Posts en la categoría 'Javier Escudero'
18/abril/2013
En los últimos meses estamos asistiendo a una pandemia de seudotalento, de seudoinnovación, de seudoestrategias, de seudoexpertos, de seudogurús que han invadido el planeta emprendedor de falacias y de engaños. Alentados por esa riada de emprendedurismo que todo lo cubre, no hay quien no utilice la palabra ‘emprendedor’ en cualquier reunión de trabajo o charla informal. Da igual que uno sea político, bombero-torero o tornador-fresador. A este paso, llegará el día que veamos a Iker Jiménez presentando “el-caso-de-un-funcionario-que-quería-emprender” (y eso en un plató de televisión en penumbra y con una musiquita de violines, acongoja).
Bromas aparte (si es que la tiene… para mí no), esta fiebre desenfrenada por emprender (al estilo de los buscadores de oro a mediados del siglo XIX en EEUU) ha generado la aparición de una horda de ‘listos’, de ‘muy listos’ (no se les puede llamar de otra forma), muy al estilo de nuestra tradicional historia de pícaros y truhanes), que contra viento y marea ha conseguido engatusar a muchos incautos (movidos por la necesidad urgente e imperiosa por emprender) con fórmulas mágicas y brebajes nauseabundos con los que conseguirán alcanzar el éxito, sin esfuerzo, sin penurias, de forma rápida e indolora.
Podría asumir que lo único que buscan vendiendo humo es formar parte, ellos también, del propio mercado, pero como no debería valer todo, cuando eso se hace con el único objetivo de engañar, se llama ‘estafa’ y nunca ‘negocio’.
No hay día que no nos llegue a la redacción de Emprendedores una nueva noticia innovadora en torno al mundo de los emprendedores. El circo se amplía y los payasos (o los listos) son tantos que no hay pistas suficientes para que puedan actuar.
A este paso, llegará el día (no muy lejano) en el que esto ‘pete’ por algún lado: que la burbuja del emprendedurismo explote llevándose por medio a muchos emprendedores de verdad, que han arriesgado todo (su escaso dinero y sus ilusiones) y que tuvieron la mala suerte de toparse por el camino con uno de esos ‘listos’ que les engañó con sus servicios seudoinnovadores.
Antes de que llegue ese momento, y nos invada el detritus, pongamos un poco de sentido común y llamemos a las cosas por su nombre y no nos dejemos engatusar por esos autoproclamados dioses que predican cansinamente en Twitter y LinkedIn.
Sentido común, mucho sentido común. Y recuerda esa gran reflexión de nuestros padres y abuelos: “Nadie da duros a pesetas”. Emprende con sentido común.
11/abril/2013

Un año más, y van 13 –sino me fallan las cuentas–, estamos ultimando el cierre de nuestro Especial Franquicias, en el que hacemos una selección sesuda y concienzuda de las mejores enseñas para emprender. Cada año es la misma cantinela, pero es cierta: el proceso de selección es complejo y complicado. Evidentemente, no tememos por nuestra vida, pero sí nos da más de un quebradero de cabeza.
Digo que la selección no es fácil, porque en España –como nos pasa con muchas otras cosas– falta una clara reordenación de todo aquello que tiene que ver con la franquicia. Es cierto, que hay legislación al respecto sobre esta fórmula de negocio, pero es escasa y muy generalista. Y lo poco que hay, como el Registro de Franquiciadores, de obligado cumplimiento para toda aquella empresa que opere bajo esta fórmula (con sanciones por incumplimiento, aunque la Administración no actúa como vigilante), está infrautilizado. Es decir, que la ley obliga a todas las empresas que operan bajo franquicia a registrar y actualizar sus datos, pero la gran mayoría (de las que están inscritas) no tienen sus datos actualizados. Y eso impide tener una visión clara y real de cuántas centrales de franquicia operan en España, así como de cuántos establecimientos propios y franquiciados hay.
