Archivo de Agosto, 2013

26/Agosto/2013

Joven emprendedor de 45 años busca subvención

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Hace muy poco un emprendedor, en pleno síndrome de Estocolmo, después de entrevistarle para un artículo, va y me suelta: “Oye, y pon en el artículo que en España no se apoya a los jóvenes emprendedores. No nos dan ninguna ayuda. No hemos podido acceder a ninguna subvención”.

El emprendedor en cuestión tiene 45 años.  Hombre, yo me veo joven con 37 años, pero joven, joven, como que ya no soy.

Para que luego digas que no nos gusta meternos en jardines tropicales, con plantas carnívoras y muuuucha maleza. El tema de portada del número de septiembre es una guía de las principales ayudas (públicas) con las que cuentas para emprender ahora mismo en este Santo país. Y es una guía finita porque esto-esto-esto es lo que hay, amigos.

Por si tienes prisa y no te vas a leer todo este post, dinero no hay, o al menos no hay dinero para lo que tu quieres. Ay, tú siempre pensando en lo mismo: escribimos ayuda, pero tú lees dinero. Y pone ayuda, no dinero. El dinero que tú quieres deberías tenerlo tú, y si no lo tienes tú, lo deberías conseguir en los bancos, pero como los bancos, más allá de microcréditos (las cooperativas tienen un poquito más de suerte, y depende de dónde vayas) y créditos personales (si no te va demasiado mal), no te van a dar nada, no te queda más remedio que pedírselo a tu familia, y si esto no funciona, si tu proyecto es innovador y con potencial de crecimiento, a por inversores privados…

Y aún así. A la principal red de inversores privados española, al menos la que más invierte, se presentaron el año pasado 400 proyectos. Resulta que sólo 100 cumplían los requisitos que buscaban, y, al final, sólo invirtieron en 18 (3 millones de euros).

La responsable de una Agencia de Desarrollo Local me comentaba (y lo cito porque esto mismo me lo comentaron el 80% de las fuentes que he consultado para el reportaje): “Lo primero que se pregunta siempre cuando se quiere emprender es con qué ayudas cuento, y por ayudas quieren decir dinero. Lo importante no son ni las ayudas, ni las subvenciones, la empresa tiene que generar ingresos y ser rentable por sí misma, por su actividad”.

Así que a la hora de responder a la pregunta ¿Quién te ayuda? hay que formular otra: ¿Qué tipo de ayuda necesitas?

“No hay ayudas universales. Depende del perfil, de la situación del emprendedor, de dónde emprenda. Al final no es una cuestión de dinero. Es más una cuestión de que alguien te oriente sobre por dónde ir y plantearte retos”, respondía esa misma fuente. Y no puedo estar más de acuerdo. No me voy a poner ahora a defender al Gobierno, ni a las administraciones regionales ni locales, pero se gasta mucha pasta en que gente muy buena te asesore gratis. A lo mejor tú quieres que te pongan 60.000 euros, porque no tienes ni un duro, pero lo que necesitas es que un consultor de Barcelona Activa te asesore en tu estudio de mercado, o que alguien del departamento de creación de empresas de la Universidad Politécnica de Madrid te meta dentro de un ecosistema de emprendedores e inversores, aunque no te de dinero directamente.

Te has preguntado, además, por qué tiene que financiar tu empresa el dinero público. Ya sé que vas a decir que porque no hay dinero privado. Te has preguntado también cómo puede ser que haya pymes españolas potentes, como Blusens, que necesiten, estando en beneficios, inyecciones puntuales de liquidez para un periodo corto de tiempo para invertir en proyectos que darán muchos puestos de trabajo YA -muchos más que los que vas a crear con tu startup en los próximos cuatro años… más de los que vais a crear todas esas empresas que estáis ahora mismo en ese vivero tan chulo- y no encuentran inversión. Y no es el primer caso. En la revista conocemos más casos de negocios en su misma situación. Y sobre ellos está escribiendo mi compañero Javier Escudero.

Pero esto es meterme en un jardín más oscuro del que pretendía.

Además, eso de que no hay dinero privado es relativo. Mientras escribía este reportaje, me he encontrado con emprendedores que han emprendido proyectos financiándose con sus sueldos, llevando una vida monacal y pidiendo créditos personales -lo que es duro, pero si quieres dinero…-. Eso es dinero privado, ¿no?

Bueno, que me vuelvo a ir por otros derroteros.

