventas –en 2011– de 785 millones de euros. ¿La clave? Son muchas pequeñas estrategias, que resumidas en un sólo concepto, se llama innovación, algo tan sencillo y a la vez tan complejo. Como me contaba Afflelou: “Emprender es algo maravilloso. Emprender no es sólo abrir una óptica o hacer negocios, sino que hay que tener talento, hay que ser muy obstinado, tener mucho coraje y trabajar, trabajar y trabajar. Y después no hacer caso de muchas cosas que te dicen y te rodean”.

Ahí radica gran parte del éxito de este óptico, que hizo caso omiso a las críticas que provenían de sus propios colegas de profesión, que consideraban que las cosas tenían que seguir haciéndose de la misma forma, porque siempre se habían hecho así. Pero Afflelou estaba convencido de que las cosas se podían hacer de otra forma. Y cosas tan sencillas –a simple vista y con la perspectivas del tiempo– como hacer ofertas de 2×1 o hacer descuentos en un mercado que no estaba acostumbrado a esas estrategias fue lo que le hizo ganar mercado. Y luego todo lo demás vino solo…, bueno, es una forma de hablar, ya que cuando el negocio comenzó a funcionar –siete años después de abrir su primera tienda– le comenzaron a llegar propuestas de otros ópticos que veían en el concepto de Afflelou un modelo de negocio innovador, viable y rentable con el que había roto todas las reglas del juego.

En ese momento, 1979, ‘el loco de Afflelou’ decide que la mejor forma de dar respuesta a esos potenciales socios y de expandir su negocio es a través de la franquicia: “La franquicia ya existía en Europa y, sobre todo, en Francia, donde había muchas marcas franquiciadas –reconoce–. Y cuando ópticos independientes me pedían ayuda para aplicar mi modelo de negocio al suyo, vi que era, en sí misma, la definición del propio modelo de franquicia. He tenido mucha suerte de encontrar gente que me proponía franquiciar mi modelo de negocio. El crecimiento de la compañía a través de la franquicia no se puede decir que se ha hecho sólo, pero sí ha sido de forma natural. Para lo que quería hacer, la mejor forma era la franquicia, porque es una asociación entre dos empresas, el franquiciador y el franquiciado, y es un método por el que los dos ganan. Si eres bueno, el franquiciado trabaja bien. Y si el franquiciado trabaja bien, nosotros también ganamos”… palabra de Afflelou.

La entrevista merece la pena –sobre todo, por su predisposición a contestar abiertamente todas las preguntas que le hicimos sin ningún inconveniente, incluso una relacionada con la polémica de los guiñoles franceses y los deportistas españoles–. Alain Afflelou fue el único empresario francés que decidió retirar la publicidad de la cadena de televisión donde se emitía el programa en todos los países donde operan sus ópticas, a costa de ser vapuleado por ‘traidor’ por sus compatriotas. ¿Estrategia comercial o realmente se sentía molesto con la actitud del programa? Lo segundo, y lo argumenta.

Una última cosa nos dijo: “El emprendedor debe amar lo que hace, lo que quiere. La primera condición para triunfar en una empresa es amar lo que se hace y para ello hay que conocerlo. Nunca podría emprender en hostelería porque no es mi oficio. En la óptica, sí, porque es lo que me gusta hacer. Todos los días me preocupo por algún problema. Solo sabes que tu problema es pequeño cuando al día siguiente tienes otro problema más grande que hace que el del día anterior sea pequeño. No tengo miedo”. ¡Chapeau!

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Publicado en la categoría: Emprendedores,Javier Escudero

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