Archivo de Julio, 2012

31/Julio/2012

Financia tu proyecto en Latinoamérica

Hablaba el otro día mi compañero Rafa sobre los emprendedores que se quejan de que no encuentran financiación para su negocio y se sorprenden de que los demás no crean en su proyecto cuando ellos no están dispuestos a arriesgar nada en él. Absolutamente de acuerdo. Si tú no estás dispuesto a apostar por tu idea, no puede sorprenderte que otros no lo hagan.

Hay que decir también que frente a estos emprendedores con poca iniciativa están los que se buscan la vida para encontrar el capital que les falta para impulsar sus negocios. En una España en crisis, lo habitual está siendo participar en concursos de ideas en las que apoyan negocios innovadores de todo tipo. Pero incluso cuando la idea puede merecer llevarse uno de los premios gordos, las dificultades siguen existiendo. ¿Qué hacer en esos casos?

Buscar la financiación fuera. En los últimos días me han llegado noticias de proyectos que lo han hecho y lo han conseguido. Una de ellas ha sido Blink, una aplicación para reservas de último minuto en hoteles de cuatro y cinco estrellas que ha recibido nada menos que 2,5 millones de dólares de fondos y business angels de Silicon Valley y Europa. Otra ha sido Cabify.com, otra app, en este caso para pedir coches de lujo desde el móvil. Sus fundadores también fueron a Estados Unidos a por la financiación que se les negaba en España.

Pero me parece mucho más interesante, si cabe, el caso de Xopso, una web de comercio electrónico basada en ofrecer un producto único diario, que han buscado la financiación en Latinoamérica, por la novedad que supone para lo que estamos acostumbrados a escuchar sobre la búsqueda de capital. Uno de sus fundadores, Hans Christ, me decía que “en Latinoamérica existe un gran interés por invertir en start ups. En países como México y Brasil resulta más fácil conseguir financiación que en Europa, debido a que muchos inversores están interessados en el crecimiento que están experimentando estos mercados”.

Su ejemplo me hizo darme cuenta de que a menudo vemos los mercados emergentes como lugares donde invertir y vender lo nuestro, y pocas veces como sitios en los que obtener recursos, mucho menos capital. Y es obvio que si son mercados que crecen, no es sólo porque haya consumidores que compran, sino también porque hay movimiento de todo tipo.

Teniendo en cuenta que además en Latinoamérica contamos con la ventaja del idioma, es obvio que es una alternativa que no debemos despreciar para lanzar nuestros proyectos.

Hans Christ me dio algunas pistas para facilitaros la tarea. Xopso ha sido financiado por INAGISA, un grupo empresarial fuerte en el sector del marketing en Centro América.
Además, compartió conmigo varias webs de concursos de startups y fondos en las que se puede intentar seguir sus pasos:

http://thenextweb.com/conference/latinamerica/startups

http://andesbeat.com/2012/05/29/riverwood-capital-launches-200000-startup-competition-and-challenge-in-latin-america/

http://mexican.vc/

Y hasta se ofrece a intercambiar consejos con quienes quieran buscar capital en Latinoamérica. Aquí os dejo su correo: latam@xopso.es

La crisis es lo que tiene. Impulsa el ingenio y la generosidad. No todo van a ser malas noticias. Desde aquí, ¡GRACIAS! y suerte!

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30/Julio/2012

Emprendelandia

Érase una vez una emprendedora que quiso que un periodista hablara sobre su proyecto de negocio…

¡Qué narices érase!

Me encontré hace unas semanas con una emprendedora que estaba buscando financiación para su ambiciosa, aunque, todo sea dicho, poco rentable, idea de negocio y que me soltó esto:

“Ah, y publica esto [a los periodistas nos da mucha rabia cuando nos dicen esto]: no se da dinero público a los emprendedores. Soy mujer, con menos de 35 años. Pues nada de dinero. Ni por ser mujer, ni por tener menos de 35 años”.

Tal cual me lo dijo.

