8/agosto/2012

Rodolfo Valentino o por qué necesitas otra línea de negocio

Rodolfo Alfonso Rafaello Gugliemi (más conocido como Rodolfo Valentino) llegó a la isla de Ellis en 1913, procedente de Castellaneta (Italia), un modesto pueblo de 15.000 habitantes de la región de Apulia, en la provincia de Torento, cuando sólo tenía 18 años. Tan delgado, tan cansado, con tantas ojeras, con el mismo traje ajado, y con la misma ambición en los ojos que cualquier otro de los inmigrantes que pasaban por los controles de aduanas. Hasta aquí, nada nuevo.

Como ocurre en muchas historias de superación de principios del siglo pasado, durante una larga temporada el joven Rodolfo estuvo durmiendo en oscuras esquinas de la ciudad, y, cuando había suerte, cerca del zoo de Central Park, y comiendo lo que encontraba por ahí. Hasta que en un golpe de suerte encontró trabajo como bailarín en el mítico restaurante-cabaret Maxim, donde se encargaba de sacar a bailar con las mujeres que no tenían pareja, pero sí mucho dinero. Una cosa llevó a la otra, se mudó a California para dar clases de baile a señoras que, sí lo has adivinado, no tenían pareja (que, en la mayoría de los casos, sí maridos), pero sí mucho dinero. Mientras tanto, se presentaba a todos los casting que podía. Hasta que en 1921 consiguió un papel protagonista en ‘Los cuatro jinetes del apocalipsis’ (1921). Hasta aquí, nada nuevo (bueno, vale, se casó con una actriz lesbiana que decidió la noche de bodas -que, premonitoriamente, Rodolfo pasó fuera de la habitación de la pareja, después de que ella atrancara la puerta- que quería divorciarse).

Valentino comenzó a tener éxito y los medios de comunicación, al contrario que la taquilla y el público, comenzaron a tenerle tirria (de verdad, está es la mejor definición para el rechazo que sufrió). Se metían con sus cejas, con sus pestañas, con su porte, y hasta con su madre. Y ahora viene lo que me interesa de la historia. Valentino ya tenía éxito y había protagonizado dos blockbusters de entonces, lo que invitaba a fundirse el dinero entre fiesta y fiesta y dormitar en la piscina. Pero fue entonces cuando Rodolfo decidió que, entre contrato y contrato, quería dedicar su tiempo libre a ganar dinero, porque no tenía él la seguridad de que le volvieran a llamar. Sabía lo que era no tener un duro y pensaba que el grifo del cine se podía cortar. Así que, a pesar de ser una estrella que no necesitaba trabajar, firmó un contrato con una importante marca de cosméticos para bailar por todo el país junto a Natascha Rambova, una bailariana hija de un militar razonablemente popular durante la Guerra de Secesión para el bando unionista -por cierto, al final, se casaron-. Ahora los actores graban anuncios para tener liquidez, pero no veo a muchos de ellos currando durante cuatro meses en otro trabajo –sobre todo en el trabajo que tenían antes de tener éxito-.

Yo sé que agosto no es un mes para hablar de estas cosas, pero como sé que hay muchos de vosotros que le estáis dando vueltas a una idea de negocio y que queréis darle forma cuando volváis en septiembre, después de devorar el reportaje sobre PLANES B que publica mi compañero Javier Escudero este mes, yo siembro, que algo queda siempre. Tenéis que pensar en vuestra liquidez. Quizá a vuestro negocio perfecto le haría falta otra línea de negocio para redondear la propuesta.

Un emprendedor me contaba la semana pasada, abanicazo va, abanicazo viene, que a pesar de tener éxito con su principal línea de negocio -igual que Rodolfo Valentino-, la liquidez para su negocio la consigue con otra línea de negocio que ha montado después. La empresa en cuestión se dedica a la prestación de un servicio auxiliar al sector del mueble. Se trata de un taller auxiliar que trabaja para firmas de muebles de primera línea.