Aún así, las diferentes consultoras de franquicia hacen el esfuerzo de recabar año tras año datos y más datos y, entre unas y otras, calculan que puede haber entre 800 y 1.000 enseñas. Lo más curioso de esto es que, incluso, hay centrales de franquicia que arremeten contra competidores acusándoles de falsos franquiciadores, como si unos y otros tuvieran el poder divino de decidir qué o quién representa el verdadero espíritu emprendedor. Pero mientras la Administración, que es quien tiene esa potestad, no tome cartas en el asunto (como viene obviando año tras año) no habrá una transparencia total para esta fórmula de negocio.
Mientras tanto, desde Emprendedores, intentamos ofrecer todos los años un especial en el que preseleccionamos –de ese millar– más de 300 enseñas y damos información detallada de 150. No sería del todo sincero si no reconociera que esa es nuestra intención, pero frente a ese objetivo nos encontramos con muchos obstáculos. En primer lugar, la información que damos nos la facilitan las propias enseñas y nosotros las contrastamos con la que tenemos de ellas. Hasta ahí, nada del otro mundo. El problema surge cuando esa información que nos facilitan no es del todo real. Y ahí nos encontramos con dos tipos de franquicias: aquellas que sí nos facilitan datos, que, con sinceridad dudamos de que sean ciertos, y aquellas otras que directamente se niegan a dárnoslos. Y habría un tercer tipo de franquicias –que son las que defiendo por su transparencia informativa–: que son aquellas que sí nos facilitan datos, aunque éstos no sean los más positivos posibles para su cadena. Y en estos casos, con sinceridad, no nos fijamos tanto en si han cumplido o no sus planes de expansión o si han cerrado muchos o pocos establecimientos el año anterior, sino que valoramos más qué estrategias han tomado para solucionar esos problemas.
Y eso es lo que intentamos transmitir a los lectores que quieren emprender formando parte de una red de franquicias: que no deben fijarse tanto (que también) en esos datos (planes de expansión, número de locales cerrados, inversiones, etc.) sino en qué medidas ha tomado o está tomando determinada cadena de franquicias para que su relación con sus franquiciados sea viable y rentable a medio y largo plazo.
Si estás interesado en este tema y quieres saber más, hemos organizado un evento para el próximo 17 de abril, en Madrid.
Y ya sabes: el próximo especial franquicias (el número 13), de mayo de 2013, ya está en máquinas y, pronto, estará en la calle. No te lo pierdas.
1/abril/2013

Os adelanto parte del reportaje que sacaremos en nuestra edición en papel del número 187, de abril de 2013, sobre ‘cómo generar liquidez’. Para ello, me he apoyado (evidentemente en los que saben de esto) en varios expertos en finanzas.
Centramos el tema: mi empresa tiene problemas de liquidez (¡¡¡cuántas no lo tienen!!!). Lo más práctico no es recrearnos en el pasado lamentándonos ‘de lo que pudo ser y no fue’ sino de coger el problema por los cuernos e intentar hacernos con él.
Evidentemente, el primer paso es aceptar que tenemos un problema… obviedad tan grande como un piano de cola. Pero, ¿cuántos emprendedores con problemas de liquidez no quieren aceptar o no saben ver el problema?
La falta de liquidez, dicen los expertos, en la mayoría de los casos, no es puntual, sino que es un problema enquistado en las cuentas de la empresa desde mucho tiempo atrás. Es decir, que no se ve el problema (o no se quiere ver) y cuando se quiere ver es muy tarde. Y las decisiones que se suelen tomar entonces (como siempre) son precipitadas. Ese tipo de decisiones suelen ser huidas hacia delante, que lo único que generan son mayores problemas. Por ejemplo, es muy habitual intentar solucionar (o más bien, tapar el agujero) pidiendo más dinero. Y eso es tirar el dinero a un agujero sin fondo y agrandar más nuestro problema inicial.