Le pregunté que cuánto dinero ponía ella y me respondió que cero, que no tenía dinero, que por eso lo necesitaba. Buscaba que le financiaran el 100% de su idea. Una idea, además, ¿lo he dicho ya?, en la que la ambición era indirectamente proporcional a su rentabilidad. Me imagino que si hubiera querido ser bailarina, habría también querido que alguien le financiase su carrera -no iba a pagar ella la escuela de danza y mucho menos las zapatillas y el tutú-. No le dije que yo querría ser bailarín de claqué y que por qué no me lo financiaba el Gobierno -en lugar de pagarme yo las clases-, que le iba a dar muchas alegrías a los españoles con mi desparpajo, pero me contuve, que luego me meto en unos berenjenales de cuidado. Así que cerré el pico.

Este tipo de emprendedor es muy común en Emprendelandia, ese país de fábula habitado por personas que quieren ser emprendedores-como alguien puede querer ser actor- pero que no tienen dinero para arrancar y en lugar de reunir parte del dinero -no sé, trabajando y ahorrando- y luego, qué sé yo, recurriendo a algo taaaaan loco como un préstamo participativo (esto, para ese tipo de emprendedores, es un comentario irónico, que todo hay que decirlo), quieren recurrir a dinero de otros y que como lógicamente nadie se lo da, protestan, protestan y protestan.

Pero Emprendelandia está también habitada por otra especie (hay más todavía, pero las dejo para otros posts): los emprendedores tecnológicos con una buena idea que no verá la luz hasta dentro de diez años (si es que alguna vez ve la luz). Curiosamente el argumento de esta emprendedora para que le metieran pasta a ella era que:

“Eso sí, se le da dinero a empresas de tecnología que no van a ningún lado”.

Hace un par de semanas estuve hablando con business angels extranjeros del sector biotech -para que veas que me ponen más cosas que el apalancamiento financiero-. Me contaban que echan en falta propuestas de emprendedores con resultados a corto plazo -obviamente, dirás tú-. Me explicaban que el 99,9% -la cifra es de la Fundación Rafael Galán para el Desarrollo Emprendedor- de los proyectos que les llegan de emprendedores españoles, frente a emprendedores del resto del planeta Tierra y alguno que otro de Barsoom, quieren desarrollar productos para problemas actuales, pero que verán la luz dentro de… 12 años, como pronto. Y ellos sugieren a estos investigadores-emprendedores que busquen problemas que se puedan abordar en un plazo más real. En 2-3 años, como mucho. Aunque la empresa tarde un poco más en generar beneficios, pero que pueda salir a vender ya.

Si todas las empresas bio se centrasen en resolver grandes enfermedades en 20 años, ¿qué pasaría con las enfermedades menos mediáticas o con desarrollos biotecnológicos menos ambiciosos que se quedan por el camino -no sé, cáncer de próstata, por ejemplo-? El dinero público -sobre todo- y de los business angels -que ya se ocupan ellos de que sea así- debería dirigirse a estas empresas, no a las de 10-20 años vista.

El dinero de las de 200 años tiene que venir de otro sitio. Esa otra investigación claro que tiene que recibir dinero, por supuesto, pero a través de otros cauces, no a través de dinero para montar empresas que sobrevivan y mientras tanto garanticen puestos de trabajo y conocimiento a personas para que monten empresas, que a su vez creen puestos de trabajo y conocimiento…

Y si se va dar dinero a esas empresas de productos a largo, que, al menos, les exijan tener líneas de negocio paralelas que les permitan ganar dinero a corto para que vaya entrando dinero en sus cajas. Hay buenos ejemplos de este tipo de empresas, como Bioncotech, que tiene un producto propio que saben que va a tardar, y mientras tanto ofrecen servicios a otras empresas para ayudarles a desarrollar productos. Vamos, que no es una idea tan loca.

Yo sigo, erre que erre, en mi cruzada por la innovación útil.

Y ojalá fueran felices y ojalá consiguieran facturar lo suficiente como para comer perdices.

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27/Julio/2012

Oportunidades de negocio generadas por la crisis

Se dice siempre que en toda crisis hay una oportunidad y el particular momento en el que estamos inmersos no va a ser una excepción. ¿Que el Gobierno recorta 65.000 millones para reducir el déficit? Aumentan las oportunidades de negocio para empresas especializadas en ajuste de costes en todas las áreas (eficiencia energética, documentación, etc) y de las empresas especializadas en outsourcing. ¿Que en el último año aumenta un 7% el número de españoles que se ven obligados a marcharse fuera para encontrar trabajo? Empiezan a proliferar las empresas que ayudan a introducirse en otros mercados.

