10/febrero/2014

La ley no es igual para todos

Balanza

‘La ley no es igual para todos’. No desvelo nada oculto con esta afirmación. Los ejemplos están a diario en los medios. Pero no voy a hablar de casos de desigualdad jurídica en sanidad, en vivienda, en educación, etc., que los hay a cientos, sino de desigualdades en el ámbito fiscal en las empresas.

Hace unos días, diferentes medios de comunicación publicaban (más bien ‘confirmaban’) lo que era una realidad a gritos: que los grandes de Internet pagan una ridiculez en impuestos a Hacienda.

La noticia venia a decir que, entre Google, Apple, Amazon, Facebook, Microsoft, Yahoo y eBay, sólo pagaban poco más de 1,2 millones de euros a la Hacienda española. Estas empresas, que presumen de ser innovadoras y modernas, subrayan que cumplen escrupulosamente con la legislación fiscal española.

Y será cierto que lo hacen. No seré yo quien diga lo contrario. Pero una cosa es cumplir la ley y otra bien distinta es conocerse todos los entresijos financieros y fiscales para llevarse la mayor parte de sus facturaciones y beneficios a países como Irlanda o Luxemburgo, con tributaciones más bajas.

Yo, a eso, lo llamo competencia desleal. Cuando una empresa menosprecia (porque tiene grandes recursos para hacerlo) y pisotea las normas más básicas de convivencia empresarial, significa que no juega limpio. Luego arreglan sus malas conciencias con políticas de responsabilidad corporativa.

Nos llevamos las manos a la cabeza cuando utilizamos el ejemplo de China y otros países asiáticos, que oprimen, laboral y salarialmente, a sus trabajadores, para argumentar que las empresas españolas no compiten con aquellas en igualdad de condiciones. Pero vemos como normal, incluso como innovador, que las grandes multinacionales se pasen las leyes fiscales por el forro.

¿Y de quién es la culpa? ¿De esas empresas? En un sistema económico como el actual, donde todo vale, lamentablemente, este tipo de compañías están concienciadas que lo que hacen forma parte de las reglas del juego del propio mercado y no se plantean cuestiones morales. Como tampoco se las plantean aquellas multinacionales que derivan sus fabricaciones a países donde se explota a los trabajadores. Ademas, siempre pueden ‘lavar’ sus conciencias con campañas de responsabilidad social corporativa.

Y si hay que buscar responsabilidades, yo señalaría dos. Una sería la de la Administración Pública, que es quien debe velar por los intereses del colectivo y, en ese sentido, debería cambiar y adaptar ciertas leyes fiscales, laborales, mercantiles y administrativas para controlar los ‘tejemanejes’ de las grandes corporaciones.

Y un segundo culpable sería un colectivo: todos nosotros, que ensalzamos, alabamos y vanagloriamos a todos estos gigantes, cuando no nos damos cuenta –o no nos queremos dar cuenta– que se están miccionando –por decirlo del modo más fino– en nuestra propia comida.

La semana pasada, hablando con un amigo, que tiene una empresa desde hace más de 20 años, me decía con lágrimas en los ojos que estaba con el agua al cuello (como muchos otros) y que veía que, tarde o temprano, tendría que cerrar su empresa (como muchos otros), que tanto le había costado levantar (como muchos otros). Su problema, el de tantos emprendedores: sus clientes no le pagaban porque a esos clientes no les pagaban los suyos, porque los bancos les habían cerrado las líneas de crédito… y ahora se encontraba con que no podía hacer frente a todos los pagos que había contraído. Me contaba cómo se había visto obligado a despedir en estos años, uno a uno, a la docena de trabajadores que había tenido, porque no le llegaban las cuentas para pagarles. Me decía también cómo Hacienda y la Seguridad Social le tenían asfixiado, con pagos, impagos, aplazamientos de deuda y demás. Y me contaba también que el dichoso IVA estaba acabando con su vida, porque antes tenía que pagarlo aunque no lo hubiera cobrado de sus clientes, y ahora, con el nuevo régimen del IVA de caja, estaba en las mismas, porque esa medida no afecta a las grandes empresas, algunos de sus principales clientes. Me confesaba, además, que se sentía un panoli porque siempre había respetado escrupulosamente la ley (como muchos otros emprendedores), pagando cuando tenía que pagar y tributando cuando tenía que hacerlo y que, tal vez, si no lo hubiera hecho, ahora estaría mejor. Su frase lapidaria fue: ‘Al final, la Administración nos ‘obliga’ a que defraudemos’.