Una de las principales causas de ese ‘enquistamiento’ de falta de liquidez se debe a que tradicionalmente –dicen los expertos– se ha gestionado la empresa desde la cuenta de resultados y no desde la caja. ¿Y eso qué significa? La cuenta de resultados es el futuro, es decir, es ‘lo que tendré’, mientras que la caja es el presente, es decir, ‘lo que tengo en este momento en el bolsillo, contante y sonante’… en otras palabras, el cash. Y mientras (hace unos años) había dinero en el mercado (los bancos ‘repartían’ pasta como si les fuera la vida en ello), muchas empresas pedían y pedían créditos para hacer muchas cosas: inversiones, compras, etc. Sin tener en cuenta si sus clientes les pagaban cuándo, cuánto y cómo. La única preocupación era vender por vender y una venta no acaba hasta que no se cobra. Puedes vender 10 productos o cerrar 10 acuerdos, pero eso lo único que te dirá es que tendrás (futuro) X recursos, no que los tengas (presente) ahora. Y como el futuro es imprevisible, puede que te paguen (tarde y mal) o que directamente no te paguen. Y tu mientras has hecho inversiones (el cuento de la lechera) con un dinero que creías que ibas a tener (porque te lo decía tu cuenta de resultados) pero no tenías en el bolsillo (gestión desde la caja). Muchas empresas acaban en concurso de acreedores con cuentas de resultado positivas, pero con la caja llena de telarañas.
Bien. Ahora como ya no hay dinero en el mercado (los bancos no sueltan prenda), muchas empresas se han visto con que no tienen dinero para hacer cosas (inversiones, lanzamiento de nuevos productos, nuevas contrataciones, etc.) ni para pagar sus deudas y es ahora cuando han empezado a aflorar esos problemas de liquidez (¡ojo! que ya estaban).
Pero como el objetivo es ser positivo, ¿qué cosas podemos hacer?
El primer paso –sostienen los expertos– es averiguar dónde está el problema, que no es ni más ni menos que por dónde se nos está yendo el dinero. Para ello, debemos analizar nuestra propia actividad, porque puede que haya algo que no estemos haciendo bien o porque el mercado haya cambiado (evidentemente) las condiciones de juego y nosotros no vayamos al mismo ritmo. Lo más probable es que nuestra actividad no sea rentable: gastamos más que ingresamos. Y para eso, debemos saber nuestros costes (de producto, de clientes, de recursos, etc.). Aquí, aseguran los expertos, se deben (tras los estudios pertinentes) eliminar aquellos productos, servicios, líneas de negocio y clientes que no aportan liquidez, incluso, aunque sean rentables. Y también debemos analizar de dónde proceden nuestros ingresos, de qué tipo son y cuáles son. Y todo esto que puede parecer básico (que lo es) no lo es para muchos emprendedores que desconocen (aunque pueda parecer sorprendente) cuántos clientes y productos tienen, de qué tipo son, cuáles son sus costes, qué les reportan, etc.
Hecho esto, debemos hacer un calendario de cobros y pagos, que no es más que saber qué tenemos que pagar, cuándo y cómo y qué tenemos que cobrar, cuándo y cómo. Esto nos permitirá saber con cuánto dinero contaremos y cuándo para hacer qué cosas. Parece fácil y sencillo, pero no lo es. Aunque una de las cosas que nos ayudarán a que eso sea más ‘sencillo’ es que debemos implantar un sistema de cobros y pagos (muchas empresas no lo tienen) y que sea asumido por toda la empresa. Me contaba uno de los expertos del reportaje que en algunas empresas con las que había trabajado como consultor “el simple hecho de poner a una persona al teléfono para llamar a los clientes para recordarles que tenían una factura pendiente de pagar ya era un paso adelante”. Y esos procesos deben estar estandarizados: con documentos (albaranes, contratos, facturas), con fechas de entrega, pago y cobro, con sanciones por retrasos o por no pago, etc., por si tuviéramos que acudir a la justicia para combatir a los morosos. Y debe ser asumido por toda la empresa, porque de nada sirve que el comercial venda si luego no hay nadie de la compañía encargada de preocuparse por cobrar esa venta.