En los últimos meses me han llegado noticias concretamente de varias agencias surgidas para dar respuesta a esta triste necesidad. La primera de ellas es AUssieYouToo.com, una agencia que asesora a los españoles a introducirse en el mercado laboral australiano. Es una idea de dos catalanes que vieron la oportunidad en las dificultades que existen para trabajar o emprender en Australia. Ofrecen asesoramiento sobre formación y ayuda para encontrar un empleo y acompañan a los emigrantes en los primeros días de entrada en el país.

La segunda es idea de una alemana, que ha visto la oportunidad en la avalancha de españoles que sueñan con el dorado de su país. Se llama Studius.eu y ofrece ayuda para la entrada en Alemania y cursos de inmersión ligüística y cultural de 12 semanas en Bonn.

Lo que tienen en común estos dos proyectos, además de intentar cubrir una nueva necesidad, es que se han centrado en mercados deseados y complejos. El alemán por el idioma y porque se trata de un mercado muy competitivo, por la cantidad de españoles que intentan abrirse hueco allí y porque exigen profesionales muy cualificados. El segundo, por las barreras de entrada que siempre ha tenido, tanto para trabajar como para emprender (por ejemplo, para montar una empresa se necesita un socio local que avale el proyecto).

Puesto que la necesidad de salir fuera no va a remitir de la noche a la mañana y los españoles buscarán nuevos destinos a los que marcharse, a priori, parece que puede haber una oportunidad en otros muchos países con poco paro, sea por las dificultades del idioma (Noruega, Suecia, Finlandia, etc.) o por agilizar los trámites administrativos y de búsqueda de trabajos cualificados que pueda precisar la entrada en otros países cercanos lingüísticamente, como Chile, México, Colombia o Perú, donde también empiezan a demandar profesionales cualificados de todo tipo: ingenieros, profesores, abogados…

 

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25/Julio/2012

El estigma del autoempleo

No es nada destacable, y tampoco innovador, pero me gusta aprovechar las entrevistas que hago –a los expertos con los que hablo para escribir los reportajes– para preguntarles sobre el bien y el mal, sobre temas colaterales al mundo del emprendedurismo.

Una de las últimas entrevistas que he hecho ha sido o fue –porque he hecho muchas otras más después– con Javier Megías, que, para mí, es uno de los grandes estudiosos de modelos de negocio y uno de los mejores expertos en este tema y que tuve la suerte de conocer hace ya algún tiempo durante un iWeekend Castellón y desde entonces le tengo y le considero un referente en desarrollo de negocio y creación de valor.

Flores aparte –y por cierto no me llevo nada por esta publicidad–, mantuvimos una larga entrevista sobre el tema del dossier de nuestro próximo número de septiembre, el nº 180 (que os recomiendo no os perdáis). Al final de la entrevista hablamos sobre si las personas que ponen en marcha proyectos de autoempleo son o deben ser considerados emprendedores de pura cepa o son otra cosa, pero no emprendedores con pedigrí. Mi planteamiento inicial fue que se ha creado –tanto por parte de algunos medios de comunicación como de esa pléyade de pseudogurús que se han autoproclamado como los dioses con poder divino para decir qué o quiénes son emprendedores– una imagen de estigma de que si tu proyecto es de autoempleo, entonces no eres emprendedor.

A continuación destaco lo que respondió con gran acierto Javier Megías: “Lo que no tienes es una startup, que es aquello capaz de generar algo escalable. Pero decir que el autoempleo no es ser emprendedor me parece irresponsable y genera un estigma a los de autoempleo, que también son emprendedores”.

