Archivo de agosto, 2012

31/agosto/2012

Vender online sin invertir en infraestructura

En una entrevista con Ulric Jerome, CEO de Pixmania, me contaba que a través de su servicio Pixmani Pro cualquier persona sin ninguna infraestructura logística ni de stock puede vender online los productos que este grupo francés tiene en su cartera.

Te creas una página web con un nombre propio para tu comercio, pones el precio que quieras y todo lo demás lo hacen ellos: el proceso del pedido, el sistema de pago, el envío, se realiza a través de los servicios de Pixmanía. A cambio, el comercio paga una comisión a su grupo. Son revendedores de sus productos, que lógicamente venden a un precio más alto, pero no tienen que arriesgar absolutamente nada.

La idea me parece revolucionaria. Poner a vender a otros tus propios productos para aumentar las ventas. No son competidores, son partners. Ellos no arriesgan pero se llevan una parte del beneficio por el trabajo de marketing online que realizan para atraer clientes. Que no es poco. Vender a un precio superior en tu propia web con una marca con menos peso que otra como Pixmanía no debe ser fácil. Esta realidad es la que tranquiliza mi pequeño corazoncito de cliente de tiendas online cuando pienso en esta forma de vender: bueno, no se lo llevan por “la patilla”. Si son capaces de generar confianza y atraer clientes vendiendo con un precio más caro lo que se consigue más barato en otro sitio, touché. Nada que objetar. El mercado es libre y la decisión de compra del consumidor también.

Ulric Jerome tiene una forma de entender el comercio online que rompe muchos esquemas. Como el Dyc, para gente sin complejos.

1.- Ha transformado una tienda especializada en productos de electrónica a precio bajo en una megatienda con más de 30 categorías de productos; dice que en su web cabe todo, incluso los productos de lujo, un suculento mercado en el que ya ha entrado a través de su propia marca de joyería de lujo a buen precio: Rose&Kara.

2.- Cambió un comercio enfocado al consumidor final en una web donde las empresas pueden hacer negocios: además del servicio Pixmania Pro que hemos comentado, a través de su plataforma PIXplace, cualquiera puede ofrecer sus propios productos a través de la web de Pixmania. De esta forma consiguen ampliar su cartera de productos, atraer más clientes a su web y mejorar su facturación. Otra decisión acertada, si tenemos en cuenta que estos servicios reportan a la compañía un 20% de sus ingresos. Y hablamos de una facturación de 900 millones de euros.

3.- Es la única web que ha pasado de competir en el entorno online a hacerlo también con tiendas físicas. Sin duda, esta es la decisión más arriesgada, porque mantener el margen de beneficio de un comercio online basado en bajo precio vendiendo tus productos al mismo precio que en la web no es nada fácil. Pero él lo tiene clarísimo: “El negocio del comercio online apenas representa un 15% del total del comercio, ¿por qué no atacar al mercado más grande si los que estaban en el mercado tradicional han entrado en Internet?”

Que el futuro del ecommerce pasa por combinar lo físico y lo online no tengo ninguna duda. Mucho más en España. Los españoles preferimos salir de tiendas. Por eso, estamos muy por debajo de las compras online que el resto de nuestros vecinos europeos, donde la venta online representa un 8% del comercio total.

Jerome lo tiene tan claro que en cinco años aspira a equilibrar sus ventas y conseguir un 50% de ventas en el canal offline. Un objetivo ambicioso y difícil, pero, dice, “es posible”. Y eso lo dice alguien que ha hecho crecer la facturación del Grupo Pixmanía en un 49% en los últimos cinco años (los de la crisis).

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22/agosto/2012

¡Emprendedores más inteligentes en sólo una semana!

Hace unos años, allá por el frío mes de marzo de 2006, la televisión pública británica, también conocida como la bebecé, hizo un mediático experimento en forma de programa televisivo con ínfulas científicas. Propuso sencillos ejercicios mentales a un grupo de concursantes (quince seres humanos) con el objetivo de convertirles en personas más inteligentes al cabo de una semana. No es que pretendieran que pasaran de ser un rafaelgalán cualquiera a convertirse en un miembro de pleno derecho de Mensa (lo que ya os digo que es imposible, y mira que lo he intentado), sino que buscaban demostrar que algunos ejercicios podían conseguir espabilar nuestros infrautilizados cerebros.

