Archivo de Octubre, 2012

29/Octubre/2012

La educación emprendedora en la universidad

Hace unos meses se celebró en Madrid el Simposio de Educación Emprendedora en la Universidad, donde se dieron cita más de 200 expertos de 62 universidades españolas y 50 instituciones públicas y entidades privadas vinculadas al emprendimiento universitario. El objetivo era “difundir los servicios, programas e iniciativas que se están llevando a cabo en las universidades españolas; presentar buenas prácticas nacionales e internacionales; y propiciar el intercambio de experiencias y la búsqueda de sinergias capaces de promover un mayor desarrollo del emprendimiento universitario”.

Al hilo de aquello, la Fundación Universidad-Empresa presentó hace unos días un documento con 25 conclusiones de lo que allí se habló para “que puedan servir como punto de partida para la reflexión y el debate necesario para establecer las líneas de actuación que contribuyan a la generalización de una educación emprendedora de calidad en el conjunto del sistema universitario nacional”.

No voy a reproducir las 25 conclusiones, porque este post sería muy extenso (el documento completo puedes encontrarlo en la web de la FUE), pero sí me gustaría destacar algunas que considero muy interesantes:

Conclusión nº7: “La financiación a corto y medio plazo es uno de los grandes problemas para el emprendimiento en España. Por este motivo, es urgente establecer alianzas con el mundo empresarial que liberen a los programas universitarios de la dependencia de una única fuente de subvención pública, pasando a un modelo de apoyos múltiples que en algunos casos serán puntuales, en otros más duraderos”.

Conclusión nº8: “España debe sumarse a los 8 países europeos que ya han incorporado plenamente el emprendimiento en sus planes de estudio, aprovechando la iniciativa europea Emprendimiento 2020. Según los datos que maneja la Dirección General de Empresa e Industria de la Comisión Europea, los ciudadanos formados en emprendimiento no solamente son más empleables, sino que alcanzan una tasa del 20 % en creación de empresas”.

Conclusión nº11: “Actualmente, la educación primaria y secundaria son desfavorables a la creatividad y la iniciativa. La universidad necesita que se introduzcan contenidos emprendedores en las fases educativas previas para maximizar su impacto. Se trata de animar la creatividad y cultivar el coraje desde la misma infancia, edad en la que se forja el carácter”.

Conclusión nº12: “Es necesario salir de la cultura de la seguridad y animar a que se tomen riesgos con responsabilidad. Para ello, varios programas universitarios incluyen en su metodología el manejo de capital real y su rendimiento como factores de evaluación y éxito de los participantes”.

Conclusión nº14: “El complemento imprescindible para la formación en herramientas y metodologías es el componente actitudinal adecuado. En la actualidad, los cuadros docentes carecen, por lo general, de la motivación necesaria para transmitir a sus estudiantes la pasión por el emprendimiento”.

Conclusión nº17: “Un primer objetivo debe consistir en la alfabetización emprendedora de toda la población estudiantil, abarcando desde la comunicación a la creatividad, con un gran énfasis en la adquisición de nociones sólidas en finanzas básicas”.

Conclusión nº23: “Es posible generar ocasiones para el aprendizaje recíproco y multidisciplinar con programas de bajo coste económico que se centren en la apertura de espacios abiertos o de metodologías colaborativas. Las universidades deben dejar de pensarse como comunidades cerradas para abrir sus puertas a iniciativas, especialistas y públicos externos”.

Hasta aquí todo perfecto. Muy interesante la labor de todos los expertos que han participado en la elaboración de estas conclusiones, pero ¿ahora qué? ¿cuál es el siguiente paso? ¿se quedarán sólo en buenas palabras o se llevarán a la práctica todas estas propuestas? ¿a quién le toca ahora mover ficha?

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26/Octubre/2012

Ideas de negocio para Clark Kent

Tiembla Lex Luthor. Te va a llegar tu hora.

Cuando leí ayer que Clark Kent dejaba el Daily Planet después de 70 años -luego nos llevamos las manos a la cabeza cuando el primer ministro sueco dice que hay que alargar la edad de jubilación a los 75 años-, recuperé una idea de mi infancia: la mejor manera de derrotar a Lex Luthor es dándole donde más duele, que como a todo megaempresario sin escrúpulos es en la pela.