Y otro tema importante que destacan los expertos consultados es que debemos hacer un ejercicio de cambio de mentalidad acerca de dos conceptos: liquidez y rentabilidad. Es posible y probable que hace unos años (no muchos), la empresas miraran sólo la rentabilidad de sus operaciones, por ejemplo, vendo a 10 una cosa que me cuesta 5. Pero las condiciones de mercado han cambiado y ahora lo que interesa (para subsistir) no es tanto la rentabilidad como la liquidez. Siguiendo el ejemplo anterior: no es tan importante vender a 10 una cosa que nos vale 5 como que vender a 7 o a 8 una cosa que vale 5 si conseguimos que en lugar de pagarnos (o cobrar) a 120 días cobremos a 30. En el primer caso, es cierto que obtendremos más margen (5), pero tardaremos en cobrar más tiempo: 120 días (y dispondremos de menos dinero durante más tiempo), mientras que en el segundo caso, obtendremos menos margen (2 o 3), pero cobraremos antes: 30 días (y también dispondremos de dinero antes). Es importante meternos esa idea en la cabeza: no es tan importante tener más clientes o vender más, sino tener mejores clientes y vender mejor. En definitiva, que los clientes, aunque sean menos, nos aporten liquidez más que rentabilidad.
19/marzo/2013

Hablando hace unos días con un experto sobre emprendimiento (¡de qué íbamos a hablar si no!), sobre si es un buen momento para emprender, sobre si yo tenía la sensación de que ahora se emprendía más que antes de la crisis, etc., acabamos centrando la conversación en la responsabilidad que todos –yo, como periodista– tenemos a la hora de lanzar cantos de sirenas sobre la bondad de emprender.
Soy el primero –para eso llevo trabajando 13 años en la revista Emprendedores– en defender a ultranza a todos aquellos que arriesgan su dinero y su tiempo en poner en marcha su idea de negocio. Les admiro. Pero también creo que tengo una responsabilidad social por el papel que desempeño (con menor o mayor acierto) de transmitir a los lectores y a todos aquellos que me quieran oír que no se puede engañar a la gente (o contar medias verdades) sobre que emprender es la mejor solución a todos los problemas, porque no siempre lo es.
Siempre que tengo oportunidad de hablar en algún sitio, empiezo diciendo eso, porque creo que es lo primero que se debería tener en cuenta. No se puede decir, de forma atropellada, y sin sopesar las consecuencias, que –y sobre todo– ‘si te has quedado en el paro, emprende’. Creo que el discurso inicial no debe ser ese, tal vez sí la consecuencia, pero no el inicio. Me parece que es de una enorme irresponsabilidad predicar a los cuatro vientos que ‘se emprenda, sí o sí’. Esa afirmación peca de irresponsabilidad. Emprender –y eso, debería saberlo todo el mundo– es complejo, no es un camino de rosas, ni de alegrías. Emprender significa arriesgar, invertir, perder cosas por el camino y también ganar, pero creo que es necesario contarle a todo aquel que quiera o piense emprender todo con lo que se puede encontrar y cuando tenga todos los detalles, que tome una decisión, pero no antes.
Los que han emprendido lo saben mejor que yo –mi única referencia son sólo los 13 años que llevo entrevistando a emprendedores y expertos de todo pelaje y condición– y son conscientes, porque lo han vivido en sus carnes, de todos los sufrimientos –y también alegrías– que les ha reportado el hecho de emprender. El otro día vi un anuncio en la tele de un coche en el que su conductor contaba que había puesto en marcha tres negocios: en el primero se la dio porque vendía algo para lo que no había mercado; en el segundo se la pegó porque como su negocio había ya unos cuantos; y en el tercero… Pues parece mentira que tenga que ser un anuncio de un coche el que resuma varios de los errores de fracaso más comunes cuando se emprende.
