12/marzo/2013

Con las marcas hemos topado

6a00d83451afa369e2017616c9a1a5970c-800wiUna pregunta habitual de aspirantes a emprendedores -muy habitual, requetehabitual, pluscuamhabitual– en estos tiempos es si la crisis ha mejorado las condiciones de una pyme para negociar con proveedores, sobre todo con grandes marcas.

Escucho habitualmente eso de “andarán igual de mal que todo el mundo y querrán vender como sea” -y la cita es bastante textual-. La proliferación de outlets online ha contribuido a esa opinión, al desfilar alegremente por las redes una larga lista de marcas de renombre dispuestas a vender su producto un 70% y un 80% más barato para colocar esos stocks que no han conseguido vender.

En fin. Vamos a ver si arrojamos algo de luz, o agua fría, a esta duda.

Os voy a contar una conversación que tuve la semana pasada con un emprendedor español al que voy a llamar Fulgencio Buenaventura para no dar muchas pistas.

Fulgencio es un emprendedor online español que vende a través de su tienda productos -sin descuento- de varias marcas de referencia en toda Europa -de hecho vende más fuera de España que en el territorio nacional-. El caso es que quedamos a comer y cuando llego al restaurante, me lo encuentro en la puerta, encogido como un armadillo, al teléfono. Se le ve preocupado. Cuando me ve, me hace un gesto con la mano para que vaya pasando yo. No aparece dentro del restaurante hasta quince minutos después, cuando ya me he comido todo el pan y como un buen espía he eliminado todas las migas del mantel con el cuchillo con la precisión y la agilidad de un ninja retirado. Esto –lo de esperar veinte minutos solo en la mesa de un restaurante hinchándote a pan, no a lo de deshacerte de las migas-, si no estás acostumbrado a los emprendedores, te lo tomas a mal, pero si les conoces, ya sabes que es el pan nuestro de cada día y no le das más importancia. Fulgencio llega y me dice:

– Lo siento, Rafa. Menudo follón tenemos. [Un buen emprendedor suele hablar en plural por defecto… es una especie de plural mayestático camarlenguesco.]

– No te apures. Te entiendo.

– Tenemos un problema de níscalos [en realidad, dice cojones, pero como eso no se puede poner…] con una marca.

– En serio, no te apures.

– Es increíble. Resulta que RINTINTÍN [vamos a llamar así a la marca] nos dice que quiere renegociar las condiciones que tenemos con ellos, que quieren vernos el lunes en el hipogeo del Coliseo romano [esto es, también, para no dar pistas sobre el país de origen].

– ¿Y eso? [Una pregunta muy socorrida cuando un periodista quiere que su interlocutor siga hablando. No tiene mucho glamour, pero os aseguro que funciona.]

– Resulta que varias tiendas de Barsoom [igual: sin dar pistas] se han quejado de que les estamos quitando ventas. Y resulta que son tiendas de referencia para RINTINTÍN y que no podemos vender tanto. Vamos, que no podemos vender más que ellos, y que nos van a cambiar las condiciones de venta.

– No lo entiendo.

– Yo tampoco. Les hacemos ganar más. Y les vamos a hacer ganar más a más largo plazo.

– Vaya.

– Pero el problema es que hay otras dos marcas que no nos han lanzado un ultimatum, pero que ya nos han dejado caer que bueno, bueno, que estamos vendiendo mucho y que habrá que ver.

– Pues sí que está la cosa bien. (Yo siempre, tan terrenal.)

– Y ahora, además, hay marcas que te dicen que tienes que tener también un espacio físico de venta o si no, no quieren nada contigo.

Resumiendo: unos productos caros, que no se venden así como así, comienzan a venderse bien a través de Internet, con un margen más que interesante para el fabricante –el proveedor– y con un margen también razonable para el emprendedor, pero resulta que… ¿Resulta que qué? Porque yo no le veo el problema, y lo que veo es que este emprendedor se va a encontrar con que esta marca se le va a ir, básicamente, porque no le va a seguir interesando vender. Y contra todo pronóstico, ¿no? Porque, ¿todo el mundo quiere vender más… o no?

Os cuento esto porque emprender en comercio electrónico no es ni tan fácil ni tan bonito como lo pintan. Además de las condiciones que marcan los proveedores de compras iniciales -que te pueden hacer replantearte que no te interesa adquirir ese producto porque te puedes terminar comiendo el stock con patatas-, de tiempos de pago –vamos, pago por adelantado puro y duro cuando estás empezando– y de la dificultad que ya tiene de por sí conseguir vender, llega ese mismo proveedor y como vendas más de la cuenta, te va a decir que verdes las han segado. A mi que me lo expliquen.

Por cierto, la comida la pagó el emprendedor. Y, sí, pedí más pan.

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Publicado en la categoría: Rafael Galán

1 Comentario Añade un comentario

  • 1. Marina  |  13 de marzo de 2013 a las 15:32

    Hola Rafael, hemos estado echando un vistazo a tu blog y nos ha parecido muy interesante. Hay muchos consejos que facilitan el camino a la hora de emprender. Te animamos a que entres en nuestro blog.
    Un saludo.

    http://viveroempresasmostoles.es/blog/

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