30/enero/2013

Un 10 para los verdaderos inversores

Hemos dicho por activa y por pasiva que el dinero no es lo más importante para emprender (una, dos y tres… y hay más, pero por no aburrir) y lo seguiremos defendiendo aquí o en Estrasburgo, si hace falta. Y no vale que argumentéis que ‘es que mi proyecto es de investigación –léase, patente– y entonces sí necesita dinero’. Ahí, aceptamos pulpo como animal de compañía, pero en la gran mayoría de casos, el dinero –insisto– no es lo más importante para empezar, y si tu idea-negocio es en Internet, mejor todavía, porque se pueden hacer más cosas con menos recursos. No lo digo yo, lo dicen los expertos, que son los que saben.

Lo más importante es tener un producto y/o servicio que interese a los clientes y que éstos estén dispuestos a pagar por él. Y para tener ese producto y/o servicio basta, al principio, con tener un PMV (un producto mínimo viable) que sirva para testar, primero, que hay clientes y, segundo, que van a soltar la tela por lo que les ofreces. Y cuando tengas eso, ya tendrás tiempo de medir y medir cuántos clientes, con qué periodicidad acuden a ti, cuánto te dejan, cuánto te cuestan los productos y los clientes, etc. Y todo eso se puede hacer con poco dinero, con lo mínimo. Y cuando tengas todo eso, ya estás preparado para buscar dinero en el mercado, que lo hay… para los proyectos interesantes, porque podrás ofrecer al potencial inversor que tienes un proyecto que has testado en la calle y que has recogido (aunque sea a muy pequeña escala) respuesta positiva del mercado.

Hay dos aspectos fundamentales, que muchas veces, se pasan por alto. Una, vital, es que la principal fuente de financiación de un proyecto es el cliente. Y eso, la gran mayoría de emprendedores no lo ve, no lo quiere ver o no lo sabe y opta por buscar dinero en otros sitios, que le van a generar endeudamiento y muchos riesgos. Muchos emprendedores quieren o pretenden financiarse con otras cosas que no sean sus clientes y buscan en bancos –ahora cada vez menos– y en inversores públicos y privados. Y eso está bien, pero cuando el proyecto ha alcanzado un cierto nivel de maduración. Hacerlo antes va a complicar el desarrollo del proyecto.

Y el segundo aspecto vital en el que deberían ahondar los emprendedores es que deberían medir los tiempos en la búsqueda y captación de recursos financieros. Y aquí lo que suele pasar es que buscan el dinero cuando aún no lo necesitan y piden más o menos de lo que necesitan. Y eso pasa, porque van con los deberes sin hacer –qué quiero vender, cómo, a quién, a qué coste, etc.–. Imagina que consigues una entrevista con un inversor y le vendes humo. El inversor, que está más puesto que tu en proyectos y que tiene el ‘culo pelao’ de ver emprendedores, te pone una cruz y te mete en la lista negra de ‘vendehumos’. Oportunidad desaprovechada. Al principio, puedes y debes recurrir a recursos propios (llámese pequeños ahorros o capitalización del paro) y también a recursos que te presten familiares y amigos, porque como dicen los inversores: el emprendedor es el primero que debe apostar y arriesgar por su proyecto con su propio dinero, porque eso es señal de que confía en su desarrollo, y debe ser capaz de convencer a otros –familiares y amigos– para que inviertan una pequeña cantidad; y eso también es señal de que apuesta por su proyecto y por eso involucra a personas de su entorno más cercano.

Pero este post –aunque lo pueda parecer– no va sobre ‘emprender o no con poco o mucho dinero’, sino que surge a raíz del reportaje que hemos preparado para el número de febrero 185, páginas 16-20, en el que hacemos un recorrido sobre la figura de los family offices, que son firmas que gestionan los grandes patrimonios. Aunque ya decimos que son una figura que escapa a los intereses de los emprendedores, porque suelen invertir en otras cosas, también destacamos a esos otros family office más modestos que sí invierten en startup. Y es a esos a quiénes me gustaría elogiar, porque arriesgan su dinero desde la pasión. Podrían invertir en productos financieros o en grandes compañías cotizadas, donde el riesgo está más diluido, pero prefieren hacerlo en proyectos en fases muy tempranas.

Hablando con algunos de ellos (Jesús de Benito, inversor en la Red de Inversores Privados y Family Office del IESE y director de InvestBan, entre otras ocupaciones; Paco Negre, fundador de Nero Family y cofundador de Comunitat Valenciana Business Angels Network (CvBan), y Raúl Aznar, fundador del family office Pandora Lys y también cofundador de CvBan), me confesaban que faltaban más inversores para ayudar a los emprendedores en fases muy tempranas. Había un nivel de inversión cubierto –con inversores muy activos– para fases de desarrollo y de crecimiento, pero muy pocos para esas fases pre-semilla, que son los que harán que esos proyectos sigan o no adelante. Me contaban que el problema con el que se encontraba el mercado era con la falta de inversores para segundas y terceras ampliaciones de capital.

Y es ahí donde se deberían invertir todas las fuerzas. Si queremos –si se pretende y así nos lo están vendiendo desde las diferentes instituciones– parecernos a mercados más avanzados que el nuestro en verdadero capital riesgo –léase, EEUU, Japón, Alemania o Inglaterra– se deberá potenciar aún más la figura del inversor –con los beneficios fiscales o de cualquier otra naturaleza que haya que otorgarles– que, de verdad, apuesta por los emprendedores, que no sólo pone dinero sino también experiencia y contactos, y huir del inversor especulador que le da igual donde invierte y sólo mira la rentabilidad.

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Publicado en la categoría: Emprendedores,Javier Escudero

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