A ver. Dinero hay. De haber escrito este reportaje hace un año, el contenido habría sido diferente, como distinto sería si lo dejáramos para dentro de un año. Mientras escribo estas líneas hay ayudas vigentes que caducan para cuando salga publicado y lo leas, y muchas de las ayudas que están aún vigentes mientras lo lees, y para las que podrías estar en plazo, tampoco te encajan por los requisitos previos que exigen para poder acceder a ellas (como haber elaborado con una institución concreta el plan de negocio, plan que no se hace en los treinta días en los que caduca).

Como, además, todavía no se han aprobado presupuestos para 2014, qué ocurrirá el año que viene es una incógnita. Es así. Algunas ayudas puede que se repitan el próximo año y otras puede que no. Así están las cosas.

Y quien te cuente cualquier otra cosa, te la está intentando colar. No es nuestro negocio.

Tienes que tener en cuenta, además, que las condiciones de las instituciones que conceden créditos se han endurecido y se van a endurecer aún más. Un proyecto que, por ejemplo, consiguió un préstamo participativo de la Empresa Nacional de Innovación hace dos años, éste año y, casi con toda seguridad, el próximo también, no conseguiría ahora financiación de este organismo tan fácilmente.

Lo mismo se aplica a los proyectos tecnológicos que hasta ahora recurrían a los fondos Neotec del Cdti. También se han endurecido las condiciones y se han introducido nuevas cláusulas que penalizan una venta temprana. Eso por no hablar de que la última palabra la tiene el banco por el que tienes que pasar sí o sí y que puede hacer que ese Neotec se esfume. Y quien dice Neotec, dice ICO.

Hemos decidido incluir sólo lo que funciona de verdad. Y para eso hemos preguntado a asesores de entidades públicas y a inversores privados off the record para que fueran sinceros. Y les hemos preguntado para todo tipo de negocios.

¿La verdad del mercado? Todo depende de dónde vayas a emprender y en qué sector. Las ayudas económicas y no económicas dependen de cómo funcione tu Agencia de Desarrollo Local o tu Agencia de Desarrollo Regional. Decimos económicas, porque sí existen oportunidades locales, pero dependen de la zona. Si vas a emprender en Tarragona, por poner un ejemplo al azar, a lo mejor te interesa montar tu empresa en La Canonja, donde el Ayuntamiento ofrece una ayuda de 700 euros mensuales por persona contratada para un nuevo proyecto que salga de la Bolsa de Empleo del consistorio. Está claro que la mano de obra te tiene que encajar, y que no puedes seleccionar esta ubicación sólo por la ayuda, pero a igualdad de condiciones…

Puede que tu ADL no funcione especialmente bien -y no porque sean malos, sino porque quizá estén especializados en un perfil muy concreto de emprendedor-, y te tengas que ir a la de la ciudad más cercana. Y no pasa nada.

Y depende también de la forma jurídica y de la zona en la que abras esa empresa con esa forma jurídica. El apoyo a las cooperativas ahora mismo en Euskadi a mi, que ya sabes si me lees que no sé hacer la o con un canuto y que no tengo espíritu emprendedor, me parece la opción más interesante… o la única si emprendiera allí. Puedes, incluso, acceder a financiación, pequeña, pero quizá suficiente para tu proyecto. Ya sé que los expertos en creación de empresas dicen que la forma jurídica no es tan importante, pero…

Después de hablar con los responsables de instituciones, con emprendedores en activo y con aspirantes a emprendedores, creo que la clave está en la profundidad del abismo que separa en qué esperas tú que te ayuden y en qué necesitas, de verdad, que te ayuden y en qué pueden ayudarte

Si vas a abrir una tienda de accesorios deportivos de segunda mano en un polígono industrial, como que poca ayuda vas a recibir.

Aunque tengas 45 años.

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20/Agosto/2013

La doble moral del sistema

fabricaOK

Siempre he dicho que las empresas se montan para ganar dinero. Para lo ‘otro’ ya están las ONG. No obstante, no hay que tomarse estas dos frases al pie de la letra. Se pueden hacer matizaciones, muchas.

No creo en esos que dicen que montan una empresa ‘para cambiar el mundo’. El mundo se cambia de muchas formas, pero no creando negocios.

No seré yo quien tire piedras sobre mi propio tejado. Siempre he defendido a los que emprenden, porque arriesgan muchas cosas: recursos, horas de su vida, horas junto a sus familias, etc. Pero también soy muy crítico con todos aquellos que quieren hacerse ricos a costa del esfuerzo de muchos otros. Como en cualquier aspecto de la vida, todo no vale para conseguir un fin.

