21/noviembre/2012

Y tú, ¿qué tipo de empresa quieres?

Hay que tener cuidado con lo que se le dice a un periodista. En serio. Y no hace falta ser un político, ni un pez gordo de las finanzas. Ni hace falta que ese/esa periodista sea Ana Pastor con el velo a medio caer.

Ayer entrevisté a un par de emprendedores con un pedazo de modelo de negocio que quitaba el sentido, con un señor nicho entre manos, con las cuentas hechas, bien financiados, con una cartera de clientes diversificada… vamos, que sufrí todo un síndrome de Estocolmo. Ya tenían ganado mi corazoncito. En serio. Me veía en el altar con ellos. De luna de miel en uno de esos hotelitos que cuestan mi sueldo de un año y que salen en ‘Españoles por el mundo’. Hasta me habían sacado un plato para recoger la baba que se me caía por los lados como si fueran cataratas, como un Rottwailer simpático. El caso es que después de hora y media de entrevista, va uno de ellos y me suelta: “Lo que de verdad quiero es tener una empresa en la que no me sepa los nombres de mis empleados”.

¿Quéééééééééééééééééééééééééééé? ¿Cóóóóóóóóóóóóóóóóóóóóóóóóóóóóóóóóóóómo?

Me explico. Por mucho que crezca esa empresa, y seguro que va a crecer -no tengo la menor duda de que va a tener éxito-, como mucho va a tener 50-80 empleados en un horizonte de, qué, ¿cinco? ¿diez años? Vamos, que no va a ser Google, así que no creo que tenga que memorizar los nombres de miles de empleados. Si yo, que tengo una memoria pésima, me acuerdo de los nombres de todos los emprendedores que he entrevistado en los últimos diez años, digo yo que un buen empresario de una pyme debería saberse el nombre de sus cinco empleados.

No sé, me parece.

Conclusión: Fin del romance. Fin de la luna de miel -menos mal que todavía no había sacado los billetes-. Ya no quiero que me presenten a sus padres.

Últimamente en la revista hablamos sobre la ética de los emprendedores -sobre todo lo hablamos Paco y yo, que nos va el mambo cosa mala–. Sobre cómo han desaparecido los valores en la empresa y sobre cómo el corto plazo tiende a imponerse sobre el largo plazo y sobre cómo se habla de personas, pero se pasa por encima de ellas; sobre cómo se esgrime el argumento de sobrevivir a la mínima de cambio -ojo, hay situaciones y situaciones-. Llevo tiempo dándole vueltas a la idea del emprendedor ético.

En los últimos dos meses, me he encontrado con tres emprendedores que, francamente, si montara una empresa, me gustaría hacerlo igual que lo hacen ellos/ellas. A corto no seremos los que más ganaremos, pero no tengo la menor duda de que me iría a gustito a dormir todas las noches. Siempre lo digo: soy muy rarito, a mi ni Facebook ni Tuenti me impresionan.

Hace un mes entrevistaba a Valeria y Ruth González, co-fundadoras de la cadena española de librerías TopBooks, y me contaban cómo habían decidido cambiar el modelo de gestión de su empresa después de diez años en el mercado. Por un modelo democrático de gestión. ¿Un modelo democrático de gestión?

“Teníamos una estructura empresarial clásica, con un director financiero, con un director de compras, un director general, un director de marketing, un director de producto, facturábamos mucho más que ahora, pero mucho más, y perdíamos dinero. Pero no importaba porque íbamos a crecer más, todo iba a crecer más, había dinero, inversores y alegría en el mercado…”.

 “Hubo un problema en la empresa. Una empleada estaba esperando un día el autobús de camino al trabajo y se murió de una embolia. Era jovencísima. En ese momento nos dimos cuenta de que no nos acordábamos de su cara, y pensamos: ¿Pero qué tipo de empresa tenemos que no sabemos quiénes son las personas que trabajan con nosotros? ¿A dónde quiero ir con una empresa de este tipo? Eso marcó un antes y un después. Y entonces éramos poquitos. Pero, ¿esto es lo que queremos?

“A ver, una empresa se monta para ganar dinero, eso está claro, pero tiene que haber algo más. Aprendimos que cambiando la forma en que se relacionan las personas, se puede conseguir que fuera más rentable. Y nos lo creímos. Cambiamos la empresa por completo, de arriba hasta abajo. Hubo gente que no se pudo adaptar a los cambios. La estructura ha ido cambiando y ha habido gente que se ha podido adaptar y gente que no. Porque nuestra política es no prescindir de nadie. Y sólo cambió cuando todos decidimos cambiar. Lo votamos todos”.

Así, tienen ahora una empresa en la que todos los empleados están implicados en las decisiones de la empresa. Y funciona.

Ese ha sido un ejemplo que me ha impresionado. Juan Egea, fundador de Digio, una consultora tecnológica, que decidió que prefería reducir sus expectativas de negocio mientras la empresa se encontrara en proceso de crecimiento y de inversión en innovación. Juan me contaba hace unas semanas que:

 “En estos últimos cinco años hemos vivido una situación económica crítica. En nuestro sector hemos tenido quizá una mayor capacidad de aguante. En esta coyuntura, una de las decisiones más importantes es: ¿Apuesto por mantener el equipo -tus ingenieros, un valor clave para una empresa de nuevas tecnologías- a cambio de tener proyectos con un retorno mínimo? Esa es una decisión que hay tomar. Reducir tus expectativas de negocio. Hace cuatro años era más fácil conseguir proyectos de volumen. Ahora son más pequeños y de más complejidad. Es una cuenta que hay que hacer. Si hacemos un proyecto y despedimos, no es bueno para la empresa, las personas y para el país. Teniendo en cuenta de que la empresa tiene que ser rentable. Hay proyectos en los que podemos estar al límite, pero que nos permite desarrollar tecnología, entrar en un sector que no conocíamos”, explica.

“En estos últimos años, hemos tenido que crear productos y servicios con los que ahora somos competitivos a costa de hacer proyectos concretos. Ahora es el momento de capitalizar. Si queremos dar salida a un proyecto, lo que no podemos hacer es no contar con la gente que lo ha estado desarrollando. Hay que realizar un esfuerzo de recolocación. Son un valor para la empresa”.

Qué queréis que os diga. A mi son este tipo de emprendedores los que me ponen.

Y tú, ¿qué tipo de empresa quieres?

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Publicado en la categoría: Rafael Galán

1 Comentario Añade un comentario

  • 1. Franchu  |  21 de noviembre de 2012 a las 11:59

    Excelente artículo. No puedo estar más de acuerdo con tu punto de vista. Como emprendedor me declaro lo que defines como emprendedor ético.

    Un saludo!

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