8/julio/2013

Se hunde la empresa

Barco

Errores hay cientos, tantos como formas diferentes de gestionar un negocio. Es más, hay tantos que podemos decir a los cuatro vientos que llevamos desde 1997 escribiendo sobre errores (para los optimistas, o para los pesimistas, donde pone ‘errores’, leed ‘consejos’). Pero, en nuestro número 190, de julio de 2013 (págs. 44-49), hemos profundizado en aquellos pocos (que no pequeños) errores que llevan a las empresas al desastre más absoluto (si es que el término ‘absoluto’ no fuera suficiente).

De todos ellos, hay dos que son ‘mortales de necesidad’. Uno está relacionado con los problemas de liquidez, que llevan a las compañías a la muerte por asfixia. Y el otro tiene que ver con los problemas que surgen en torno a las malas relaciones entre socios, y que, en la mayoría de los casos, llevan a la empresa a un estado de inactividad, porque los socios entran en una guerra de ataques y contraataques.

Uno de los expertos con los que hemos hablado nos recuerda que, como humanos que somos, en la mayoría de los casos, las reflexiones las solemos hacer a posteriori, pero, a priori, el mercado suele dar señales de que algo no va del todo bien o, al menos, como lo habíamos pensado. En muchos casos, las desoímos. Y en otros, escuchamos esas señales, pero hacemos de ellas una lectura interesada. Y uno de los riesgos, en ese sentido, “está en confiar excesivamente en nuestro proyecto y seguir hacia adelante pase lo que pase, dándonos igual los síntomas y signos que nos lanza el mercado. El problema viene porque como queremos justificar la hipótesis de negocio que tenemos en la cabeza y que nuestro modelo es válido, y como no somos analistas objetivos, valoramos aquellos datos que nos interesan y que vienen a justificar lo que andamos buscando desde el principio”.

No seré yo quien lo diga, pero os recomiendo que lo leáis (uy, ya lo he dicho… perdón!)

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Publicado en la categoría: Javier Escudero

6 Comentarios Añade un comentario

  • 1. Lourdes Avery  |  9 de julio de 2013 a las 0:28

    Un buen procedimiento es aquel para el cual la probabilidad de cometer cualquier tipo de error es pequeña. La elección de un valor particular de corte de la región de rechazo fija las probabilidades de errores tipo I y II. Estas probabilidades de error son representadas por α y β, respectivamente.

  • 2. Rosa Small  |  11 de julio de 2013 a las 2:04

    Todos estos errores, por supuesto, como dice J.L., se resumen en uno solo, “Creer que lo sabes todoâ€.

  • 3. gold price  |  23 de julio de 2013 a las 7:03

    no usar casco, Cada vez se da menos pero no hay mas que darse una vuelta por cualquier carril bici para ver que muchos ciclistas ocasionales o nuevos no llevan casco. En muchos casos ni casco ni guantes ni gafas ni cultote…El casco hay que llevarlo siempre.

  • 4. silver price  |  25 de julio de 2013 a las 16:00

    Para poder ayudarnos, lo primero es confiar en el centro, para ello, hay que conocerlo desde dentro, convivir con nuestro familiar dentro de él. Hay que conocer la parte humana del centro, su estructura, sus trabajadores, conocer su forma de trabajar, sus cualidades y errores, convivir con el resto de usuarios, valorar como viven y como lo conciben. Conforme vayamos integrándonos en el centro, iremos aumentando nuestra confianza en él.

  • 5. Cedeweb  |  25 de septiembre de 2013 a las 0:26

    Una manera muy efectiva para erradicar los errores cometidos tanto por el personal, como por uno mismo como emprendedor, es eliminando la negatividad; esa que se suele contagiar. Para lograrlo es importante considerar 5 sencillos puntos que desarrollamos en este material [[http://cedeweb.com/resolviendo-la-negatividad/]]

  • 6. Charles Jones  |  4 de octubre de 2013 a las 15:13

    Errores hay cientos, tantos como formas diferentes de gestionar un negocio. Es más, hay tantos que podemos decir a los cuatro vientos que llevamos desde 1997 escribiendo sobre errores (para los optimistas, o para los pesimistas, donde pone ‘errores’, leed ‘consejos’). Pero, en nuestro número 190, de julio de 2013 (págs. 44-49) , hemos profundizado en aquellos pocos (que no pequeños) errores que llevan a las empresas al desastre más absoluto (si es que el término ‘absoluto’ no fuera suficiente).

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