El programa, al que bautizaron como ‘Házte más inteligente en una semana’, que suena a pierde ’10 kilos en una semana’, demostró que se podía espabilar un 40% a nuestro cerebro en una semana. Vamos que podíamos ser un 40% más inteligentes en siete días. Los quince concursantes mejoraron su inteligencia -medida en respuestas a un test-tipo para medir el coeficiente intelectual, que es la única manera de medir estas cosas, salvo que estas cosas midan la capacidad para resolver tests y no la inteligencia… uy, que me lío-. El caso es que catorce tuvieron un resultado un 40% mejor en este test. Y uno, sólo un 20%. El del 20%, explicaron los responsables del programa, no mejoró tanto como sus compañeros porque por las noches no supo renunciar a varias pintas de cerveza negrísima y fresquísima (y no le culpo).

No os penséis que eran unos ejercicios sesudos. Una buena parte de esos ejercicios consistía únicamente en cambiar muchas de nuestras rutinas -algo tan sencillo como cepillarnos los dientes por la noche con una mano diferente a la que utilizamos habitualmente para evitar endodoncias innecesarias- y otra en recuperar la memoria que hemos perdido gracias a los dispositivos móviles -otro de los ejercicios consistía en memorizar números de teléfono-. Otros consistían en jugar al Scrabble -la versión actualizada sería darle a base de bien al Apalabrados- una vez al día.

El programa de TV proponía el siguiente calendario de actividades:

Sábado

“Lávate los dientes con una mano diferente y dúchate con los ojos cerrados”.

Domingo

“Haz un Sudoku (por aquel entonces estaban de moda) y dar un paseo”.

Lunes

“Cena pescado por la noche y evitar ir al trabajo en coche: anda, coge el autobús o ve en bicicleta”.

Martes

“Elige una palabra al azar en el diccionario que desconozcas y trata de meterla (con calzador) en todas las conversaciones que puedas”.

Miércoles

“Haz Yoga o pilates y trata de mantener una conversación larga con alguien a quien no conozcas”.

Jueves

“Cambia el recorrido que haces para ir al trabajo y por la noche juega al Scrabble”.

Viernes

“Memoriza tu siguiente lista de la compra. No tomes ni cafeína ni alcohol”.

Ahora que andas echando cuentas para esa idea de negocio que te ronda la cabeza, se me ha ocurrido recuperar esto y hacer un plan para mejorar tu inteligencia y tu planificación financiera, al mismo tiempo, en sólo una semana (para que luego no haya dudas entre aquellos que no perciben la ironía, esto va con ironía).

Durante la ola de calor, ya lo he contado, he tenido la temeridad de preparar un temita de financiación pensando en lo que mi compañero Javier Escudero ha bautizado como pre-emprendedores. Para este reportaje, entre otros expertos, he entrevistado a Dionisio Txaparro, de la sociedad de garantía recíproca Oinarri. Básicamente lo que quería preguntarle es con qué tipo de proyectos se encuentran y con qué tipo de planificación financiera arrancan los emprendedores. Txparro me contaba esto:

“En la mayoría de los casos se preocupan por tener la financiación para activos fijos –acondicionamiento, equipos, maquinaria…– y se olvidan del circulante. En el mejor de los casos, te encuentras con que han planificado muy bien financieramente lo que son sus inversiones a largo plazo, pero lo que son las necesidades de circulante de la empresa no lo planifican. No tienen en cuenta, los plazos de arranque. Todo el mundo cuenta con estar facturando en porcentajes altos el primer mes. No tienen en cuenta los periodos de cobro de los clientes. Un cliente que te pague a 30 días ya es un chollo hoy en día. Y si trabajas para grandes empresas…”.

Y con este párrafo justifico mi experimento y doy por inaugurado este pantano. Y como Txaparro me dio muy buenas ideas que me van a ayudar en este empeño, yo mezclo, entrecomillo y Santas Pascuas.

Os propongo el siguiente calendario tuneado de actividades:

Sábado

Lávate los dientes con una mano (tuya, no vale la de otra persona) diferente, o sujeta el cepillo con las dos manos y dúchate con los ojos cerrados (pero cuando entres y salgas de la ducha, ábrelos). Luego dedica un rato a pensar en que “necesitas la financiación adecuada en cuantía y plazo. En el plazo suficiente como para que no te ahoges a los seis meses o al año, devolviendo esa financiación. Y en la cuantía suficiente como para poder desarrollar el proyecto, porque si no, vas a tener que redimensionarlo. Y tienes que valorar si ese redimensionamiento a menos te va a resultar rentable. El coste de oportunidad es muy alto. ¿Ese proyecto para el que necesitas 1,5 M€ puedes sacarlo adelante por la mitad? Piensa en los costes de entrada. Puede que no te lo permitan. O empiezas con el negocio entero… o puede no interesarte. Hay ocasiones en las que se puede redimensionar y otras en las que no”.