Megías considera que lo primero que debemos conseguir es crear un importante tejido de emprendedores que se han atrevido a montar negocios que son viables y, en ese sentido, “si han sido capaces de generar un modelo de negocio con el que obtienen un autoempleo de 2.000 o 3.000 euros, ¡enhorabuena!, porque están haciendo algo muy valioso para la sociedad. Están demostrando que se puede emprender. Y con eso, a largo plazo, se creará una red de emprendedores estables que han sido capaces de demostrar que tienen negocios que funcionan. Y sobre esa base, nacerán X startup geniales, escalables e invertibles. Pero que sin esa base, las otras no serían posibles”.

Megías subraya que hemos confundido a los emprendedores al decirles que hay dos modos de operar: “O creces un 400% o mueres, porque sino no vas a conseguir inversión. Y ese discurso erróneo acaba matando a muy buenas startups que podrían crecer, por ejemplo, un 30%. Y con ese mensaje catastrófico les estás obligando a que se dimensionen y acaben muriendo. Nos han vendido la imagen de que el emprendedor tiene que ser perseverante aunque se esté muriendo y eso es muy irresponsable”.

Totalmente de acuerdo. Y tu, ¿consideras que los que optan o acaban generando proyectos de autoempleo son también emprendedores?

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24/Julio/2012

Que ningún inversor meta las narices en tu negocio

Para montar un negocio hay que contar con capital y, a veces, muchas veces, el emprendedor no cuenta con el suficiente para desarrollarlo íntegramente. Un debate que se se suscita a menudo es: ¿qué es mejor: un crédito bancario o acudir a inversores privados (business angels, capital riesgo…?

Ambas fórmulas tienen sus ventajas y sus inconvenientes, y según el perfil del emprendedor y del negocio puede ser más acertado recurrir a una fórmula y otra. Hay algunos emprendedores que prefieren recurrir a un business angel, ya que no sólo pone la pasta, sino que también en muchos casos te asesoran, te orientan y hasta, con su gran experiencia, te definen bien el posicionamiento si no lo tienes del todo claro.

Sin embargo, hay otros emprendedores que sólo precisan el dinero para empezar a funcionar (pagar el alquiler del local, el salario del primer empleado y todas estas cositas). Que lo del asesoramiento, la orientación y la definición del posicionamiento ya lo hacen ellos porque, al fin y al cabo, la idea es de ellos y nadie de fuera les va a decir a estas alturas por dónde deben tirar. Que para eso se han tirado muchísimas horas rumiando su proyecto, haciendo sus estudios, sus pruebas pilotos o han trabajado mucho tiempo en un sector y conocen muy bien las oportunidades que encierra. Y que por qué vas a dejar a alguien que modifique tu idea de negocio, si no tiene ni tu experiencia ni tus ganas de emprender, y sólo porque pone la pasta.

Así es como piensan muchos emprendedores. A éstos la fórmula del muy tradicional crédito bancario les es mucho más cómoda porque sólo tienen que preocuparse de devolver el capital prestado con sus intereses correspondientes. Que no es poco, máxime con la dificultad existente en estos momentos para obtener un crédito del banco. Es difícil, pero no imposible, como lo demuestra el puñado de valerosos emprendedores a los que dedicamos un reportaje en el número de agosto de Emprendedores. Algunas de las enseñanzas que podemos obtener de ellos son:

Tienes que asumir riesgos. “No debes ir a pedir algo si no estás dispuesto a avalarlo ni a asumir ningún riesgo o si no quieres poner un euro. Si tú no crees en tu proyecto, el banco tampoco”, afirma Miguel Portillo, responsable operativo de Pixelnews.

Esfuérzate por transmitir ilusión. Óscar García, CEO de Busining Espacio de Negocios, señala que “los directores de sucursal suelen ser muy receptivos, pero al final los que tienen el poder de decisión son los departamentos de riesgos, que no ven el negocio porque no lo tocan. Sólo analizan papel. Y se tienen que creer tus previsiones financieras. Es complicado que entiendan tu proyecto porque no les llega tu ilusión”.

Recurre a los contactos. Baldomero López-Mezquita, gerente de Idento, explica que “a la hora de hablar con los bancos, es importante conocer a alguna persona de dentro, aunque sea un amigo personal. Es importante que haya alguien que conozca tu empresa, a quien hayas podido explicar en qué consiste tu negocio y que crea en tu idea y en ti. Si no pasas ese filtro, es más difícil”.