A este hay que sumarle tres casos sangrantes, y que no puedo dejar pasar. El primero, la subida de la cuota de autónomos. Me decía otro amigo que, en su caso, ha pasado de pagar 256,72 euros al mes a 314,40 euros. Es decir, ¡como no tienen problemas los autónomos!, otra subida. El segundo caso sangrante es la presentación obligatoria de las declaraciones del IVA por Internet, lo que ha generado un caos de órdago entre la Administración y los ‘declarantes’, que se ven con multas futuras. Y el tercer caso sangrante es el que tienen que afrontar cientos de empresas multadas por no cumplimentar cuestionarios que les envía el Instituto Nacional de Estadística. Las multas van hasta los 30.050 euros.

Analizando los dos casos, el de las grandes compañías tecnológicas, adalides de la ‘nueva empresa’, y los de mis amigos autónomos (que es el de tantos y tantos emprendedores), afirmo que las leyes no son iguales para todos.

  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest


Publicado en la categoría: Emprendedores,Javier Escudero

6 Comentarios Añade un comentario

  • 1. dipepsa  |  10 de febrero de 2014 a las 20:54

    Por desgracia las cosas son así, contra más fuerza o más importante es la empresa, mejores condiciones tiene para negociar. No hay forma de evitar esto, tienen mucho potencial y correr el riesgo de exigirles más no pasa por ser una medida viable.

  • 2. José Luis  |  28 de abril de 2014 a las 9:20

    “Este país es disuasorio”. Dicho por un empresario alemán que pretendió invertir en España. Finalmente se llevó su dinero a Hungría.
    Recientemente una persona trató de abrir una símple academia de idiomas en una localidad del País Vasco. Emprendedor. Las trabas y gastos se fueron sumando. Llegó al colmo cuando el ayuntamiento le pidió un certificado de cambio de actividad (el local había albergado otro negocio antes). Un certificado que había de ser expedido por el propio ayuntamiento y le pidieron 500 euros por él. Desistió.
    Gracias a este espíritu disuasorio no hay academia de idiomas y el local está vacío. No hay renta hacia el propietario. No hay profesores contratados, no hay pintores, carpinteros o albañiles que hayan adaptado el local, no hay electricistas que hayan puesto una instalación, no hay técnicos en sistemas que hayan instalado los equipos informáticos, ni tampoco estos se han comprado, no hay nuevas líneas telefónicas ni de ADSL, no hay alumnos… Todo por una Administración disuasoria que fomenta el emprendedurismo de palabra para asarles a impuestos.

  • 3. Javier  |  4 de julio de 2014 a las 15:18

    Yo acabo de montar un local y le debo mucho a mi gestor que fue limando cada una de las condiciones para reducir los gastos al máximo sin salirse de la legalidad. Es que se las saben todas para clavarte y como no tengas un buen abogado ni de coña vamos.

    http://www.gblancafort.com/es

  • 4. vibradores lelo  |  13 de abril de 2016 a las 17:14

    Yo estoy de acuarod encesitas un buen gestor de cuentas.

  • 5. Jelqing  |  13 de abril de 2016 a las 17:16

    Es muy importatne un buen gestor de cuentas para llevar una empresa medianamente

  • 6. numero  |  14 de abril de 2017 a las 2:17

    si no hubiera viviriamos en otro mundo

Añadir Comentario

Requerido

Requerido, (oculto)


cinco + = 12

Siga los comentarios en RSS