Domingo

Haz un Sudoku (a mi se me pasó la fiebre hace unos años, hasta que comencé a tirarme al suelo para poner ochos y sietes en las baldosas del centro de Madrid) o échate una partidita al Apalabrados. Escribe en un papel: Voy a tener en cuenta los plazos de arranque. “Todo el mundo cuenta con estar facturando en porcentajes altos el primer mes. No tienen en cuenta los periodos de cobro de los clientes. Un cliente que te pague a 30 días ya es un chollo hoy en día. Y si trabajas para grandes empresas…”.

Lunes

Cena pescado por la noche y evitar ir al trabajo en coche: anda, coge el autobús o ve en bicicleta o ve en el tren, como servidor (te vas a ahorrar una pasta en gasolina y disgustos). Recuerda antes de acostarte que muchos emprendedores no se acuerdan del coste del stock. “La materia prima que tengo que almacenar porque resulta crítica para mi negocio. O la cantidad de producto terminado. Si recibo un pedido, no puedo esperar a que mi proveedor tarde seis meses en suministrarme porque si no, pierdo el pedido. No se tiene en cuenta la financiación del stock. No sólo materia prima, sino también de producto terminado porque hay que suministrar en un periodo muy breve. Eso hay que financiarlo”.

Martes

Elige una palabra al azar en el diccionario que desconozcas y trata de meterla en todas las conversaciones que puedas (y, ojo, no trato de contemporizar… ¿ves cómo funciona?). Y di en voz alta (sin gritar, que tu pareja ya estará acostada, o, al menos, hasta el gorro de tu proyecto emprendedor), mirándote en el espejo: Si me voy en horas, es como si me fuera en materiales. “Vemos desviaciones en empresas de servicios que a los seis meses están de vuelta porque donde esperaban ganar 100 han perdido 50. ¿Por qué? Porque se han desviado en las horas de los proyectos. Cuando se trata de meter horas, es tan etereo el tema de las horas que no se valora bien: hay un problema de control de ejecución. Lo vemos de manera continuada. Esto da lugar a verdaderos dramas. Si te vas en horas, en el fondo, es como si te vas en materiales: tiene un coste”. 

Miércoles

Dedica un rato a meditar (me da igual cómo) y trata de mantener una conversación larga con alguien a quien no conozcas (no vale ligar, Amel). Y llama a varias personas de tu familia y cuéntales que vas a financiar una actividad, no una estructura.  “Te encuentras muchos proyectos sin modestia en el arranque, con una excesiva estructura de activos fijos y estructura de personal. Y necesitan transmitir confianza a las entidades a las que les están pidiendo ayuda”.

Jueves

Cambia el recorrido que haces para ir al trabajo (puedes ir a trabajar con esmoquin o traje de noche, y, así, de paso, te sientes como un espía) y por la noche juega al Scrabble (también vale jugar al ‘Uno’ con tus peques, que, desastre de ti, les tienes abandonados desde que has decidido que te quieres convertir en emprendedor). Rapea con gracia la siguiente frase: “Aunque tengas perspectiva de mercado, se suele perder durante el proceso de desarrollo. Los tiempos siempre se alargan. Se retrasa la llegada al mercado. Necesitas prestar servicios o contar con otro producto, si no, es muy complicado tener éxito”.

Viernes

Memoriza tu siguiente lista de la compra. No tomes ni cafeína, ni alcohol (salvo que tengas que escribir un post para la web de tu empresa y queden menos de treinta minutos para entregarlo). Luego, ve a la frutería y en la pizarra en la que apuntan las ofertas escribe: Puede que no necesite un socio financiero, sino industrial. “Que aporte ese soporte financiero que necesites, pero sobre todo un acceso más fácil al mercado. Que aporte una estructura de medios (que, generalmente, son de elevado coste)”.

Ah, y encuentra tiempo algún día de la semana para salir a la calle, con los ojos abiertos, y comprar el número de septiembre de Emprendedores o descargártelo en la AppStore.