Resumiendo, querido Clark, ahora tienes una oportunidad de oro para derrotar, vestido de calle y con sus mismas armas a Lex Luthor. Deja que Superman se ocupe de otros villanos y desastres naturales. Y tú dedícate a ganar más dinero que Luthor. Ahí le va a doler.

¿Cómo? Olvidándote de esa idea tonta del guionista Scott Lobdell de ponerte ahora de bloguero. Por favor, bloguero. ¿Qué pasa? ¿Nos hemos vuelto locos? Un poco de dignidad para uno de los grandes reporteros de nuestro tiempo -con el permiso de Lois Lane, por supuestísimo-.

Puesto que Kent no ganaba un sueldo proporcional a su experiencia -nada menos que 70 años, algunos de ellos como autónomo por varias guerras, según qué guionista le tocara en suerte- y como bloguero no va a tener el tiempo suficiente para crearse una marca y montar, qué se yo, un Techcrunch, le propongo que se haga autónomo, se monte un negocio y se convierta en un emprendedor en toda regla y deje el periodismo. (Por cierto, ya he enviado mi curriculum al Daily Planet. ¿Cómo iba a perderme una oportunidad así? Venga, hombre, el Daily Planet. ¿A quién no le gustaría hacer periodismo amarillista del bueno en el mejor diario del planeta? Sólo hay otro medio igual: el Daily Bugle, pero ahí, de momento, no hay vacantes.)

De hecho, ya le he hecho llegar el especial que escribió mi compañero Javier Escudero para que vaya poniendo en marcha su planbé. Y es más, me atrevo a enviarle al ahora parado periodista unas cuantas ideas de negocio. Ahí van:

1. Mudanzas Kent. ¿100 mudanzas? ¿200 mudanzas? ¿A cuántos clientes crees que podría atender al día? No tendría que invertir en excesivos costes fijos. Si acaso un mega-contenedor para llevar los muebles, pero no tendría que gastarse ni un duro en camiones, furgonetas, ni mano de obra.

2. CK Servicios Logísticos para ecommerce. La solución a los problemas de cabeza de Ricardo Lop a la hora de calcular los costes de envío. A Clark le da exactamente igual transportar 100 gramos que, no sé, ¿15 toneladas? Además, puede garantizar el frío con un pequeño soplido. Y ser competitivo en precios. Puede romper precios en el sector. Y olvídate de aduanas, que no se va tener que parar.

3. 24H Kent. Relaciones Públicas de Batman. Claro. Ya va siendo hora de cambiarle la imagen. Todos los que dicen haber leido a Batman y sólo han visto cuatro o cinco tristes películas ya están diciendo que sí esto y que sí lo otro con Robin, y más cosas. El caso es que es mentira y necesita un buen asesor de comunicación: Clark Kent. Además son medio amiguetes, así que hay confianza. El negocio lo puede ampliar a enseñar a superhéroes a que su alter ego pase desapercibido en la vida real, que luego les pasa como a Animal Man y se monta el pollo.

4. Tienda online: Gafasdereportero.com. Si quiere algo más tranquilo, se abre tranquilamente una tiendecita online. Se llama a Pepe Isabal para que le ayude y a vender gafas de pasta negras de reportero. No necesita stockar, se da un viajecito a la fábrica en China a por los pedidos cuando haya, y santas pascuas.

5. Consulta de psicólogo de superhéroes. Algo de dinero tiene ahorrado. Estudia un pelillo y abre una consulta. Tienen mucha necesidad, y él es el superhéroe con la cabeza mejor amuebladas. Les va a entender y les va a ayudar.
6. Jor-el. Visitas guiadas a Krypton. Lo tiene fácil. Se reducen los cuerpecillos de los interesados y, ala, pal frasco que tiene en su casa. Chúpate esa Richard Branson, esto sí que no se te había ocurrido.
Pues eso, tiembla Lex Luthor. Tiembla.
Señores guionistas de la DC, ¡hagan caso a un humilde periodista!
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22/Octubre/2012

Trabajo en equipo, con mayúsculas

Foto: Bernard Custard.

Cuando parece que todo se pone en contra, siempre hay ‘algo’ que sobresale en medio del caos. Un pequeño –o gran– oasis en medio del desierto. Un año más, y ya van cuatro, iWeekend Castellón –que se ha celebrado este pasado fin de semana– me ha vuelto a sorprender.