No te limites a tu banco de siempre. “Al principio, pecamos yendo exclusivamente a nuestro banco, con el que gestionábamos todo. No hay que quedarse ahí. A esta entidad hay que visitarla de las primeras, pero a la vez que vas a otras. Es como el póker. Si dices que hay otros bancos compitiendo, se despierta un poco de ‘hormigueo’. Hay que hacer un poco de mercader”, comenta Jesús Bayego, cofundador de La Natural.

Apela a la fidelidad. Mundopan acudió directamente a una entidad con la que ha trabajado desde sus comienzos. “Ellos nos conocen desde que empezamos. Ven realmente las personas que hay detrás, cómo se lleva el mando del negocio. Conocen la evolución de la empresa, como hemos ido creciendo hasta expandirnos primero por Madrid y luego en el resto de España. Saben que todos los meses tenemos unos compromisos de pago que llevamos al día, que tenemos un préstamo anterior y ya lo hemos amortizado e incluso hemos adelantado la amortización… Ya nos conocen como personas y como clientes. No nos hizo falta acudir a otras entidades”, explica Roberto Pomeda, cofundador de Mundopán.

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23/Julio/2012

Einstein y el apalancamiento financiero

A pesar de las fechas, armado de un abanico de plumas color marfil con barillas de plástico que encontré el otro día tirado en un cubo de basura -bueno, vale, está más bien pardo, tirando a grisaceo-, estoy trabajando en un reportaje sobre, tachán, tachán, estrategias para gestionar mejor tus flujos de caja… vamos, un tema muy veraniego. Sí, por si te lo preguntabas, me gusta el mambo. A mi, me hablan de apalancamiento financiero y me suben unos calores… que, claro, necesito un abanico.

El caso es que ya que estoy sumergido en temas tan apasionantes, he pensado: ¿por qué no sumergir también a los sufridos lectores de este blog y generar algo de polémica entre los que no os hayáis ido de vacaciones? Tenía también a mano el tema de los dueños de perros que no recogen los excrementos de los perros, pero… ufff, ahí uno sabe cómo empieza, pero no cómo acaba la polémica -bueno, sí, todos calentitnos y sin que nadie recoja los excrementos-.

Hasta ahora estaba más que convencido de que si te disponías a poner en marcha un negocio lo mejor era no pedir (al menos, no tener que…) dinero a nadie. Al menos eso era lo que le había entendido a todos los expertos que había entrevistado hasta ahora. Así que hasta ahora, tenía entendido que si alguna vez llegaba a tener, no sé, por ejemplo, 100.000 euros para un proyecto, era mejor que palmase yo esa pasta antes que pedir dinero a un banco o a un socio capitalista. Pero ahora resulta que me encuentro con que esa afirmación tan contundente, tan wagneriana, so mächtig, dass Aussage, pues que no está tan clara. Que no pasa nada, si te salen las cuentas, por poner un 40% propio y pedir el resto a un banco o a una firma de capital público.

Vamos, que me pasaba como al FBI con Albert Einstein cuando el Gobierno de Estados Unidos le propuso sumarse al Proyecto Manhattan: que me escamaba. Pero, al final, como el FBI, resulta que estaba equivocado: ni Einstein era un espía alemán, ni contar sólo con recursos propios es la panacea.

Yo os cuento lo que me han explicado y vosotros me decís si estáis de acuerdo o no. Un experto me ha contado, abanicazo va, abanicazo viene, esto:

“Una empresa, está claro, se pone en marcha para ganar dinero. Un emprendedor va a procurar ganar el mayor dinero posible, poniendo el menor dinero posible –o porque no lo tiene o porque lo puede/quiere dedicar a otros fines–. Por lo tanto, espontáneamente, le viene bien dinero de otros… Le interesa, por tanto, el apalancamiento financiero. ¿Cuál es el límite del apalancamiento? Si la rentabilidad de tu negocio es superior al coste del apalancamiento, entonces te interesa”.