Emprender es una experiencia muy enriquecedora, pero también muy agobiante, asfixiante, dura, etc., y todo eso debe saberlo, a priori, todo aquel que quiere emprender. Negarlo o silenciarlo, no beneficia a nadie, menos al que emprende que invertirá, con toda seguridad, los pocos recursos financieros que tenga.
Seamos serios y no lancemos mensajes baladíes. Y todo aquel que tenga un mínimo papel en la creación de empresas que tenga en cuenta todo esto antes de ‘engañar’, ‘engatusar’ o ‘alabar’ las bondades de emprender, que las tiene, pero también las otras: las que no se ven, las que se ocultan, las que se tapan…
De nada sirve poner en marcha 1.000 nuevas empresas si a la mínima de cambio acaban cerrando el 90% de ellas (por una mala y deficiente planificación). Eso no beneficia a nadie, y mucho menos al que emprende, que se encontrará con dos problemas: el que tenía antes de emprender, porque necesita llevar a casa un sustento, y el que tendrá después de haber cerrado su negocio.
¡Emprender, sí, pero con cabeza… con mucha cabeza!
6/marzo/2013
El ser humano es muy dado a poner nombres a todo. Y eso, ni es bueno, ni malo… sino todo lo contrario… Bueno, también es algo que nos hace algo diferentes de los animales. Y vaya por delante que ésta no es una reflexión antropológica, sino que es un comentario de esos de andar por casa; de esos que, un día te levantas de la cama y ¿reflexionas? (o como se quiera entender) sobre nuestra obsesión a decir que eso y lo otro es eso y lo otro y no todo lo contrario. Prometo que no es un trabalenguas ni nada por el estilo sino… todo lo contrario.

Pues voy ahora a ello: preparando el dossier de nuestro número 186, de marzo de 2013 (en papel) sobre Modelos de negocio que funcionan (en la web, el reportaje se ha dividido en dos entregas. Ésta es
la primera) (y ésta es la segunda parte) hice un juramento. Aproveché un día de esos que amanece nublado, con el cielo un pelín grisáceo, me asome a la terraza del piso donde vivo y emulando a Scarlett O’Hara (Vivien Leigh), en Lo que el viento se llevó, miré al cielo, cerré los puños y juré que escribiría las 14 páginas del citado reportaje sin nombrar ni una sola vez el concepto model canvas y si no me falla, primero, la memoria y, después, la vista creo haberlo conseguido. Seguro que algún listillo me da con el reportaje en toda la boca y dice eso de ‘pues, sí lo has citado… en la página tal…’ Si alguien me demuestra eso, es que se ha leído el reportaje ;D
En cualquier caso, haber logrado no citar ni una sola vez eso de model canvas tampoco es algo que deba figurar en el libro de los récord, aunque para mi sí supone una satisfacción, un ejercicio de malabarismo conceptual, de redoble etimológico y de mil cosas más. O de todo lo contrario.
Por si alguien no lo ha notado, estoy bromeando. Y esta sesuda reflexión viene a colación de lo que comentaba al principio de este post. En los últimos tiempos parece que existe una horda tendenciosa de que si osas hablar sobre algo de lo que todo el mundo habla y no lo citas o es que o no sabes o realmente eres tonto. Y que conste que no tengo nada en contra de los sabios… yo soy de los segundos, de los tontos, de los que no saben nada. Y eso es cierto, porque los que realmente saben son los expertos a los que entrevisto. Y cuando hablas con ellos, pero no con cualquier seudo experto (de los muchos que abundan ahora), sino con los que realmente están al pie del cañón, pisando tierra y ensuciándose los zapatos junto a los emprendedores, es cuando te das cuenta de que para explicar una cosa (los modelos de negocio, por ejemplo) se puede hacer de miles de formas diferentes. Y una de ellas, la más sencilla, pero también la más compleja de implantar es que “para que un modelo de negocio funcione debes ser capaz de resolver un problema por el que el cliente esté dispuesto a pagar”. Y no hay más, ni tampoco menos. Y eso te lo pueden contar con gráficos, con pegatinas de colores, con cuadrantes, con símbolos, con marionetas o con muñecos hinchables, pero siempre volverás a la casilla de salida: algo que resuelva un problema (propuesta de valor) por lo que alguien esté dispuesto a pagar (cliente). Y a partir de ahí se pueden escribir libros, dar conferencias, lanzar herramientas informáticas o lo que se nos ocurra para hablar de modelos de negocios, pero la esencia es la que es, y no otra.
