27/septiembre/2013

¿Y si ¡yo acuso…!?

Falta-de-liquidez

Ni soy Zola ni pretendo serlo. Ni este es el caso Dreyfus, ni vivimos a finales del sigo XIX. Sería por mi parte muy pretencioso, populista y demagogo –todo junto– si pretendiera copiar el J’Accuse…! Lettre au Président de la République, que el diario L’Aurore publicó en su edición del 13 de enero de 1898.

Pero me voy a permitir la licencia de expresar mi opinión –para el que quiera leerla– sobre un problema que afecta, cada vez más, a cientos de empresas. Me refiero al estrangulamiento financiero que están sufriendo muchas empresas que no tienen quién les financie la liquidez. Un tema tan dramático, al que le hemos dedicado nuestra sección de ‘Entorno y tendencias’ del número 193, de octubre de 2013.

Es un problema que está llevando a cientos y cientos de empresas –ahí están los estudios publicados– a entrar en concurso de acreedores y, a muchas de ellas –ahí están las estadísticas–, a acabar en liquidación. Y eso implica, evidentemente, empresas cerradas y sus trabajadores, a la calle.

Y la culpa, si la cosa va de buscar culpables, es de todos. No creo que sea sólo de los bancos, porque no dan crédito; o que sólo sea de las empresas, porque no han hecho bien sus deberes de tesorería; o de la Administración, porque toma medidas, como quien dice, ‘tarde, mal y pronto’. Lo matizaré por partes:

Por mucho que lo revistan y lo maquillen con notas de prensa, anuncios publicitarios…, la banca española ha reducido la cantidad de dinero que presta a las empresas. Se puede decir de muchas formas, pero la realidad –y los datos del Banco de España así lo dicen– es esa. Incluso hace unos días –según publicaba El País–, “la famosa troika (compuesta por el BCE, el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea), el Supervisor Bancario Europeo y un representante del Tesoro español, realizaron un severo interrogatorio a la banca por su comportamiento ante este problema. En el documento titulado ‘Temas de discusión con los bancos’, al que ha tenido acceso este periódico, los hombres de negro realizaron hasta seis preguntas específicas sobre la financiación a las pequeñas y medianas empresas”. O sea que no es sólo una percepción mía ni tampoco una obsesión de las pymes españolas, sino que en Europa y allende los mares, también lo ven así.

Es cierto que se presta dinero, pero menos, mucho menos, y además más caro y en condiciones más duras que antes –y así lo recogen informes, por ejemplo, del Consejo Superior de Cámaras de Comercio y algún que otro informe económico del propio Banco de España y de la Unión Europea–. Es también cierto que los bancos no son hermanitas de la caridad –el que lo piense o crea que deberían serlo es muy inocente–. Los bancos ponen dinero allí donde van a rentabilizarlo. Y con esa mentalidad, prestan dinero allí y donde consideran que lo van a recuperar con ganancias.

¿Puede y debe ser esto criticable? Pues depende, porque el negocio de los bancos es más antiguo, casi, que la vida, y nadie se ha planteado o ha podido cambiarlo. Pero, ¿puede y debe ser criticable que los bancos no presten (o presten menos y en condiciones más caras) cuando han recibido ayudas públicas de miles de millones de euros para su saneamiento? Pues no se si será criticable, pero a mi personalmente, sí. Al menos, me parece amoral. Como me decía el otro día un empresario muy conocido: “¿Qué hubiera pasado si los más de 61.000 millones de euros –de los que más de 30.000 se dan por irrecuperables– que ha recibido la banca como ayuda para su saneamiento se hubieran destinado a financiar la liquidez de las pymes españolas? Pues eso, ¿qué hubiera pasado? Tirón de orejas a la banca para que ABRA, en mayúsculas, de una vez por todas, y de verdad, el grifo del crédito.

Ahora a las empresas. Las pymes españolas no son las convidadas de piedra de esta historia; son protagonistas. Es cierto que ese estrangulamiento financiero lo están y lo han sufrido muchas, cientos… no hay cifras oficiales al respecto [pero quién no conoce a un amigo que tiene a un amigo o un familiar que trabaja en una empresa que se las ve y se las desea para poder salir adelante día a día debido a desfases bestiales de tesorería. Y para los más escépticos, pueden revisar diferentes informes que señalan el descenso del número de empresas que acceden a créditos, el descenso del número de empresas a las que se les deniega el crédito, el aumento del número de empresas que entran en concurso de acreedores, etc]. Es un problema real, que está ahí.