Es una regla sencilla, vale; pero, claro, hay que saberla medir. Básicamente, porque el coste de los recursos ajenos habitualmente no es único y tienes que calcular un coste medio ponderado, según las distintas fuentes de financiación que tengas. Puedes tener una línea de crédito con el banco, un préstamo de proveedores, un factoring, deuda a corto, deuda a largo… y cada una de estas fuentes tiene sus condiciones. Y tienes que analizarlo bien, porque si no te salen las cuentas, no te merece la pena apalancarte, por mucho que te ayude a arrancar con tu negocio.

Otro experto añadía esto otro, entre granizado de sangría-él– y granizado de limón -no bebo cuando estoy de servicio, además de que me baja la tensión-:

“Las empresas que no se endeudan son empresas que tienen un coste de oportunidad de crecimiento. También es una opción perfectamente respetable. Pero si tú tienes una rentabilidad superior al coste del dinero en el mercado, tienes que saber que si no te endeudas, puede ser porque no te interesa, porque decides no hacerlo… y si lo haces pudiendo necesitar dinero que no tienes, estás renunciando a crecimiento. Y ese es un mensaje que también merece la pena tener en cuenta. Es una política conservadora, que en tiempos malos se demuestra buena, pero en tiempos de bonanza te puede llevar a perder capacidad competitiva respecto a otras empresas”.

Como no es lo mismo arrancar un negocio, que gestionar uno ya en marcha, se me ocurrió plantear -para que Walter Burns se sienta orgulloso de mi- la siguiente duda que sobrevuela las cabezas de muchos emprendedores que van a arrancar: Si tengo el dinero que necesito para montar el negocio, ¿tiro sólo de recursos propios, como le he oído decir alguna vez a ese inconsciente periodista, o busco también recursos ajenos? Esto es lo que me respondieron:

Uno dijo:

“Yo echaría números, y según las previsiones de rentabilidad y en función del resultado evaluaría si puedo retribuir a un financiador externo. Siempre pensando en deuda. Si puedo hacer frente a un crédito o un préstamo participativo, iría. Y me dejaría mi dinero como recurso de última instancia en el caso de que hiciera falta una aportación adicional. Uno de los problemas que les ocurren a los emprendedores es que aplican gran parte de los recursos que tienen en la puesta en marcha del proyecto y cuando están asfixiados en tesorería es cuando ya no pueden poner el dinero para comercializar el proyecto, con lo que se estrangulan ellos mismos. La escasez de recursos en la fase de puesta en escena siempre va a afectar a la política comercial, a los gastos comerciales. Y esos gastos comerciales van a condicionar la entrada en el mercado, y eso va a condicionar la entrada en el proyecto”.

Vamos, que no te la juegas en una primera ronda de financiación, ¿no es eso?

Y otro:

“Si puedes pagar deuda, búscala. Mantén un remanente para imprevistos, porque puedes tener problemas de circulante más adelante. Es mejor poner dinero tuyo porque si ya has agotado tu capacidad de endeudamiento previa no te van a dar dinero. Recomendaría echar números y ver relación entre ROI esperado y coste del dinero.

Y pregunté también qué pasaba si en lugar de pedirle pasta al banco -más reacio a dártela cuando arrancas, pero que tampoco hay que descartar-, se la pedías a un socio capitalista -igual de reacio, pero con mejor prensa-, a lo que me respondió otro experto:

“Es distinto tener deuda que tener socios. Un socio que no forme parte del núcleo promotor puede ser una persona que pueda llegar a influir, que puede llegar a distorsionar el modelo de negocio que quiere implantar el equipo promotor. No es lo mismo la deuda que el capital. En ese segundo caso, pondría más dinero mío que admitir a otro socio. Y siempre guardaría dinero mío por si la empresa va luego mal. Hay que distinguir entre la economía de la empresa de la economía personal.

Concluyendo: que ya no tengo tan claro que haya palmar la pasta propia.

Como decía el bueno de Churchill, “una buena conversación debe agotar el tema, no a sus interlocutores”, así que lo dejo aquí.

¿Qué opináis vosotros? ¿Cuál es vuestra experiencia? Venga, animaros.

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20/Julio/2012

Buscar trabajo con un vídeoclip casero y… ¡mucho humor!

Hace unas semanas publiqué un post en el que hablaba del vídeo en el que Abraham Sevilla ponía en venta su casa y la presentaba, mediante una canción, a sus potenciales compradores.