Más allá de que sea un evento de y para emprendedores, se ha convertido en un referente nacional para todo aquel que quiera aprender, compartir, intercambiar, conocer, enseñar…

Puede ser más o menos entendible que un grupo de algo más de medio centenar de ‘locos’ y ‘locas’ decidan encerrarse en un solitario auditorio durante tres días, desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche, mientras fuera cae el diluvio universal, para poner en marcha dos proyectos de negocio. Pero iWeekend Castellón no sólo es eso, no es un evento más de los muchos que han surgido como setas en los últimos años, es la máxima expresión de lo que se debe entender como trabajo en equipo con mayúsculas.

Lo que más sorprende, cuando se ha tenido la suerte como yo de vivir esa experiencia –este es mi segundo año–, es que los participantes no están ahí para competir, aunque el evento consista en elegir dos proyectos entre las ideas que se presentan para luego desarrollarlos a lo largo del sábado y domingo siguientes.

No hay competición, no hay rivalidad, no hay crítica destructiva, sino aliento, ánimos, esfuerzos, trabajo y más trabajo entre personas que –la mayoría– no se conoce previamente, con un sólo objetivo: que cada uno de los dos proyectos coja fuerza y tenga cuerpo para su presentación pública el último día del evento, en este caso, el domingo.

Visto desde fuera, mi opinión puede parecer una moñada o rayar la mayor de las petulancias, pero es así, incluso me quedo corto en los calificativos. En mi caso, ni gano ni pierdo con decir esto. No me pagan por ir, como tampoco lo hace el resto de participantes, entre los que se incluyen los mentores. Incluso los que se inscriben para participar tienen que soltar 50 euros para asistir, pero ni por esas se lo piensan dos veces.

Me atrevo a pronosticar que iWeekend Castellón va a tener un ‘problema’ en las próximas ediciones: se ha corrido la voz sobre el buen ambiente de trabajo que se respira que en los próximos años la gente se va a tener que dar de tortas por ir… y sino, al tiempo.

En mi caso, además de todo eso, me sirve para conocer muchos proyectos interesantes en los que trabajan los emprendedores que cada año acuden a la cita, de los que –al igual que el año pasado– daremos cuenta en próximos números de la revista.

Y ahora al meollo de iWeekend Castellón. Este año, al igual que el año pasado, volvieron a ganar dos mujeres. Y esto –sin que se malinterprete– es destacable porque, al igual que el año pasado, se presentaron más ideas de emprendedores que de emprendedoras. Debo reconocer que sólo una de ellas fue una de mis tres apuestas durante las presentaciones de ideas que se hicieron el viernes por la tarde. Las otras dos se quedaron en las tandas iniciales.

Maravillas Aparicio y Dulce Adriá fueron las ganadoras con sendas plataformas web, la primera, wSportPro, para promocionar el deporte femenino, y la segunda, Artprizz, donde “pintores y amantes del arte se encuentran para mostrar el valor de su arte”. Además, de ver cómo ambos proyectos se fueron puliendo a lo largo del fin de semana, con las aportaciones de los participantes y mentores del evento, las ganadoras contarán a partir de este lunes con un espacio físico en el vivero de empresas de CEEI Castellón, para que los proyectos puedan seguir creciendo gracias al acompañamiento especializado para desarrollar su plan de negocio, diseñar y aplicar estrategias de crecimiento, innovar para tener ventajas competitivas, buscar financiación y minimizar riesgos potenciales.

Ya ha comenzado la cuenta atrás para iWeekend Castellón 2013.

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22/Octubre/2012

Ser emprendedor por necesidad no te condena al fracaso

Llevo varias semanas reflexionando sobre lo que se necesita realmente para emprender proyectos de éxito. Y sigo sin poder hacer una lista mágica del perfil del emprendedor ideal. Tengo que confesar que a mí no me gustan las listas, los clichés ni los modelos perfectos. Me aburren. Y como soy periodista, me gusta cuestionármelo todo.

Cuando le preguntas a un experto qué cualidades debe tener un emprendedor, enseguida te hace una retahíla de cualidades: alguien con iniciativa (seguro), creativo (sin duda serlo ayudará, pero y si no los somos, ¿qué?), sin miedo al fracaso (cómo no vas a tener miedo al fracaso si estás arriesgando tu dinero, otra cosa es cómo gestionas ese miedo) , con capacidad de comunicación (¿sabe alguien cómo anda de esto Amancio Ortega, un tipo al que no se ha visto jamás hablar en público?).