Álvaro, este emprendedor, me decía que en la línea de negocio principal:

“[…] tenemos entre 25-30 personas trabajando. El vencimiento de las facturas del trabajo suele acordarse con nuestros clientes, aqunque, en ocasiones, viene más bien impuesto por ellos… El vencimiento pueder ir desde los 15 días de la fecha de factura, hasta los 90 días fecha factura. Por norma general, y en promedio, estas facturas suelen cobrarse a los 30 días de emitirse la factura, cosa que no está mal dada la situación actual. Sin embargo, es importante tener en cuenta, que lo que realmente estamos facturando nosotros no es otra cosa que horas de trabajo, es decir, mano de obra, ya que en el servicio que prestamos no intervienen de forma significativa otros proveedores. Nuestros principales “proveedores” son los empleados que tenemos contratadas, y con ellos no se puede negociar el pago a 30-60-90 días, a ellos hay que pagarles a final de cada mes. Esto nos genera serios problemas de liquidez: hay meses que el 50 % de nuestra facturación la hacemos con un sólo cliente. La mitad de nuestra plantilla está trabajando en exclusiva para este cliente. Imagina que el cliente decide que nos va a pagar a 90 días…, ¿cómo le pago yo a a mis cosedoras la nómina de ese mes? Ante esta situación, y tras comprobar que los pagos cada vez se atrasaban más, nos vimos obligados a contratar con nuestro banco una línea de crédito que nos permitiera descontar pagarés”.

Y es ahí donde entra en juego su otra línea de negocio. Hace tres años lanzaron al mercado una tienda online para vender un tipo de mueble muy concreto, algo que a simple vista puede parecer que tiene una estrecha relación con la LÍNEA DE NEGOCIO 1, pero que funciona de manera bastante diferente.

“En esta segunda línea de negocio, las condiciones de cobro las fijamos nosotros, es decir,  no se negocia con el cliente. Además al ser un negocio por Internet y tratarse de productos personalizados, el pago va por delante, es decir, el cliente paga íntegramente el importe de su pedido  para poder confirmar su compra. Además, aquí sí que intervienen proveedores, puesto que lo que a mi me compra el cliente, yo se lo compro al fabricante, y con éste último sí que puedo negociar las condiciones de pago a mi favor. Cuando un cliente nos pide un sofá por la web, lo paga previamente, nosotros pasamos el pedido a nuestros proveedores y pasan 30 días hasta que este sofá sale de fábrica. Cuando sale de fabrica, nuestro proveedor nos emite la factura, y pasan otros 30 días hasta que nosotros abonamos el importe de dicha factura. Por lo tanto, qué ocurre?, nosotros tenemos en nuestro poder el dinero que nos paga el cliente durante 60 días, hasta que le pagamos al proveedor!”.

Y añadía:

“Este ventaja que nos ofrece la LÍNEA DE NEGOCIO 2 hemos sabido explotarla y complementarla con las deficiencias de la LÍNEA DE NEGOCIO 1, de manera que, en cierto modo, la LÍNEA DE NEGOCIO 2 financia a la LÍNEA DE NEGOCIO 1, ofreciéndole liquidez sin coste. Por otro lado, la LÍNEA DE NEGOCIO 2 precisa de mucho menos personal para desarrollar su actividad, ya que una persona puede tramitar perfectamente entre 50-70 pedidos al mes, por lo tanto, la partida de nóminas a final de mes es muy inferior”.

“Ésta forma de trabajar sólo ha sido posible una vez que la LÍNEA DE NEGOCIO 2 ha comenzado a funcionar. Éste es su tercer año, y es ahora cuando podemos complementar las dos lineas de negocio de este modo. Ésto nos ha permitido estar alrededor de un año sin hacer uso de la línea de descuento que se abrío en la LÍNEA DE NEGOCIO 1”.

No está mal. Igual que Rodolfo Valentino.

  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest


Publicado en la categoría: Rafael Galán

Añadir Comentario

Requerido

Requerido, (oculto)


2 + cinco =

Siga los comentarios en RSS