Estas sencillas y mortales reflexiones las hago tras cerrar el reportaje que publicaremos en nuestro número 192, de septiembre de 2013, sobre la relocalización… un ¿bonito? palabro que viene de la mano de la famosa deslocalización, que tan de moda se puso hace unos años cuando cientos de empresas de todo tipo y pelaje, al grito de ‘emprendedor el último’, hacían las maletas buscando nuevos mercados en los que ubicar sus fábricas con la excusa de ser más competitivos. Ahora (bueno hace ya un tiempo), aparece la relocalización, que es la reubicación de esos centros de producción buscando nuevos mercados para seguir siendo más competitivos.

Hasta ahí, todo bien cuando las empresas asumen estrategias en torno a la competitividad. Pero, ¿por qué llamamos competitividad a una actitud, un proceso, un … que busca ahorrar costes por encima de cualquier cosa? Y vuelvo al principio: todo no vale para conseguir un fin.

Cuando las empresas de medio mundo salieron a conquistar China (sin darse cuenta que iba a ser China la que nos conquistaría a nosotros) sólo buscaban fabricar más barato, ¿a costa de qué? de explotar a miles de trabajadores en condiciones laborales infrahumanas con sueldos de miseria. Se pueden hacer miles de matizaciones, pero eso se llama esclavitud. Con el tiempo las condiciones han cambiado y ahora esos costes irrisorios han aumentado (poco, pero lo han hecho) y muchas de aquellas empresas, que salieron para ser más competitivas, buscan ahora (y han encontrado) a otras ‘Chinas’ y han conseguido instalar sus fábricas en Bangladesh, India, Vietnam…, sin pararse a pensar (o tal sí) que en esos países también viven personas que, para poder comer, trabajarán en lo que sea y en las condiciones que les impongan.

Pero esto no podría acabar echándole la culpa sólo a las empresas. Nosotros, la sociedad, los consumidores, también somos responsables de esa tiranía laboral. Se nos ponen los pelos de punta cuando vemos (eso sí, porque si no vemos un vídeo parece que no es real lo que nos cuentan los medios escritos) en un informativo a niños de muy pocos años que trabajan confeccionando ropa o fabricando muebles o pintando objetos en condiciones insalubres. O fábricas atestadas de personas que trabajan, comen, duermen y… allí. Pero esas imágenes se nos olvidan a los dos minutos, cuando vamos a comprar productos en la Europa ¿civilizada?, que la mayoría han sido fabricados en aquellos países y por aquellas manos.

Con esto no digo que no compremos productos procedentes de aquellos mercados. No es una cuestión de defensa nacional. No van por ahí los tiros. Sino que deberíamos exigir a las marcas que cumplan con los derechos humanos, con la dignidad de los trabajadores y que informen a los clientes (en las etiquetas, con campañas o como se les ocurra) de la procedencia de sus productos, cómo y de qué forma se han fabricado para que podamos decidir si los compramos o no. Hay marcas que ya lo hacen, pero la mayoría no. Y no basta con poner una leyenda que diga ‘se han respetado los derechos humanos…’ De esta manera, estaríamos ‘obligando’ de forma subjetiva a que mejoraran las condiciones laborales de aquellos países. Suena a los ‘mundos de Yuppi’, pero sólo se pueden conseguir cosas siendo activos. Empezando por mi, a partir de ahora, miraré muy bien dónde y qué compro.

Ah, por cierto, espero que os guste el citado reportaje…

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5/Agosto/2013

Cómo crear mensajes que emocionen para impulsar tu marca

Entierro

Las grandes marcas son especialistas en crear contenidos que emocionan y generan afinidad con sus potenciales clientes. ¿Cómo crean estos mensajes y qué puedes aprender de ellas?

Hace unos días, me lo explicaban así dos profesionales que están detrás de los mejores anuncios de publicidad emocional de los últimos años: Marta Palencia, de la agencia Sra. Rushmore (Aquarius, Coca-Cola, ING…) y Raquel Martínez, de McCann Erickson (Campofrío). “Trabajamos con insights, que tienen que ver con valores. Estos valores no cambian mucho con los años: amistad, seguridad, honestidad… Y también con tendencias, lo que preocupa en un país y en el mundo en cada momento”.

Al consumidor actual le preocupa la crisis económica, el futuro incierto, la pérdida de valores y de derechos sociales… De ahí hayan surgido últimamente tantas campañas que intentan levantar el ánimo a los españoles (como Cómicos o el currículum de Fofito de Campofrío), que nos dicen que hay que reinventarse y buscar el triunfo aunque fracasemos con nuestros proyectos varias veces (Pon tu cuentakilómetros a cero, de Mercedes-Benz), que seamos solidarios con un sector (los bares) que ha significado tanto en nuestras vidas y que ahora lo está pasando mal (Benditos Bares de Coca-Cola)… Son mensajes con los que las marcas intentan decirnos que saben cómo nos sentimos, que nos comprenden y que ellas también quieren arrimar el hombro. Para empatizar con el público. Podéis leer mucho más extensamente sobre todo esto en el reportaje que publicamos en el número de agosto de la revista.