Ya me contarás si funciona.

 

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8/agosto/2012

Rodolfo Valentino o por qué necesitas otra línea de negocio

Rodolfo Alfonso Rafaello Gugliemi (más conocido como Rodolfo Valentino) llegó a la isla de Ellis en 1913, procedente de Castellaneta (Italia), un modesto pueblo de 15.000 habitantes de la región de Apulia, en la provincia de Torento, cuando sólo tenía 18 años. Tan delgado, tan cansado, con tantas ojeras, con el mismo traje ajado, y con la misma ambición en los ojos que cualquier otro de los inmigrantes que pasaban por los controles de aduanas. Hasta aquí, nada nuevo.

Como ocurre en muchas historias de superación de principios del siglo pasado, durante una larga temporada el joven Rodolfo estuvo durmiendo en oscuras esquinas de la ciudad, y, cuando había suerte, cerca del zoo de Central Park, y comiendo lo que encontraba por ahí. Hasta que en un golpe de suerte encontró trabajo como bailarín en el mítico restaurante-cabaret Maxim, donde se encargaba de sacar a bailar con las mujeres que no tenían pareja, pero sí mucho dinero. Una cosa llevó a la otra, se mudó a California para dar clases de baile a señoras que, sí lo has adivinado, no tenían pareja (que, en la mayoría de los casos, sí maridos), pero sí mucho dinero. Mientras tanto, se presentaba a todos los casting que podía. Hasta que en 1921 consiguió un papel protagonista en ‘Los cuatro jinetes del apocalipsis’ (1921). Hasta aquí, nada nuevo (bueno, vale, se casó con una actriz lesbiana que decidió la noche de bodas -que, premonitoriamente, Rodolfo pasó fuera de la habitación de la pareja, después de que ella atrancara la puerta- que quería divorciarse).

Valentino comenzó a tener éxito y los medios de comunicación, al contrario que la taquilla y el público, comenzaron a tenerle tirria (de verdad, está es la mejor definición para el rechazo que sufrió). Se metían con sus cejas, con sus pestañas, con su porte, y hasta con su madre. Y ahora viene lo que me interesa de la historia. Valentino ya tenía éxito y había protagonizado dos blockbusters de entonces, lo que invitaba a fundirse el dinero entre fiesta y fiesta y dormitar en la piscina. Pero fue entonces cuando Rodolfo decidió que, entre contrato y contrato, quería dedicar su tiempo libre a ganar dinero, porque no tenía él la seguridad de que le volvieran a llamar. Sabía lo que era no tener un duro y pensaba que el grifo del cine se podía cortar. Así que, a pesar de ser una estrella que no necesitaba trabajar, firmó un contrato con una importante marca de cosméticos para bailar por todo el país junto a Natascha Rambova, una bailariana hija de un militar razonablemente popular durante la Guerra de Secesión para el bando unionista -por cierto, al final, se casaron-. Ahora los actores graban anuncios para tener liquidez, pero no veo a muchos de ellos currando durante cuatro meses en otro trabajo –sobre todo en el trabajo que tenían antes de tener éxito-.

Yo sé que agosto no es un mes para hablar de estas cosas, pero como sé que hay muchos de vosotros que le estáis dando vueltas a una idea de negocio y que queréis darle forma cuando volváis en septiembre, después de devorar el reportaje sobre PLANES B que publica mi compañero Javier Escudero este mes, yo siembro, que algo queda siempre. Tenéis que pensar en vuestra liquidez. Quizá a vuestro negocio perfecto le haría falta otra línea de negocio para redondear la propuesta.

Un emprendedor me contaba la semana pasada, abanicazo va, abanicazo viene, que a pesar de tener éxito con su principal línea de negocio -igual que Rodolfo Valentino-, la liquidez para su negocio la consigue con otra línea de negocio que ha montado después. La empresa en cuestión se dedica a la prestación de un servicio auxiliar al sector del mueble. Se trata de un taller auxiliar que trabaja para firmas de muebles de primera línea.

