27/junio/2012

Las barreras que nos autoimponemos

Uno de los muchos aspectos que analizan los emprendedores –o deberían analizar– son las ‘famosas’ barreras de entrada a su negocio. Es decir, las opciones que otros tienen para entrar en su mercado y arrebatarles parte del pastel. Soy de la idea –supongo que al igual que la gran mayoría– de que cuantas menores barreras de entrada tenga un mercado, más fácil será que tu negocio se llene de competidores. Por tanto, lo recomendable es que el mercado en el que entres tenga más barreras que una carrera de obstáculos. Aunque sobre esto se podría debatir largo y tendido.

El tema no es fácil y habría que analizarlo desde dos puntos de vista. Uno, desde las barreras que impone el propio mercado, es decir, aquellas que ya estaban antes de que tu proyecto llegará a él. Y otro sería desde el punto de vista de las barreras de entrada que impondrá tu proyecto –por su innovación– al resto de competidores una vez que entras en él.

Pero no voy abordar el tema desde ninguna de esas dos perspectivas. Sino que voy a añadir una tercera vía de análisis: las barreras de entrada que nosotros mismos nos imponemos como forma de autocastigo. Y me explico, porque esas barreras son –a simple vista– imperceptibles por nosotros mismos. Y vienen dadas por una falsa modestia, una excesiva vanidad o arrogancia acerca de las virtudes de nuestro proyecto. A nuestros ojos, nuestro proyecto es tan ‘bueno’ –impidiéndonos ver los defectos que tiene– que eso se convierte en una gran barrera, desconocida para nosotros, pero autoimpuesta.

Y de esos, hay muchos casos: desde el emprendedor que dice que no tiene competencia –este es un tema tan trillado que ni voy a comentarlo–, pasando por aquel que le echa la culpa a los clientes y al mercado de no entender las virtudes de su producto –tal vez, no se ha preocupado nunca de conocer las necesidades del mercado y de sus clientes–, hasta el emprendedor que se obceca en hacer su web ‘sólo’ en catalán, por ejemplo, –no pretendo crear polémica gratuita–, no digo ya además en castellano, sino, incluso, ni en inglés. Y de esas barreras autoimpuestas e invisibles a los ojos de un emprendedor hay cientos, tantas como proyectos deficientes.

Sería bueno que cada emprendedor reflexionara sobre cuáles son las barreras –además de las típicas del mercado– que autoimpone a su proyecto. Ese ejercicio de reflexión le será muy útil para conocer las virtudes y defectos de su negocio. Y si no se atreve a hacerlo o no se ve capacitado para ello que pida ayuda a un tercero para que le diga lo que no quiere oír. Ese ejercicio acabará ahorrando muchos disgustos, sobre todo, económicos y de tiempo.

¿Qué barreras de esta naturaleza has visto en tu proyecto?

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Publicado en la categoría: Emprendedores,Javier Escudero

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