Tengo clarísimo que no se puede encorsetar al emprendedor y que cuando lo hacemos dejamos fuera a mucha gente que ha creado negocios de éxito, aunque no salgan en los medios de comunicación: emprendedores que no han levantado financiación, que no venden sus negocios a gigantes de Internet, que no marcan tendencias porque se limitan a crear comercios de barrio que les dan para comer ¿Y? ¿No son estos últimos igual de emprendedores? ¿No han creado algo de la nada?

España vive un momento increíble de plena fiebre emprendedora. Nunca antes había tanta gente pensando en montar un negocio como ahora. A mí me parece algo apasionante, por más que muchos se empeñen en recordarnos que muchos de éstos nuevos emprendedores lo son por necesidad y que eso les condena mucho más al fracaso.

A estas personas yo les diría que dejen de centrarse tanto en los emprendedores que encajan tan bien en sus listas de éxitos, como Ortega, Bill Gates o Steve Job, y recuerden a otros como Ricardo Fisas o Juan Perán Ramos, fundadores de Natura Bissé y de Pikolinos. Los dos emprendieron al quedarse en el paro. ¿Quién no se conformaría con tener una firma de zapatos que factura 110 millones de euros? Por cierto, Perán tampoco tenía formación empresarial cuando montó su negocio.

En plena fiebre de las recetas fáciles, de los consejos inamovibles y de las teorías inmovilistas, a mí me cuesta muchísimo decirle a alguien que no emprenda. Le diría, sí, que analice bien la idea, que compruebe el mercado, que haga números, que se lo cuestione todo… pero que no sirve para emprender!

La creación de empresas no es una ciencia exacta, es algo vivo, como la lengua, como el propio ser humano. Una empresa es un modelo de negocio que vive dentro de una sociedad, que la acepta y la hace grande cuando decide comprar sus productos. No son los gurúses quienes deciden qué es bueno y qué es malo para el mercado, sino el consumidor que cambia sus hábitos de consumo y obliga a los empresarios a satisfacer sus exigencias. No pueden ser tampoco ellos quienes nos digan qué debe tener un emprendedor para tener éxito.

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19/Octubre/2012

¿Cómo que la banca frena a los emprendedores tecnológicos?

Yo y mi manía de hacer amigos a cualquier precio. En fin. Allá voy.

Desde hace tiempo sigo con admiración y envidia a partes iguales -he decidido ser razonablemente más honrado este curso académico, y sí, varios lustros después de dejar el colegio y la universidad esa sigue siendo una de mis medidas de tiempo- al columnista del diario británico The Guardian Ben Goldacre y a su sección de Mala ciencia, en la que le pone la lupa encima a cualquier noticia o reportaje de origen científico -venga de una nota de prensa interesada de una farmacéutica o venga de la pluma bienintencionada de un periodista científico que se pierde con las estadísticas y no está acostumbrado a cuestionar a sus fuentes-. Desde las supuestas bondades de fármacos hasta los inverosímiles datos estadísticos que tanto gusta publicar -no sé, como que dos de cada tres periodistas tienen sueño a las tres de la tarde, bueno tú ya me entiendes-.

El caso es que llevo tiempo dándole vueltas a importar esta idea y trasladarla al mundo de la economía -y al nicho de los emprendedores- y llamarlo algo así como Mala Economía.

El caso es que nos ha llegado a la Redacción recientemente una nota de prensa del Startup Bootcamp que reza: “La banca frena a los emprendedores tecnológicos europeos”. La nota asegura que, “según una encuesta realizada a 115 emprendedores hay un fallo en las organizaciones financieras” y que “el potencial de los empresarios de tecnología europeos se ha estancado debido a la banca y la comunidad financiera europea”. ¿El quéeeeeeeeee? A ver señores, tengamos cuidado con los mensajes que lanzamos. A los bancos se les puede acusar de muuuuuuchas, muuuuuuuuchas cosas -y eso lo puede explicar mejor que yo cualquier periodista de macro, que a mi, me sacas de la microeconomía y me pierdo y prefiero derivaros a Michael Lewis-, pero decir que frenan a los emprendedores, ufff, como que es meter una idea chunga -muy chunga- a futuros emprendedores y a emprendedores que acaban de empezar y luego se creen estas cosas y piensan que o les entra un capital riesgo o se incuban o están perdidos. Más que nada porque se pueden creer que necesitas dinero del banco para crecer o que no creces si no te da dinero el banco o que no tienes empresa sin dinero externo.