Álvaro, este emprendedor, me decía que en la línea de negocio principal:

“[…] tenemos entre 25-30 personas trabajando. El vencimiento de las facturas del trabajo suele acordarse con nuestros clientes, aqunque, en ocasiones, viene más bien impuesto por ellos… El vencimiento pueder ir desde los 15 días de la fecha de factura, hasta los 90 días fecha factura. Por norma general, y en promedio, estas facturas suelen cobrarse a los 30 días de emitirse la factura, cosa que no está mal dada la situación actual. Sin embargo, es importante tener en cuenta, que lo que realmente estamos facturando nosotros no es otra cosa que horas de trabajo, es decir, mano de obra, ya que en el servicio que prestamos no intervienen de forma significativa otros proveedores. Nuestros principales “proveedores” son los empleados que tenemos contratadas, y con ellos no se puede negociar el pago a 30-60-90 días, a ellos hay que pagarles a final de cada mes. Esto nos genera serios problemas de liquidez: hay meses que el 50 % de nuestra facturación la hacemos con un sólo cliente. La mitad de nuestra plantilla está trabajando en exclusiva para este cliente. Imagina que el cliente decide que nos va a pagar a 90 días…, ¿cómo le pago yo a a mis cosedoras la nómina de ese mes? Ante esta situación, y tras comprobar que los pagos cada vez se atrasaban más, nos vimos obligados a contratar con nuestro banco una línea de crédito que nos permitiera descontar pagarés”.

Y es ahí donde entra en juego su otra línea de negocio. Hace tres años lanzaron al mercado una tienda online para vender un tipo de mueble muy concreto, algo que a simple vista puede parecer que tiene una estrecha relación con la LÍNEA DE NEGOCIO 1, pero que funciona de manera bastante diferente.

“En esta segunda línea de negocio, las condiciones de cobro las fijamos nosotros, es decir,  no se negocia con el cliente. Además al ser un negocio por Internet y tratarse de productos personalizados, el pago va por delante, es decir, el cliente paga íntegramente el importe de su pedido  para poder confirmar su compra. Además, aquí sí que intervienen proveedores, puesto que lo que a mi me compra el cliente, yo se lo compro al fabricante, y con éste último sí que puedo negociar las condiciones de pago a mi favor. Cuando un cliente nos pide un sofá por la web, lo paga previamente, nosotros pasamos el pedido a nuestros proveedores y pasan 30 días hasta que este sofá sale de fábrica. Cuando sale de fabrica, nuestro proveedor nos emite la factura, y pasan otros 30 días hasta que nosotros abonamos el importe de dicha factura. Por lo tanto, qué ocurre?, nosotros tenemos en nuestro poder el dinero que nos paga el cliente durante 60 días, hasta que le pagamos al proveedor!”.

Y añadía:

“Este ventaja que nos ofrece la LÍNEA DE NEGOCIO 2 hemos sabido explotarla y complementarla con las deficiencias de la LÍNEA DE NEGOCIO 1, de manera que, en cierto modo, la LÍNEA DE NEGOCIO 2 financia a la LÍNEA DE NEGOCIO 1, ofreciéndole liquidez sin coste. Por otro lado, la LÍNEA DE NEGOCIO 2 precisa de mucho menos personal para desarrollar su actividad, ya que una persona puede tramitar perfectamente entre 50-70 pedidos al mes, por lo tanto, la partida de nóminas a final de mes es muy inferior”.

“Ésta forma de trabajar sólo ha sido posible una vez que la LÍNEA DE NEGOCIO 2 ha comenzado a funcionar. Éste es su tercer año, y es ahora cuando podemos complementar las dos lineas de negocio de este modo. Ésto nos ha permitido estar alrededor de un año sin hacer uso de la línea de descuento que se abrío en la LÍNEA DE NEGOCIO 1”.

No está mal. Igual que Rodolfo Valentino.

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6/agosto/2012

Con los pies en la tierra

¿Y por qué emprender? ¿No tienes otra cosa mejor que hacer? Tranquilo, que no estoy tirando piedras sobre mi tejado. Tan sólo reflexiono o pretendo que, si lees este post, también lo hagas tu.

Vale, tienes una idea o si me apuras, aún no has encontrado esa idea, pero quieres emprender, porque es lo que siempre has querido hacer pero nunca has podido o no te has atrevido a hacerlo.

Perfecto. Pero te has preguntado si esa es la mejor opción. Sí, porque emprender no siempre es la mejor opción, no es la solución a todos tus problemas y menos a los problemas del mundo, aunque muchos –ahora más– pseudogurús se empeñen en convencernos de que emprender y los emprendedores van a resolver los problemas de la humanidad. Ni mucho menos.