En los últimos tiempos, se nos ha llenado la boca (administraciones, empresas, medios de comunicación, particulares y todo bicho viviente) con el emprendimiento, como la llave secreta para solucionar todos los problemas, y en esa carrera por quién lo decía más fuerte, más alto y más rápido, nos hemos olvidado o ignorado de qué pasa con esas empresas que llevan años operando en el mercado, que han sido viables y rentables y que se les deniega la financiación para que puedan seguir creciendo.

Ahora bien, es cierto y necesario decir, que hay empresas –de esas que ahora están mal– que no han sabido o no han querido modernizarse, no han querido o no han sabido innovar, no han querido o no han sabido invertir en tecnología y desarrollo, etc., y que mientras había dinero en el mercado, es decir, que los bancos aflojaban pasta, renovaban pólizas, ampliaban créditos y demás productos financieros, no se preocuparon de planificar, analizar, estudiar, calcular y prever qué pasaría en el momento en el que los bancos dejaran de respaldarlas financieramente…, de si serían capaces –no ya de crecer sino– de poder sobrevivir. Y ahora, cuando los bancos han dejado el grifo goteando, se ven con que no encuentran financiación, porque sus negocios –que antes funcionaban o parecía que funcionaban– ya no son rentables ni viables.

Pero también hay otro tipo de empresas, ahogadas financieramente, que, aunque sí hicieron entonces los deberes (sí innovaron, sí se modernizaron, sí invirtieron, sí se internacionalizaron, etc.) ahora no encuentran quién les financie su liquidez. Y a éstas son a las que habría que ayudar, que son las que generan empleo, riqueza, modernidad, innovación… El problema de este tipo de empresas es que, unas, operan en mercados en los que las reglas de juego son las que son y tienen poco o nulo margen de poder cambiarlas: pagar al contado y cobrar a 90-120 días, como mínimo. Y para poder hacer frente a esos desfases de tesorería necesitan contar, sí o sí, con financiación externa. Otras decidieron arriesgarse a crecer sin valorar –o tal vez, sí– los riesgos de ese crecimiento. Porque, como señalan los expertos, “crecer está muy bien y vender, cuanto más, mejor, pero eso conlleva riesgos, muchos riesgos”. Hay una regla que dice que cuanto más vendes más dinero necesitarás para financiarte. A mayores ventas, más recursos necesitarás y, por ende, más dinero para financiar esas inversiones. Y ahí la estrategia o estrategias pasan por valorar si merece la pena y a qué precio interesa crecer por crecer. En los tiempos que corren, tal vez, sea más razonable intentar ser viable que buscar altas cotas de rentabilidad. Y en ese dilema se debe valorar si todos nuestros clientes nos interesan para nuestro negocio, si todas nuestras líneas de negocio son rentables y/o viables, etc.

[Por cierto, una de las entrevistas que hemos hecho para el citado reportaje sobre estrangulamiento financiero fue a José Ramón García, cofundador y presidente ejecutivo de la multinacional gallega Blusens, que ejemplariza esa paradoja y a ese colectivo de empresas que innovó, creció, invirtió… Blusens nació hace 10 años con tan sólo 3.000 euros de financiación y, en el peor momento de la crisis, consiguió facturar ¡60 millones de euros! y estar presente en más de 20 países. Y ahora se encuentra en preconcurso de acreedores, después de que los bancos les cortaran las líneas de financiación. Para no perder detalle y conocer en profundidad lo que le ha pasado a esta empresa y qué está haciendo para salir de esa complicada situación, ofrecemos en nuestra web la entrevista completa, en formato pregunta-respuesta].

Siguiendo con la parte de culpa de las pymes, también es cierto que tradicionalmente han dependido financieramente de los bancos. Esa bancarización es typical Spanish –al estilo del relaxing cafe–. El porcentaje de bancarización de las pymes españolas supera el 70%, mientras que en otros países esa cifra baja al 20 o incluso menos. Tradicionalmente, aquí no ha habido una mentalidad de buscar fuentes alternativas de financiación, por miedo a ‘meter a un extraño en mi empresa’. Y ese miedo de ser cierto no es del todo correcto, porque hay inversores privados que sólo meten dinero en las compañías y otros que quieren intervenir en el día a día de una organización, pero también los bancos, aunque no participen en la toma directa de decisiones de una empresa, sí les condicionan sus decisiones desde el minuto uno que les han prestado dinero. La solución a la desbancarización pasa por buscar dinero en otro tipo de inversores privados, como familiares, amigos, capital riesgo, business angels, crowdfunding, inversores industriales, proveedores, e incluso, competidores; sin olvidar, que en muchos mercados también pueden financiarnos los propios clientes.

