22/junio/2012

Emprender en mercados tecnológicos sin ser ingenieros

Hace ya unos años que venimos observando todo el equipo de la revista que los ingenieros se habían vuelto muy emprendedores. Entonces era una verdadera sorpresa, hoy se ha convertido en algo ya tan habitual que uno casi tiene la sensación de que si no eres ingeniero no puedes emprender en este país. No, al menos, si hablamos de negocios que marcan tendencias. Pero la percepción es, sólo, parcialmente cierta.
La mayoría de los proyectos sorprendentes que surgen con la crisis y que consiguen financiación en estos años de sequía financiera están liderados por ingenieros. O mejor dicho, cuentan en su equipo fundador con algún ingeniero. Pero hay también, casi siempre, gente de ADE o de económicas, bastantes de marketing, y expertos en distintas áreas que tengan que ver con la parte del mercado concreto al que se vaya a aplicar esa innovación, sea turismo, educación o artesanía.
Significa que estamos en un momento en el que los saberes de siempre siguen tan vigentes como antes, pero necesitan relacionarse con otros saberes u otras ciencias para hacernos avanzar, como sociedad, como país y como consumidores. Como individuos, en definitiva.
Lo curioso es que estamos en un momento tan nuevo, rápido e incierto, que este tipo de conocimiento “transversal” no forma parte casi de ningún plan de estudios universitario. Digo casi, porque sí me consta que algunas universidades han dejado atrás esa dicotomía entre lo que debe ser la enseñanza universitaria frente a la formación profesional por la que se defendía que la primera debe limitarse a formar mentes (simple y llanamente y olvidarse de la parte práctica). Ahora, digo, afortunadamente parece que se intenta buscar las dos cosas.
La primera vez que oí hablar de una formación transversal fue en la Universidad Europea de Madrid, hace tres años, precisamente porque iban a iniciar un plan de estudios en el que se tenía en cuenta esta nueva realidad. Su propósito era intercambiar experiencias entre los conocimientos de arte y la ciencia. Nada más y nada menos. Dos mundos aparentemente irreconciliables y opuestos. Pero sólo aparentemente. En los últimos años he visto artistas científicos como Ximo Lizana, a quien tuve el placer de conocer en Arco hace años, cuando sorprendió al mundo con sus esculturas de luz (en aquel momento su gran obra era un tiburón flotante que había vendido por cifras millonarias a varios museos de todo el mundo).
Pero sobre todo, veo, recientemente, y es el motivo de este post para un blog como es el de Emprendedores, muchos científicos que triunfan en negocios multidisciplinares en los que hay la ciencia para desarrollar productos innovadores a nivel internacional, y el arte de adaptar ese conocimiento a muchos campos (además del arte de conseguir financiación millonaria para llevarlos adelante).
Hablo de emprendedores como los fundadores de Arpa Solutions, una empresa de Málaga que está desarrollando proyectos en el campo de la realidad aumentada que se pueden aplicar a ámbitos tan irreconciliables como la publicidad y el marketing, los museos, el turismo o la industria. Y que tienen por clientes empresas de todo el mundo porque ellos, como ingenieros de telecomunicaciones que son la mayor parte de sus fundadores, están en la aventura de crear nuevos productos, lo que se traduce en que compiten casi a solas en España y con pocos players en el resto del mundo. Lo interesante es que uno de sus fundadores, Fátima Acién, me decía que otros emprendedores pueden aprovechar este campo casi virgen para intermediar con otros clientes con productos desarrollados por terceros. Vamos, que no hay que ser ingeniero para aprovechar todo el potencial que tiene este nuevo campo, sea como nuevos contenidos para hacer turismo (ver en un lugar antiguo cómo eran las ruinas o calles antiguas que ya no podemos ver en la realidad), para usos prácticos, como anticipar el resultado de proyectos reales de arquitectura puestos en el lugar para el que se han creado, o para aplicaciones más frívolas, como verse “puestos” productos que queremos comprar en un comercio, físico o virtual). Por cierto, una prueba científica de que realmente están haciendo algo importante: sus fundadores han conseguido líneas de financiación para seguir desarrollando su negocio por valor de casi un millón de euros.
Otro ejemplo para enmarcar en el campo de la transversalidad de saberes: la agencia de publicidad valenciana Monoagency, de las pioneras en crear nuevas campañas de branding a través del móvil. Campañas basadas en juegos y situaciones que combinan la realidad con lo virtual. Me contaba Alejandro Torrentí, uno de sus fundadores, que vieron la oportunidad porque se daban cuenta de que la mayoría de Apps que se están creando para las marcas no interesan al público en general. Que las marcas son muy egocéntricas y sólo hablan de sí mismas. Por poner un ejemplo, muchas crean apps para que los clientes tengan localizadas sus tiendas. Sin más. Torrentí me decía, y con toda la razón, que  el público ahora exige otro tipo de cosas, más directas, más divertidas y más útiles. Una nueva forma de hacer branding.
Sus campañas pasan por hacer que los consumidores potenciales de una marca tengan que estar en un lugar concreto para pasar niveles en videojuegos de marcas. Una de las campañas que les ha dado a conocer a nivel nacional ha sido la que han desarrollado con la marca de chuches Belros, y el juego Hungry Monster, que obligaba a los jugadores a pasar por una de sus tiendas para superar el último nivel. Me contó también otras campañas divertidas, como que los aficionados del Levante C.F. vayan sumando puntos cada vez que están en “su” estadio (algo que hace posible de una forma muy sencilla la geolocalización en el móvil) y puedan conseguir premios por su fidelidad. Campañas de publicidad basadas en la gamificación e ideadas por un equipo de 4 socios formado al 50% por expertos en videojuegos y profesionales del marketing.
Equipos donde los técnicos ponen su conocimiento para desarrollar productos que a niveles básicos se hacen desde casa (igual por eso emprenden tanto los ingenieros en estos momentos de crisis), que se buscan el complemento de otros profesionales para desarrollar el plan de empresa, captar clientes o diseñar estrategias en mercados internacionales. En definitiva, aunque no seas ingeniero, también puedes emprender en mercados tecnológicos.

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Publicado en la categoría: Emprendedores,Pilar Alcázar

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