A ver, que me entere yo bien. ¿El banco te tiene que dar pasta para crecer o si no, no creces? ¿Los emprendedores tienen que esperar que sean los bancos los que les den dinero para crecer? Porque si es así, no lo entiendo. Desde que comenzó la crisis, y sobre todo en el último año, las historias de emprendedores tecnológicos más interesantes que nos han llegado han arrancado y han crecido… con fondos propios, con el dinero que era capaz de generar el negocio, renunciando a repartir beneficios, con sueldos justitos, que todo llegará -no sé, por ejemplo, Genera Interactive, por hablar de una historia de éxito-. Y algunas de las empresas españolas tecnológicas que más admiro -sobre todo porque entraron en sectores que ahora ya funcionan, pero que hace cinco suponían una apuesta arriesgada- han crecido sin préstamos, ni subvenciones. Y no tecnológicos, ya ni te cuento. Y como han generado pasta, y han demostrado que saben cómo ganar pasta, no han tenido problemas para encontrar luego pasta, que a lo mejor ahí está el problema.

Cuando leo este tipo de mensajes, luego me cuadra cuando nos llegan a la Redacción proyectos tecnológicos que:

1. No tienen en cuenta, los plazos de arranque. Todo el mundo cuenta con estar facturando en porcentajes altos el primer mes. No tienen en cuenta los periodos de cobro de los clientes (un cliente que te pague a 30 días ya es un chollo hoy en día).

2. No miran tampoco el periodo de maduración del desarrollo del proyecto. Si desde que empezáis a negociar el contacto con el cliente hasta que firmáis el contrato y luego hasta que les envías los productos o prestáis el servicio hay una elaboración por medio o un tránsito de importación por medio, eso hay que valorarlo.

Claro, como esperan a que les metan dinero y no tienen que preocuparse por el negocio… ¿Para qué van a tener otra línea de negocio que genere pasta? Son negocios cuyos hitos son pedir pasta, mucha pasta. Y como explica gente que sabe de estas cosas más que yo, como Antonio Manzanera, los hitos tienen que ser de producto, de servicio, de negocio, y si se pide pasta, pedir poco a poco.

Creo que los titulares que habría que lanzar si queremos meter el miedo en el cuerpo a los emprendedores deberían ir en esta otra línea:

La falta de previsión en los plazos de arranque frena a los emprendedores tecnológicos

Ignorar el periodo de maduración de un proyecto frena a los emprendedores tecnológicos

La incapacidad para generar ingresos desde el primer día frena a los emprendedores tecnológicos

La incapacidad para demostrar que son capaces de generar ingresos a potenciales inversores que sí tienen pasta frena a los emprendedores tecnológicos

Porque los que se saben esto, saben luego crecer sin tener que depender de un banco o saben crecer con solidez como luego ir a pedir dinero a bancos o inversores (que en ese caso, nos cuentan muchos emprendedores en las barricadas, sí que dan pasta).

Y luego la gente se enfada cuando les digo que viven en Emprendelandia (país al que, por cierto, tengo que llamar a parti de ahora Emprendistán, ya que acaba de salir una plataforma de crowdfounding para emprendedores con el mismo nombre).

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17/Octubre/2012

La falta de dinero no puede ser excusa para no emprender

Me contaba el otro día el director de una oficina bancaria que ahora no dan financiación a nuevos proyectos. No hay dinero, sencillamente. Miran con lupa los créditos que dan a las empresas y sólo los conceden a las que ya tienen un modelo probado y un nivel de riesgo muy bajo. Pero también me dijo algo muy interesante. Es más fácil conseguir un crédito personal que financiación para un nuevo proyecto. Por un crédito personal te van a exigir un interés de un 10% y por una línea ICO estarías en un 7%. Si realmente confías en tu idea, no deberías dejarla pasar por unos tipos más altos.

Para emprender hace falta dinero. Cierto. Pero no se puede montar un negocio sin tener un mínimo de capital inicial para arrancar. Ni mucho menos si no estás dispuesto a arriesgar tú mismo parte de tu dinero. Es algo de cajón, pero todavía hay mucha gente que sueña con emprender sin riesgos. Imposible.