Una de las pocas cosas claras que deja la crisis es que los negocios ya no se podrán hacer como antes. No fluye el crédito. Y como eso es así, las empresas deben cambiar su forma de hacer negocio. De nada sirve que las grandes empresas expriman a las pequeñas con condiciones de cobro y pago leoninas. Las dos se necesitan mutuamente. Y sin esa mentalidad, el negocio de las grandes será ‘pan para hoy y hambre para mañana’. En esa misma línea, la competencia es necesaria, pero también la coopetición: competir cooperando. Frente a la actual concentración empresarial, la mejor forma de hacer crecer los mercados es a través de la coopetición, de buscar acuerdos entre empresas del mismo o de diferentes mercados para hacer que el pastel sea más grande.

¿Y la Administración? ¿qué puede y debe hacer? En mi humilde opinión, creo que no ha hecho todo lo que debería haber hecho. Son los que pueden presionar a los bancos para que suelten prenda y abran el grifo y suavicen las condiciones de concesión de créditos; son los que pueden mejorar la fiscalidad de las empresas con normas más beneficiosas de las que hay para la creación y consolidación de las empresas; son los que pueden ayudar, defender y proteger a esas empresas que son viables y rentables y que crean riqueza y empleo.

Precisamente, para el reportaje del que hablaba al principio de este post, buscamos la opinión del Gobierno, a través del Ministerio de Economía, para saber qué estaban haciendo y qué habían hecho para promover y potenciar el acceso al crédito de las pymes.

La misión fue compleja, cuando no revestía complejidad alguna. Les enviamos siete preguntas por email (ese parece ser el procedimiento) y, después de 13 días de espera, y tras ‘presionarles’ con que teníamos que cerrar el citado reportaje, sólo recibimos contestadas tres, de las que una no contestaba a lo que preguntábamos. De las otras cuatro, nada. Y que conste que las preguntas eran sencillas.

La primera pregunta que le trasladamos al Ministerio versaba sobre ese estrangulamiento financiero que están sufriendo muchas pymes y de qué forma estaba ayudando el Gobierno para solventarlo. La respuesta fue ésta: “El Gobierno trabaja en distintas líneas para favorecer que el crédito vuelva a fluir a las empresas españolas. Por un lado, ha llevado a cabo un intenso saneamiento del sector financiero con el objetivo, entre otros, de que los bancos estén en disposición de ofrecer financiación a medida que se consolida la recuperación económica. Las entidades españolas realizaron el año pasado un esfuerzo de capitalización de 130.000 millones de euros. Además, el Ministerio de Economía ha llevado a cabo varias acciones concretas para favorecer la recuperación del crédito. Selló un acuerdo antes del verano mediante el cual las entidades españolas se comprometían a relanzar el crédito a pymes con 10.000 millones adicionales en financiación, se han reforzado las líneas ICO (22.000 millones) y se ha alcanzado un acuerdo entre el ICO y el banco público alemán Kfw para fomentar el crédito a pymes (800 millones de euros). Desde el punto de vista regulatorio, se va a modificar la definición de pyme (de 50 empleados a 250), a través de una circular del Banco de España, lo que va a facilitar el acceso de las pymes a nuevos créditos ya que se reduce el consumo de capital bancario de este tipo de préstamos. Asimismo, el Gobierno está impulsando varias medidas legislativas para potenciar la financiación no bancaria de las empresas: creación del mercado de renta fija para pymes, fomento del capital riesgo (el ICO ha impulsado un fondo con una dotación 1.200 millones y una capacidad de apalancamiento de tres veces), nuevas líneas de avales para la internacionalización y potenciación del funcionamiento del Mercado Alternativo Bursátil, entre otras iniciativas. Además, existe un consenso en la zona euro para potenciar el papel del Banco Europeo de Inversiones y orientarlo mayoritariamente hacia pymes a través de instrumentos de nueva creación”.

En la respuesta del Ministerio de Economía se dicen muchas cosas, pero –creo que– poco efectivas, porque, según datos del Banco de España (que recogemos en el citado reportaje), el crédito a pymes sigue bajando, situándose en los bajos niveles de 2006. Además, según datos de las Cámaras de Comercio, el número de empresas que accede a esa financiación también sigue bajando porque cada vez se endurecen más las condiciones que imponen los bancos. Y esa realidad la confirma, además, un informe del propio Banco de España. Sin olvidar que el Gobierno sigue insistiendo en el papel que juega el ICO, cuando este organismo es un mero proveedor de fondos para las entidades bancarias, que son las que deciden siempre en última instancia si conceden o no los créditos a las empresas.