Cuando trabajéis en la búsqueda de vuestra generación de ingresos (dicho de otra forma: la manera que vais a tener de ingresar dinero) mirad qué es lo que están haciendo otros y probad si os funciona a vosotros. Y hacedlo con una mentalidad abierta. Como sostienen los auténticos expertos, los modelos de negocios son híbridos, es decir, no hay un modelo ganador a priori que digas ‘implanto éste y a llenar la saca de billetes’. Lo bonito de esto es que cojas una estrategia de aquí y otra de allá y pruebes y la mejor y efectiva forma de hacerlo es saliendo a vender.
A todos aquellos que estén montado un proyecto, que lo vayan a montar o que en algún momento de sus vidas se les haya pasado por la cabeza eso de emprender, marcaros a fuego esa esencia y no perdáis el tiempo en divagaciones estériles e inútiles de si canvas por aquí, de si lean startup por allá, de si océanos azules o de si mareas negras… todo eso dejárselo a los expertos con los que os reunáis para que os ayuden a darle cuerpo y forma a vuestro proyecto. Vosotros no perdáis ni tiempo ni dinero en diatribas filosóficas (dos cosas que escasean en todo proyecto emprendedor) y buscad vuestra ‘propuesta de valor’, la que vais a vender a vuestros clientes y ya está. Y cuando la tengáis, salid fuera, a la calle y probad a venderla cuanto antes y si no os la compran es que no era una propuesta interesante y por la que estaban dispuestos a pagar. Y no penséis que es el mercado el que se equivoca. No. Cuando lanzáis algo que no se vende, el que está equivocado sois vosotros, no el mercado. Y si por alguna remota posibilidad fuera el mercado el que estuviera equivocado, no olvidéis que ellos son los que pagarán o no por vuestro producto y/o servicio y como son los que tienen la sartén por el mango, tienen derecho a equivocarse, si quieren. No olvidéis que sin clientes que paguen por vuestro producto y/o servicio no tenéis negocio.
Podríamos discutir horas y horas sobre el tema, pero eso es indiscutible: propuesta de valor que solucione una necesidad por la que alguien te va a pagar. Y ahora deja de friki-filosofear y ponte a validar tu propuesta de una maldita vez ;D No pierdas el tiempo en teorizar y en colocar pos-it de colorines (que, por cierto, quedan monísimos para decorar una pared)… saca la pala, ‘arremángate’ y a llenar sacos de esfuerzo. Los resultados sólo se obtienen de una forma: trabajando. Lo otro se llama pelotazo, pero esa es otra historia.
30/enero/2013
Hemos dicho por activa y por pasiva que el dinero no es lo más importante para emprender (una, dos y tres… y hay más, pero por no aburrir) y lo seguiremos defendiendo aquí o en Estrasburgo, si hace falta. Y no vale que argumentéis que ‘es que mi proyecto es de investigación –léase, patente– y entonces sí necesita dinero’. Ahí, aceptamos pulpo como animal de compañía, pero en la gran mayoría de casos, el dinero –insisto– no es lo más importante para empezar, y si tu idea-negocio es en Internet, mejor todavía, porque se pueden hacer más cosas con menos recursos. No lo digo yo, lo dicen los expertos, que son los que saben.