Quizás la crisis y la falta de acceso al crédito fácil esté haciendo ya cierta selección natural con las personas que crean empresas, puesto que al tener más difícil el arranque mismo sólo llegan al mercado los que realmente creen en su idea. Y eso sí, es fundamental para tener éxito.

Claro que la otra cara de la moneda son las dificultades que pasan empresas ya creadas y en funcionamiento, por culpa de esa falta de financiación. Según la Encuesta de Acceso de las Pymes a la Financiación Ajena de las Cámaras de Comercio, los altos tipos de interés, las comisiones y el aumento de las exigencias de garantías y avales está desanimando a las pymes a solicitar financiación bancaria. En el primer trimestre lo hicieron un 47,8% de las pymes, en el segundo la cifra se redujo al 35,3% y en el tercer trimestre al 27,7%. Cuatro de cada diez empresas que pidieron financiación solicitaban una línea ICO y el 78,8% la consiguió.

Los motivos por los que acuden a buscar financiación reflejan muy bien la situación actual del tejido empresarial español:  el 92,8% lo hacen para financiar el capital circulante y sólo un 19,8% para proyectos de inversión. Nuestras pymes no crecen, se limitan a intentar sobrevivir la mayoría en un país con el consumo paralizado. Y eso sí, es una verdadera pena.

 

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5/Octubre/2012

La actitud no es suficiente para emprender

El otro día, mi hija –que tiene seis años– estaba jugando a ser ‘mayor’. Cogió su mochila, la abrió, metió dentro su ‘portátil’ de Caillou, cogió un móvil que ya no usamos en casa, y me dijo que se iba a trabajar. Sorprendido le pregunté que en qué trabajaba y ella me dijo, mientras andaba por el pasillo de casa camino de su ‘trabajo’, que era emprendedora. Mi mujer y yo nos miramos con cara de poker y, en ese momento, lo primero que pensé fue que había creado un monstruo.

Reflexionando sobre la respuesta de mi hija, comprendí entonces que con sólo seis años –casi siete, como insiste ella– acababa de explicarme qué es un emprendedor… en este caso, emprendedora. Y todo ello, sin que antes nos hubiéramos sentado ella y yo para hablar del tema… porque sólo tiene seis años y su cabeza tiene –y debería tener– otras preocupaciones.

Lo que ella venía a decirme con su actitud es que es una persona que trabaja para sí mismo, que no tiene ataduras, que necesita poco para hacerlo (un portátil y un teléfono) y que camina sonriente hacia su futuro.

Para empezar, está bien, al menos, tener esa actitud para afrontar ese futuro emprendedor, pero también es cierto que no sólo de actitud sobrevive el emprendedor. En las últimas semanas, nos bombardean en televisión con un anuncio en el que se dice que ‘emprender es una actitud’…, pero emprender es mucho más que eso. Está bien que el emprendedor afronte su futuro con buenas intenciones, pero necesita otras muchas cosas más… todas aquellas que llevamos años insistiendo desde la revista: organización, planificación, estudio, análisis, talento, esfuerzo, trabajo y mucha cabeza.

Hace unos días, recibí una invitación para asistir a la edición 2012 de iWeekend Castellón, un evento al que acudí el año pasado –reconozco y reconocí entonces– con ciertos prejuicios. Entonces, pensé: “¡Qué demonios harán 50 tipos reunidos durante un fin de semana para emprender! Seguro que han puesto una buena excusa para tomar copas”. Tras ‘vivir’ ese fin de semana con todos ellos, volví muy sorprendido. La imagen que me traje de esa experiencia fue ver a medio centenar de personas trabajando codo con codo –la mayoría no se conocía entre ella– por sacar adelante dos proyectos de dos emprendedoras –a las que tampoco conocían previamente y con las que horas antes habían competido por defender sus proyectos–. En ese fin de semana –cuando la gente normalmente se reúne para divertirse y desconectar de la rutina diaria del trabajo–, ese medio centenar de personas –algo más– se encerró desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche para crear, para innovar, para desarrollar, para compartir experiencias, para aprender, para trabajar en equipo… y encima pagando –porque para poder asistir hay que pagar 50 euros, una cantidad irrisoria si se compara con todo lo que ofrece el evento–.

iWeekend me demostró que sus participantes no sólo tenían y tienen actitud sino que además tenían otra serie de valores necesarios para poner y desarrollar un proyecto de negocio.