Faltan muchas respuestas a este problema. Ahora le toca a otros mover ficha.

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Publicado en la categoría: Emprendedores,Javier Escudero

4 Comentarios Añade un comentario

  • 1. Charly R-D  |  28 de septiembre de 2013 a las 11:48

    Dejo pequeñas píldoras a su estimulador artículo.
    Existe una ley de morosidad comercial que PROHIBE pagar a mas de 60 días a las empresas.
    Aún así usted puede emitir pagarés o letras de cambio a mas plazo. Son ejecutivas. Esto es incongruente, pero existe. ¿Qué debería hacer un banco cuando un cliente le presenta un pagaré a 70 días como cobro de una factura?
    La administración publica según esta ley tiene PROHIBIDO pagar a mas de 30 días. Pero lo hace. Y lo hace sin emitir en el 95% de los casos títulos negociables como pagaré o letra.
    La bancarización de la que usted habla viene en una grandísima parte por esta financiación de circulante.
    En cambio la bancarización de otros países de utilización de los medios bancarios para realizar su financiación a Largo Plazo y mediar entre sus cobro y pagos, es una de las cosas de las que mas huyen las pymes. ¿por qué? Para huir de los medios que tendrían el fisco de contrastar los impuestos que presenta.
    Esto en esos paises del 20% de bancarización es impensable.
    Los americanos (en otras cosas seguro que no, pero en negocios de pymes nos pueden enseñar todo) definen los 3 roles obligatorios a desempeñar en todo negocio.
    Vender(marketing), entregar(logística-producción) y contar (administración-finanzas-gestión).
    ¿Está usted seguro que en el tercer rol la pyme española ha evolucionado? Ya le digo yo que ha involucionado.
    ¿Qué relación tiene una pyme con su gestor de impuestos, su asesor laboral, su asesor contable, su asesor legal, su asesor financiero, etc…?
    No contratan sus servicios, en el 95% de los casos delegan la responsabilidad. Y como usted sabe las responsabilidades son indelegables por definición.
    Para terminar, dos cosas mas.
    Lo peor que puede hacer una pyme es endeudarse sin saber como va a devolverlo. El 90% de las pymes que piden un crédito no explican como van a devolverlo, de donde va a salir el cash flow necesario. En muchas ocasiones ni saben que és ni saben de donde sale.
    En la normativa fiscal española no es desgravable la provisión por indemnización por despido. A medida que un trabajador acumula antigüedad acumula los famosos 20,30 45 días por años de derecho a indemnización.
    Esa contingencia no está recogida en ninguna contabilidad de pyme española. La que lo haga, si es auditada tendrá problemas.
    Esto quiere decir que una pyme que llevaba 8 años trabajando en tiempos de bonanza no tuvo en cuenta que los beneficios que generó y por los que pago al fisco no tenían en cuenta las millonarias indemnizaciones que tenía que pagar por reducir la capacidad instalada en su negocio. Son esos los costes que ahora se pide que la banca financie: Imposible.

    Mi respuesta no ha sido muy ordenada pero espero haber arrojado alguna nota de reflexión.

  • 2. Javier Escudero  |  30 de septiembre de 2013 a las 9:03

    Gracias Charly, por tus sabias y acertadas reflexiones. Nuestra sociedad, en general, y las empresas, en particular, adolece de conocimientos contables y financieros. Las soluciones pasan por un cambio de mentalidad en la forma de hacer negocio y una mayor formación en conceptos financieros. Con eso tendríamos mucho ganado.

  • 3. Ray O. Ward  |  2 de noviembre de 2013 a las 16:48

    Nueva línea para atender las necesidades de financiación de capital circulante de pymes y autónomos. Se establece comoplazo de amortización el de 3 años, incluidos 6 meses de carencia de principal.

  • 4. Cedeweb  |  6 de noviembre de 2013 a las 0:25

    La cuestión de las finanzas siempre será un crucigrama para las empresas; pero es menos complicado identificar la personalidad financiera y después actuar en obtener los beneficios. Para una buena administración, consulte este material [[http://cedeweb.com/beneficios-color-en-la-administracion-de-negocios/ ]]
    Si desea conocer más sobre el emprendimiento puede verlo aquí [[http://go.mrclic.com/p1_1.html ]]

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