Lo más importante es tener un producto y/o servicio que interese a los clientes y que éstos estén dispuestos a pagar por él. Y para tener ese producto y/o servicio basta, al principio, con tener un PMV (un producto mínimo viable) que sirva para testar, primero, que hay clientes y, segundo, que van a soltar la tela por lo que les ofreces. Y cuando tengas eso, ya tendrás tiempo de medir y medir cuántos clientes, con qué periodicidad acuden a ti, cuánto te dejan, cuánto te cuestan los productos y los clientes, etc. Y todo eso se puede hacer con poco dinero, con lo mínimo. Y cuando tengas todo eso, ya estás preparado para buscar dinero en el mercado, que lo hay… para los proyectos interesantes, porque podrás ofrecer al potencial inversor que tienes un proyecto que has testado en la calle y que has recogido (aunque sea a muy pequeña escala) respuesta positiva del mercado.
Hay dos aspectos fundamentales, que muchas veces, se pasan por alto. Una, vital, es que la principal fuente de financiación de un proyecto es el cliente. Y eso, la gran mayoría de emprendedores no lo ve, no lo quiere ver o no lo sabe y opta por buscar dinero en otros sitios, que le van a generar endeudamiento y muchos riesgos. Muchos emprendedores quieren o pretenden financiarse con otras cosas que no sean sus clientes y buscan en bancos –ahora cada vez menos– y en inversores públicos y privados. Y eso está bien, pero cuando el proyecto ha alcanzado un cierto nivel de maduración. Hacerlo antes va a complicar el desarrollo del proyecto.
Y el segundo aspecto vital en el que deberían ahondar los emprendedores es que deberían medir los tiempos en la búsqueda y captación de recursos financieros. Y aquí lo que suele pasar es que buscan el dinero cuando aún no lo necesitan y piden más o menos de lo que necesitan. Y eso pasa, porque van con los deberes sin hacer –qué quiero vender, cómo, a quién, a qué coste, etc.–. Imagina que consigues una entrevista con un inversor y le vendes humo. El inversor, que está más puesto que tu en proyectos y que tiene el ‘culo pelao’ de ver emprendedores, te pone una cruz y te mete en la lista negra de ‘vendehumos’. Oportunidad desaprovechada. Al principio, puedes y debes recurrir a recursos propios (llámese pequeños ahorros o capitalización del paro) y también a recursos que te presten familiares y amigos, porque como dicen los inversores: el emprendedor es el primero que debe apostar y arriesgar por su proyecto con su propio dinero, porque eso es señal de que confía en su desarrollo, y debe ser capaz de convencer a otros –familiares y amigos– para que inviertan una pequeña cantidad; y eso también es señal de que apuesta por su proyecto y por eso involucra a personas de su entorno más cercano.
Pero este post –aunque lo pueda parecer– no va sobre ‘emprender o no con poco o mucho dinero’, sino que surge a raíz del reportaje que hemos preparado para el número de febrero 185, páginas 16-20, en el que hacemos un recorrido sobre la figura de los family offices, que son firmas que gestionan los grandes patrimonios. Aunque ya decimos que son una figura que escapa a los intereses de los emprendedores, porque suelen invertir en otras cosas, también destacamos a esos otros family office más modestos que sí invierten en startup. Y es a esos a quiénes me gustaría elogiar, porque arriesgan su dinero desde la pasión. Podrían invertir en productos financieros o en grandes compañías cotizadas, donde el riesgo está más diluido, pero prefieren hacerlo en proyectos en fases muy tempranas.
Hablando con algunos de ellos (Jesús de Benito, inversor en la Red de Inversores Privados y Family Office del IESE y director de InvestBan, entre otras ocupaciones; Paco Negre, fundador de Nero Family y cofundador de Comunitat Valenciana Business Angels Network (CvBan), y Raúl Aznar, fundador del family office Pandora Lys y también cofundador de CvBan), me confesaban que faltaban más inversores para ayudar a los emprendedores en fases muy tempranas. Había un nivel de inversión cubierto –con inversores muy activos– para fases de desarrollo y de crecimiento, pero muy pocos para esas fases pre-semilla, que son los que harán que esos proyectos sigan o no adelante. Me contaban que el problema con el que se encontraba el mercado era con la falta de inversores para segundas y terceras ampliaciones de capital.
