1/julio/2013

Friends, Fools, Family and Hacienda

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Si te pregunto, así, a pelo, a qué personaje histórico preferirías parecerte, si a la diseñadora de moda Lady Duff Gordon o a Alfred Gwynne Vanderbilt, heredero del lucrativo negocio de los ferrocarriles allá por principios del siglo XX, lo más seguro es que me mires con incredulidad o que me mires mal. Y si eres un echaopalante, que me digas que al segundo, por aquello de que tenía que ser rico. Yo te digo que preferirías parecerte a Lady Duff Gordon -que nada tiene que ver con la refrescante bebida que ameniza la salida del trabajo de Homer-. Lady Duff Gordon no sólo fue una de las supervivientes del Titanic, sino que tres años antes decidió cancelar en el último minuto un pasaje que tenía ya comprado para el Lusitania, sí, hombre, ese barco que hundieron el 7 de mayo de 1915 los torpedos de un submarino alemán y que decidieron la participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial. Fallecieron 1.200 personas que viajaban en ese barco.

El bueno de Alfred se libró del Lusitania, cancelando su billete, también en el último minuto, pero tres años más tarde, a pesar de recibir una críptica postal en la que se le informaba de que el Titanic estaba maldito y que repitiera la jugada de cancelar el billete, hizo caso omiso a la advertencia y falleció al hundirse el cinematográfico barco. Eso sí, Alfred fue todo un caballero, ya que cedió su cinturón a una bella dama… a pesar de que no sabía nadar.

Yo quiero que tengas la misma suerte que Lady Duff.

El otro día estábamos hablando en la Redacción sobre cómo los emprendedores terminan recurriendo a las famosas tres efes para conseguir financiación: friends, fools and family, y yo, que como diría mi amigo Luis, soy un poquito piticlaro, salté: ‘Mucho ojo, que la family son operaciones vinculadas y lo de los friends no se puede hacer así como así‘. Dije esto y fue como cuando en una fiesta, cruzas las piernas, se sube la pernera del pantalón y dejas ver que con tus elegantes zapatos marrones, llevas calcetines blancos porque no tenías otros limpios y, vaya, hacía frío…

Nos estamos encontrando con que muchos emprendedores no se están parando a pensar en cuánto te cuesta que te preste dinero tu padre, tu hermano o un amigo. En el caso de familiares es una operación vinculada y tiene que haber un documento por medio que pase por el notario. Si no se hace, sanción. Y, además, según la ley (que, ojo, no la he escrito yo), no se puede prestar el dinero sin interés, tiene que llevar un interés que no esté ni por encima, ni por debajo de mercado, según me advirtieron un montón de asesores fiscales cuando les entrevisté con motivo de la modificación de la ley que regula las operaciones vinculadas.

¿Qué quiere decir que tiene que haber un documento de por medio? Que conviene reflejar en escritura un préstamo o al menos en contrato privado y hacerlo público en la oficina liquidadora de la comunidad correspondiente (que, por si no lo sabías, es gratis).

¿Y si te lo presta un amigo? ¿También hay que escribir un documento, llevarlo al notario y cobrar intereses? ¿Aunque un amigo te preste 500 euros? Sí.

Para confirmar todo esto y ver que no ha cambiado desde que se modificó la ley, hace dos años, le escribí a un asesor fiscal, que me respondió esto:

“La única diferencia es que el préstamo con un amigo seguramente lo pongas a precio de mercado y el de un familiar no, pero es una operación vinculada y si te pilla Hacienda, te lo pueden valorar a lo que sería precio de mercado y si no lo has hecho, pues, entonces, sanción. Además, cuando sea operación vinculada habrá que documentarla, pues no hacerlo conlleva sanción”.

Vamos, que tenía razón. Este asesor añadía:

“Un préstamo de padre a hijo para empezar una empresa no suele ser muy grande, por tanto no hay que documentarla como operación vinculada”.

¿Cuánto es no-muy-grande? Unos asesores fiscales hablan de 6.000 euros y otros hablan de hacerlo a partir de 100.000 euros… Yo, que soy un cagueta, que quieres que te diga: hasta por 100 euros lo haría, lo que supongo que no es una buena decisión fiscal.

Yo ya te he enviado la postal, querido Alfred.

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Publicado en la categoría: Rafael Galán

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