 

La fórmula parece que ha cuajado y empieza a aplicarse a otras utilidades como son la búsqueda de empleo. Un lector me envía esta vez un vídeo en el que un creativo publicitario busca empleo. Dicho así, tampoco parece nada novedosa dado que la fórmula del videocurrículum hace ya algún tiempo que se lleva utilizando.

 

Pero este caso es diferente debido al original planteamiento elegido para este vídeo. Porque no es el candidato el que aparece en la grabación hablando sobre su formación, su experiencia, sus cualidades profesionales, etc., sino… ¡sus abuelos!

 

El autor de la iniciativa se llama David Heredia y ha colgado el vídeo en Youtube. Los abuelos, como no podía ser de otra manera, hablan maravillas del nieto. Anécdotas que han vivido juntos, cualidades humanas y ruegan a quien quiera oírles que le den un puesto de creativo publicitario, “o como se llame aquello en lo que quiere trabajar”.

 

Una idea simpática con la que David ha conseguido destacar.

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18/Julio/2012

Tres ideas clave para ganar un mundial (de startups)

Ganar un concurso internacional de startups coloca a cualquier empresa en el punto de mira de inversores y grandes clientes. Eso lo saben hasta los niños. Pero, ¿qué tienen en común los proyectos que consiguen hacerse con los galardones más prestigiosos? ¿Una idea súper innovadora? Pues no. Los proyectos que ganan son los que están bien definidos como modelo de negocio para conseguir rentabilidad. Aunque sean más bien clásicos.

Esta es una idea que ya he escuchado muchas veces en las escuelas de negocios en las que emprendedores premiados han dado consejos al respecto a otros aspirantes a premios. Pero como el cerebro es traicionero, a menudo seguimos manteniendo esquemas mentales sobre ideas preconcebidas que nos cuesta cambiar.

Hagamos una prueba. Si os digo que una startup española ha ganado el primer premio de uno de los concursos internacionales más prestigiosos del mercado de videojuegos, ¿qué es lo primero que queréis saber? ¿Cómo consigue rentabilizar el juego? ¿En qué mercados se mueve? ¿Si adapta los juegos a mercados locales? Pongo la mano en el fuego a que la mayoría no os habéis hecho todas estas preguntas (yo misma tampoco me las hice, aunque me sé la teoría del porqué se ganan los concursos de memorieta).

Pues resulta que la respuesta a todas estas preguntas es justo lo que ha convertido a la española Akamon Entertainment en la ganadora del primer premio Who´s Got Game, en uno de los principales puntos de encuentro de esta industria.

Y resulta que lo que ha valorado el jurado para dar este premio a la única finalista no americana ha sido su “capacidad para identificar mercados sin explotar, de innovar en la distribución, su disciplina para atacar las oportunidades y buena ejecución”. Ah, ¿que de qué van sus videojuegos? Que es la pregunta que te estás haciendo desde hace mucho. Pues resulta que no son videojuegos súper modernos. Todo lo contrario. Se han especializado en la adaptación de juegos clásicos a nuevos canales: Tute, Ruleta, Parchís, Póker o Dominó, que los jugadores comparten en las redes desde distintas plataformas.

¿Qué podemos aprender de ellos si vamos a presentar un proyecto a un concurso de ideas? Primero, no buscar ideas raras, lo clásico siempre está vigente si se sabe reinventar. Segundo, adaptar los productos a los mercados locales, aunque sean productos para Internet (es otra de las patas de su éxito). Y tercero, buscar oportunidades donde haya menos oferta (léase competencia), por aquello de que más vale ser cabeza de ratón que cola de león, ¿no?

Tener estas ideas tan claras y no desviarse de su objetivo es lo que ha colocado a esta pyme española, que apenas tiene un año de vida, entre los grandes actores de este negocio. El premio permite a Akamon entrar en la aceleradora de empresas de juegos más reconocida de Silicon Valley y la sitúa en una posición privilegiada “para convertirse en un gran actor de un mercado con barreras de entrada importantes”, como señaló el jurado. Pues eso, que merece la pena jugar, pero mejor tener las reglas claras de cómo funcionan estos certámenes.

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