8/mayo/2012

Diferenciarse hasta que se acabe el pescado

Mi mujer dice que siempre pienso en el trabajo. Que cuando estamos paseando por la calle con los niños, en lugar de relajarme me paso el rato observando los negocios a nuestro alrededor, que si me fijo en que la tienda de frutos secos que hace esquina entre las calles Narvaez y Doctor Castelo en Madrid sigue abierta después de siete años… (¿cuántas pipas hay que vender para conseguirlo? ¿Tendrán bien ajustado el stock? ¿Estarán bien estudiados los productos que dejan más margen? ¿Habrán renegociado el alquiler del local?…) uff. Me parece que tiene razón.

Hace unas semanas estuve en Granada, invitado a dar una charla por la Fundación Banesto para el programa Yuzz de capacitación de jóvenes emprendedores. La charla acabó un poco tarde, el hotel estaba muy lejos de la ciudad y estaba dispuesto a irme triste y solo a la habitación sin callejear por una de las ciudades más bonitas del mundo hasta que uno de los asistentes se ofreció a llevarme al centro. ¡Como para decir que no!

Fuimos. Charlamos largo rato sobre su proyecto de negocio y sobre todas las ideas que había desechado hasta el momento, algunas francamente brillantes. Después de un par de tapas (a pachas, no se dejó invitar y yo tampoco) llegamos al bar ‘Los Diamantes’. Un establecimiento aparentemente normal, pero que a medida que mi acompañante me iba dando datos comenzó a activarme fuertemente el ‘gusanillo’ de analizar el negocio.

Me contó que es uno de los establecimientos de más éxito de la zona de tapas de Granada; algo verdaderamente difícil vista la enorme cantidad de bares y restaurantes que hay por allí. El secreto es sencillo y complejo al mismo tiempo: todo el mundo sabe que el pescado que sirven es muy bueno y es del día.

¿Cómo logran que todo el mundo opine eso? Obvio: con buena materia prima. ¿Y cómo saben todos los granadinos que el pescado es del día? El bar cierra cuando ha vendido todo el pescado. Si se acaba a las cuatro de la tarde, cierra. Si un día tiene que estar abierto hasta la una de la mañana para vender todo el pescado, se queda. El dueño lo dice y todos los clientes saben que es verdad.

¿Ingenioso? Al máximo. Diferenciarse en un mercado abarrotado es uno de los objetivos más complejos que puede plantearse cualquier empresa. Para eso la calidad y la atención al cliente suelen ser la piedra de toque (el precio es lo más fácil de copiar); pero si a esas dos características le añadimos una buena ración de imaginación, la ventaja puede ser decisiva.

Y en realidad depende sobre todo de que nos lo propongamos. Los alumnos de la sesión valoraron muy alto el turno de preguntas que tuvimos. Uno de ellos consiguió en exclusiva dos horas extras sólo por ofrecer una ventaja competitiva radical, pero para él sencilla de ofrecer: Granada es preciosa de noche.

Además, la tapa es un regalo, ¡Qué quede claro!

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Publicado en la categoría: Alejandro Vesga

1 Comentario Añade un comentario

  • 1. Joel Pinto  |  9 de mayo de 2012 a las 6:18

    Excelente artículo y excelente la propuesta de diferenciación del restaurant. Como para que la copiaran muchas empresas :-D

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