Y este año, si todo se cumple, volveré a estar allí.

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3/Octubre/2012

¿Colonia para adelgazar?

Hay ocasiones en las que lo reconozco, se me va la pinza.

A veces se me ocurren la ideas de negocio más absurdas: payasos para animar exámenes proctológicos (clownoloscopias); parques temáticos en mataderos; hacer abono con excrementos de caballos de la Guardia Real de la Casa Real para vender a los turistas; lanzar una línea de taxis a partir de coches fúnebres tuneados; redes sociales de dating para amantes de los perros… Sirva en mi descargo que muchas tiene su origen en una idea de negocio real: existe, sí existe, un payaso que ameniza a parturientas en un hospital de Israel, existe un zoo en Praga que lleva desde años vendiendo abono de excrementos de sus elefantes… Pero bueno, esas suelo compartirlas con mis compañeros de redacción, mi mujer, cuando se deja, y las cenas con amigos, cuando estás desprevenidos.

Y otras se me va la pinza más de la cuenta…

Como cuando entrevisté al consejero delegado de Grefusa, Agustín Gregori, y le propuse una línea de negocio innovadora: vender en un pack patatas y mejillones para rememorar los aperitivos con los que tanto disfrutaba en mi infancia en casa de mi tío Jaime. Gregori, comercial de pura cepa, salió del paso elegantemente a mi propuesta y más elegantemente todavía cuando mi compañero Fernando le dijo que, además, queríamos un 10% de las ventas.
O como cuando entrevisté este pasado lunes al fundador de TripAdvisor, Stephen Kaufer, al que le tenía una propuesta en la misma línea (de loca, porque no tiene nada que ver con mejillones), para revolucionar el mercado de las críticas de viajeros online (si os interesa, os tendréis que esperar a que publiquemos la entrevista dentro de un par de números).

El caso es que muchas veces no me corto y os voy a explicar el por qué.

Si leéis la revista desde hace tiempo, ya sabréis que escribo una vez al año, desde hace cinco, un reportaje largo sobre negocios raros. Yo ya sé que esto os da igual, lo de que lleve cinco años haciéndolo, pero es que la gracia está en que en esos cinco años, de momento, sólo han cerrado cinco negocios. De cincuenta. Así que raros serán, pero negocio, lo que se dice negocio son. Es cierto que muchas se mueven en nichos muy pequeñitos, pero, oye, siguen ahí y viven de ello. Y sí, ya sé que una idea no vale nada, que lo importante es la ejecución.

En el fondo, todas ellas sobreviven porque comparten:

1. Una empresa con un producto innovador destinado a una demanda insatisfecha.

2. Un mercado potencial atractivo: en términos de tamaño, crecimiento o rentabilidad. Ellos van a marcar el tamaño -no siempre grande, pero sí estable-.

3. Unas ventajas competitivas sostenibles. La empresa ha analizado “las vías de escape del cliente”. Vamos que o lo adquiere con ellos o se va a casa.

4. Y emprenden en un sector que permite desarrollar una oportunidad de negocio con una ventaja competitiva. Nadie más se ha atrevido.

El resto es ejecución. Un buen producto, con un buen servicio, con una buena planificación financiera (tampoco creo que elaboren un plan de hitos para determinar el ritmo de generación de valor, pero es que tampoco es necesario). Pero es indudable que por muy rara que sea la idea, necesita un mercado. Y necesita tener un tamaño adecuado al mercado al que se va a dirigir.

Si queréis conocer la selección que he preparado para este año, pinchad aquí.

Por cierto, el titular hace referencia a un negocio que descarté para la selección. Se trata de Prends-moi, que encontré a través de Springwise, que se presenta como una colonia para… adelgazar. Se supone que contiene un componente que te hace sentir bien, y que como te sientes bien, pues como que se te quitan las ganas de comer -al menos de comer entre horas-. Yo, qué queréis que os diga, me parece que, salvo que huela bien, que es para lo que sirve una colonia, o de que ese componente te impulse a querer hacer deporte y a llevar una vida saludable, no es negocio. Pero, bueno, yo os lo cuento no se me vaya a estar pasando algo…

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