¿Polémico? No, tal vez, con los pies en la tierra. Y eso es fundamental. Hagas lo que haga en la vida, siempre debes tener los pies en el suelo, porque es la única forma de saber cuáles serán tus posibilidades de triunfar… y me da igual que vayas a probar suerte como emprendedor, como bailarina, como boxeador o como tornero fresador. Da igual: hagas lo que hagas siempre debes tener los pies en el suelo.

¿Y a qué viene esto? ¿es fruto de los calores del verano? Estos días preparo el dossier de nuestro número 180, de septiembre de 2012, que dedicamos a ‘poner en marcha tu plan B’. Conscientes de que mucha gente tiene el miedo en el cuerpo, porque no sabe qué va a ser de su futuro laboral, tiene en mente emprender como opción profesional y sustento de vida, la suya y la de su familia. Y eso me parece muy loable. Siempre he defendido a todos los que arriesgan –emprendiendo, bailando, haciendo deporte o haciendo papiroflexia–.

Y muchos de esos que, trabajando en la actualidad, están pensando en emprender como plan B, les animo a que no lo hagan, si lo van a hacer sólo por necesidad. Ya se que es muy fácil y cómodo decir esto cuando hay casos en los que emprender es la única opción laboral. Pero, en esos casos, ¿merece la pena? ¿merece la pena, además de haber perdido tu trabajo, perder los pocos recursos que te quedan? Y que nadie me hable de los errores, del fracaso, porque de eso algo se… Se ha desvirtuado en los últimos tiempo el concepto del fracaso. A muchos se les llena la boca con eso de ‘aprender de las experiencias’… y todo eso está muy bien, pero aquí no hablamos de ese fracaso, sino de suicidio… de saber –o mejor dicho, de no querer saber– que te la vas a pegar porque no has hecho los deberes previos. Y una cosa es fracasar por una serie de motivos concretos, tras un plan estructurado, y otra cosa bien distinta es hacerse el harakiri a sabiendas de que tienes todas las papeletas para dártela, única y exclusivamente porque ‘emprender’ es ‘lo más’, es ‘in’, es ‘lo que se lleva’, es ‘idílico’… Pues si, está muy bien para que presumas cuando vas a un evento de networking, pero para poco más.

En el reportaje, he hablado con expertos en emprendimiento ágil –que no con prisas– que me han dado la visión de que se puede cambiar el emprendimiento por necesidad por el emprendimiento por oportunidad, porque una cosa es ser ágil en el desarrollo de una idea y otra muy distinta es tener prisas. No es un dogma de fe, pero –por regla general– el emprendedor por necesidad suele ser un emprendedor con mucha prisa y el emprendedor por oportunidad debería ser –aunque no siempre– ágil.

¿Y eso qué significa? Tener prisa sólo sirve para llegar el primero a la meta en el deporte, si es que llega, pero el mundo de la empresa es un proceso a largo plazo, a muy largo plazo. Y esto no va de carreras, sino de dar pasos consistentes y firmes.

Cuando hablo de estos temas, siempre me viene a la cabeza el caso de uno de los locales comerciales que hay en la localidad donde vivo. Llevo observándolo desde hace tiempo. Y ha albergado tres negocios diferentes y los tres han acabado por cerrar sin haber llegado al año de vida, más o menos. ¿Es culpa de la crisis? Desde mi modesta opinión, no. Ahora es fácil echarle la culpa de todo a la crisis… ‘he tenido que cerrar porque los clientes han dejado de entrar…’, ‘he tenido que cerrar porque me deben dinero y no puedo hacer frente a mis pagos…’, ‘he tenido que cerrar porque…’ Cuando un negocio cierra antes de cumplir un determinado período –y un año o menos es irrisorio– la culpa no es la de la crisis, sino de las prisas por emprender, sin haber analizado antes la viabilidad del negocio. Y no hay más excusas.

El principal objetivo del citado reportaje, que podrás leer en nuestro número de septiembre, es ayudar a todos aquellos que quieran emprender a que cambien la ‘necesidad’ por una ‘oportunidad’.

Y parafraseando a mi compañero Rafael Galán: ‘No hacen falta más emprendedores, sino mejores emprendedores’. Y por el bien de todos, sobre todo, el tuyo: ¡Emprende con los pies en el suelo!

