7/septiembre/2012

Cristiano Ronaldo y el Síndrome de Hubris

Cristiano Ronaldo está triste. ¿Qué tendrá CR-7? ¡Qué pena! Resulta insultante que, con lo mal que lo están pasando millones de personas en esta crisis, nos salta el niñato malcriado con semejante tontada. Como ya muchos comentaristas han glosado este episodio, yo quiero trasladar el fenómeno al mundo de la empresa. Y para ello, lo primero son unas pinceladas de psicología… ¡y de mitología!

Lo que les pasa a todos los cristianoronaldos que tenemos a nuestro alrededor (seguro que tú conoces a más de uno, desocupado lector) tiene que ver con un fenómeno psicológico que recibe el nombre científico de Síndrome de Hubris. Está muy extendido en el mundo de la empresa y hace que quienes lo padecen pierdan el contacto con la realidad tras alcanzar un puesto de responsabilidad.

El hubris (término acuñado por los antiguos griegos) consiste en el desarrollo de un ego desmedido que nos provoca la ilusión de que podemos enfrentarnos a los mismos dioses. La mitología está salpidada de personajes que son víctimas de su soberbia. Aquiles encolerizó a los dioses al desobedecer su prohibición de ultrajar el cadáver de Héctor. Otro ejemplo mitológico es el de Icaro, quien gracias a unas alas fabricadas con plumas y cera creyó que podía llegar al Olimpo. La arrogancia de ambos fue duramente castigada.

Más allá de la mitología, el Síndrome de Hubris está también muy presente en el mundo real. Infinidad de reyes, emperadores, gobernantes de toda índole, políticos, militares, grandes empresarios y directivos lo han padecido y lo padecen.

Pero éste es un fenómeno (Síndrome de Hubris) que no afecta sólo a los poderosos. También pueden ser víctimas potenciales los subsecretarios, jefes y jefecillos de cualquier pelaje, los mandos intermedios y hasta los simples empleados. Nadie está a salvo. Tampoco tú, confiado lector. ¿Te has imaginado alguna vez a ti mismo si te dieran un ascenso? Posiblemente, si pudieras ver cómo te comportarías, no te gustaría nada comprobar el irritante parecido que guardas… con el tirano de tu jefe.

Para ayudarte a prevenirlo, vamos a describirte las distintas fases por las que, según el neurólogo David Owen, pasan las personas que padecen el Síndrome de Hubris:

  1. Dudas. Después de ser nombrados para ocupar un cargo, es habitual que no nos encontremos totalmente seguros de nuestros movimientos. Que dudemos de nuestras decisiones. Es algo normal, ya que no hemos tenido ninguna experiencia similar anterior. Esto hace que nos movamos guiados por la prudencia.
  1. Autoconfianza. Si las cosas empiezan a salirnos bien y nuestras decisiones han sido un éxito, empezamos a sentir que somos muy buenos, que lo hacemos todo muy bien y que somos merecedores del cargo que ocupamos. Incluso que éste empieza a quedarse pequeño para alguien tan valioso.
  1. Halagos. Hemos alcanzado el éxito y empieza a acercarse a nosotros un enjambre de oportunistas, arribistas y aduladores. Incluso, extrañamente, y aunque nunca hayamos sido unos ligones, empezamos a parecer mucho más atractivos para el sexo opuesto. Los halagos de los pelotas y aduladores refuerzan nuestro ego y empieza a generarse una sensación de endiosamiento.
  1. Arrogancia. En esta fase, creemos que somos indispensables, no entendemos cómo hasta ahora la empresa ha podido sobrevivir sin nosotros y entendemos que cualquier decisión nuestra es acertada por el simple hecho de que la hemos tomado nosotros. Muchas de estas decisiones sólo responden a meros caprichos o impulsos sin base racional.
  1. Soberbia. Es la fase de la ‘idealización megalomaníaca’. Nos consideramos infalibles, indispensables y creemos que vamos a disfrutar de poder para siempre.
  1. Paranoia. “Todos los que me critican actúan movidos por la envidia”, piensan quienes padecen el Síndrome de Hubris. Este pensamiento les llevan a rechazar las críticas. Quienes las hacen pasan a ser considerados como enemigos personales.
  1. Caída en desgracia. En el caso de los políticos, se concreta en la derrota electoral; en el mundo de la empresa, en el despido. En cualquiera de los casos, no entienden por qué han sido desposeídos de sus cargos. En ocasiones, la nueva situación desemboca en un cuadro depresivo.

¿Te reconoces en alguna de estas fases? Si es así, ya puedes empezar a vacunarte. Lo principal es que evites las malas compañías y te alejes de los pelotas y de los aduladores. La mejor cura consiste en que te des de cuando en cuando un baño de modestia para que no te pase lo que al Ego-Descontrolado de Cristiano Ronaldo.

PD- Refrán para Florentino: “Quien con niños se acuesta, cagao se levanta”.

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Publicado en la categoría: Fernando Montero

2 Comentarios Añade un comentario

  • 1. anonimo  |  8 de septiembre de 2012 a las 4:41

    bueno en primer lugar agradesco por este articulo… me hizo reflexionar muchisimo… y otra moraleja nunca hay que sentirse conformes pero aun asi no olvidar de donde partimos… creo que todos partimos viniendo solos a este mundo nacemos pobres por que lo que tenemos es de nuestros padres nada es nuestro… gracias y espero volver a leer otro excelente y enrriquecedor articulo como este… ojo no soy adulador solo digo que los que vengan sean mejores con alguna imagen dinamica. no sé.. algo nuevo… pero que no pierda ese toque..

  • 2. jesus  |  5 de abril de 2013 a las 18:09

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