Aquí me gustaría aprovechar para compartir una información que no se publica en el reportaje, por falta de espacio, y que posiblemente es la más adecuada para los lectores de Internet, porque son los que más se viralizan: los mensajes llamativos (y a menudo controvertidos).

Una forma de hacerlo es rompiendo esquemas. Raquel Martínez me hablaba de la campaña Dumbs way to die (Maneras tontas de morir) creada por McCann Melbourne para reducir la muerte de jóvenes por atropellos de trenes (por consumo de alcohol). Una campaña que han visto diez millones de personas en Youtube porque presenta este hecho de forma divertida y con personajes de animación. Nada que ver con las escenas reales y trágicas a las que estamos acostumbrados por parte de la DGT en España.

Y Marta Palencia me decía que las emociones negativas son una forma muy poderosa de llamar la atención, pero que tienen su riesgo. Por eso, muy pocas marcas se atreven a ello. Una pena porque “son campañas memorables, funcionan muy bien y se traducen en ventas”, según esta profesional. Para que triunfen, es fundamental transformar esa emoción negativa en algo positivo. Aquí os dejo algunos buenos y malos ejemplos.

El suicidio. Hyundai ha tenido que retirar un anuncio en Reino Unido en el que utilizaba el intento fracasado de suicidio de un hombre. La idea era demostrar las ventajas de un modelo propulsado por hidrógeno. Al no disponer de gases contaminantes, el intento de suicidio por inhalación de monóxido de carbono no es posible.

La locura y la muerte. En cambio, Aquarius y Coca-Cola saben utilizar emociones negativas con mucho éxito. Transformándolas en valores y emociones buenas. Lo hizo Aquarius con un spot protagonizado por enfermos mentales que participan en el programa de radio La Colifata (de Argentina). “El ser humano tiende a la felicidad, la tranquilidad, la serenidad… Lo que transmitía La Colifata es un mensaje de esperanza. Si estos señores que tienen una enfermedad son felices con un programa de radio, qué haces tú rasgándote las vestiduras. Tienes muchos motivos para ser feliz”, me explicaba Marta Palencia.

Y añadía: “Con Coca-Cola hemos hablado incluso de la muerte. El spot Entierro empezaba, ¿te has preguntado alguna vez quién asistiría a tu funeral. Se ve una procesión a la que se va uniendo gente, superhéroes… ver quién te gustaría que te acompañase en un momento así, para lanzar el mensaje que nos interesaba: vive la vida, comparte, lo que hagas en la vida es lo que recogerás en el último momento. Hablar de la muerte para ensalzar la vida”.

El perdedor. Otra de las posiciones a las que se resisten las marcas y que es muy recurrente en la publicidad del Atlético de Madrid. “Una de ellas, utilizando la cola del paro, en la que hay mayores de 50 años, que son los que más están sufriendo el paro. Llega un joven, abre el ordenador, y los demás empiezan a marcharse, como pensando, no tenemos nada que hacer. Se queda uno que se levanta y parece que se va a marchar, pero no lo hace. La imagen muestra que es del Atlético. El mensaje: ser del Atlético te hace más fuerte. Siempre hemos sido perdedores, pero somos luchadores. Hay marcas que son así también, pero no quieren anunciarse desde la postura del perdedor”.

Son todas ideas que cualquier pyme puede intentar aprovechar en su propio beneficio. Siendo valiente. En el tema os contamos dos ejemplos muy reales: el de colchones DESS y su campaña Caja de Ahorros mi colchón, una empresa de Salamanca que trabajó con la idea de volver a guardar el dinero debajo del colchón (por la desconfianza del consumidor en los bancos) y creó un colchón con caja fuerte. No tenían pensado venderlos, claro. El objetivo era llamar la atención y vaya si lo consiguieron: 74 medios de todo el mundo se hizo eco de la campaña.

Otro ejemplo de emprendedor lanzao es el de Héctor Fáfales, ceo de Imprenta online, una empresa que vende sobres, tarjetas de visita, catálogos… y que ideó el Sobre Bárcenas, un sobre cualquiera que sirvió para mejorar su posicionamiento en Google gracias a la viralidad que generó en las redes sociales. 

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