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1/agosto/2012

Lo importante no es el dinero sino los contactos

¿La falta de dinero es una barrera o una excusa para no emprender? Esa es una de las cuestiones que me he planteado mientras preparaba el dossier de nuestro número 180, de septiembre de 2012. Hay pre-emprendedores (si se me permite ese término) que ponen como excusa para no lanzarse el hecho de que carecen de recursos financieros para dar el paso.

El debate en torno a este tema podría llenar páginas y páginas. Hemos hablado muchas veces del famoso colchón financiero, de las previsiones de caja, de la inversión inicial, de asumir riesgos personales para convencer a otros a que apuesten con sus recursos en tu proyecto, etc. Es decir, que aceptamos pulpo como animal de compañía, y sabemos de la importancia que tienen los recursos financieros a la hora de emprender para no dártela a las primeras de cambio.

Pero es evidente –con los tiempos que corren– que esa importancia es relativa. Creo y afirmo de forma categórica que no tener recursos no es una barrera infranqueable y que sí se puede emprender sin dinero… ¡ojo! no seamos más papistas que el Papa y entremos en debates absurdos de si se necesitan, al menos, 1.000 o 2.000 euros para empezar. Evidentemente, depende del tipo de negocio y del  mercado al que te vayas a dirigir.

Sí se puede emprender sin dinero –o para que nadie se enfade– con pocos recursos. Hay formas de conseguir dinero (contamos unas cuantas en el dossier de septiembre) … de forma legal, claro… Y como dicen diferentes emprendedores y expertos con los que he hablado: hay cosas más importantes y determinantes que el dinero. Por supuesto –y sin entrar en muchos detalles, porque lo hemos contado muchas veces–: el equipo es más determinante que el dinero; o la propuesta de valor, por ejemplo. Y hay otras.

A modo de reflexión, me quedo con la que me hizo un emprendedor francés, afincado en Noruega, con el que hablé hace unas semanas en Madrid para contarme su empresa, WeWantToKnow, y de la que daremos cuenta también en nuestro número de septiembre.

Para ponerte en antecedentes, Jean-Baptiste Huynh es un analista financiero que un buen día decide dejar su trabajo “porque no había creatividad en su profesión” para implantar esa creatividad en la educación de los niños, su otra gran pasión.

Para ello, se mete a dar clases de matemáticas en uno de los colegios más exclusivos de Noruega. Resumiendo –la historia viene contada con más detalle en el reportaje del citado número–, Huynh con la idea en la cabeza y bien estructurada decide buscar compañeros de viaje que se embarquen en el proyecto. Lo hace por Internet y a él se unen un grupo de creativos y desarrolladores de diferentes países atraídos y emocionados por la idea. En el desarrollo de la idea emplean –sobre todo– muchas horas de trabajo hasta conseguir un prototipo con el que testear el mercado…, pues eso, el proceso lógico de cualquier proyecto.

Huynh me subrayó en la entrevista que entre sus preocupaciones no estaba el dinero. Tenían otras cosas en mente que le quitaban más el sueño que la falta de recursos como, por ejemplo, cómo ‘vender’ una aplicación en un mercado tan competitivo como el del entretenimiento. Al margen de otras interesantes cuestiones en torno a ese tema –que contamos en el citado reportaje como poner o no precio a una app, qué precio, qué consecuencias puede traer eso, etc.–, Huynh y su equipo eran conscientes que “la promoción de una aplicación es muy importante”. Y para eso el dinero no lo es todo.

Y para solucionar ese problema echó mano de su experiencia y llamó a un venture capital que conocía de su pasado laboral como analista financiero y al que le dijo –curiosamente– que no necesitaba dinero, sino “que me falta una persona que me ayude a vender la aplicación. No buscábamos dinero. Lo importante no es el dinero, sino los contactos”. Gracias a eso consiguió captar para su equipo a dos directivos de una multinacional del software: el de desarrollo y el de marketing estratégico, que le ayudaron a entrar en nuevos mercados, principalmente, en el de Estados Unidos. Una buena elección, sin lugar a dudas, porque además eso les ha abierto las puertas de potenciales inversores para las siguientes etapas de desarrollo.

Y para terminar, Huynh me dijo que para ganar hay que compartir: “Debemos ser capaces de encontrar ese equilibrio, porque tu puedes tener algo que le sirva a mi empresa para crecer. Y hay que pensar siempre en marketing y en salir a vender. La mayoría de los emprendedores sólo piensa en el producto, pero un buen producto sin marketing y sin salir a vender, no vale nada”.

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