Y es ahí donde se deberían invertir todas las fuerzas. Si queremos –si se pretende y así nos lo están vendiendo desde las diferentes instituciones– parecernos a mercados más avanzados que el nuestro en verdadero capital riesgo –léase, EEUU, Japón, Alemania o Inglaterra– se deberá potenciar aún más la figura del inversor –con los beneficios fiscales o de cualquier otra naturaleza que haya que otorgarles– que, de verdad, apuesta por los emprendedores, que no sólo pone dinero sino también experiencia y contactos, y huir del inversor especulador que le da igual donde invierte y sólo mira la rentabilidad.
19/noviembre/2012

Muchacha en la ventana. Salvador Dalí (1925).
Detente. Para un momento. Deja lo que estás haciendo. Levántate. Acércate a la ventana más cercana y mira. Contempla en silencio durante unos minutos. ¿Qué has visto? ¿A que hay vida al otro lado? ¿A que no estás sólo en el mundo? ¿A que si tu te detienes un momento, el mundo sigue girando? Este pequeño y, si me apuras, tonto y barato ejercicio viene bien para no olvidar nunca que formas –formamos– parte de un colectivo y que lo que tu haces, como lo que hacen otros, nos influye, de una u otra manera.
Esta enrevesada y ñoña forma de llamar tu atención es para transmitirte la confirmación de la sensación que he tenido mientras preparaba y escribía el dossier ’100 ideas de negocio’, que acabamos de cerrar y que publicaremos en nuestro número 183.
En el citado reportaje, sacamos 100 oportunidades de negocio de diferentes sectores de actividad que podrías poner en marcha. Somos conscientes –y te avisamos de ello– que son sólo ideas. Y las ideas, sin más, no tienen valor. Somos sinceros también al decirte que no esperes encontrar 100 ideas originales –porque la rueda y dos cosas más se inventaron hace mucho tiempo–, pero sí te ofrecemos un centenar de oportunidades que puedes convertir en negocio analizando concienzudamente los cinco puntos clásicos: producto y/o servicio, mercado, clientes, recursos financieros y equipo. Es decir, que nosotros ponemos las ideas y de ti dependen los análisis sesudos de su viabilidad y rentabilidad futura.
Permíteme también que le reste importancia a la forma en la que he buscado y encontrado las 100 ideas de negocio. Podría ‘venderte’ la sensación de que me ha costado mucho esfuerzo y muchas horas de sueño. No sería cierto si dijera que este dossier lo he hecho con la gorra, porque no ha sido así. Buscar, analizar y valorar las 100 ideas propuestas implica buscar, analizar y valorar muchas otras tantas más, para descartar muchas de ellas. Pero la búsqueda me ha resultado muy sencilla. Tan sólo he tenido que dedicarle tiempo. Disculpa esta falsa modestia, pero cualquiera lo podría hacer.
Ahora bien. Lo que quiero explicar con toda esta retahíla de sandeces y obviedades es que para localizar ese centenar de oportunidades de negocio tan sólo he tenido que analizar algo más de medio centenar de business angels, venture capital, aceleradoras e incubadoras de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Rusia, Portugal, Bélgica, Suiza, Holanda, Suecia, Noruega, Luxemburgo, Chile y Argentina para saber en qué proyectos están invirtiendo y cuáles son las tendencias de mercado en diferentes sectores. De ahí el esfuerzo temporal que he dedicado y que cualquier otro podría haber hecho.
Toda esta megaintroducción me sirve para criticar –de forma constructiva– a muchos emprendedores que presumen –cuando se ponen en contacto con la revista– de la innovación, originalidad, autenticidad de sus ideas de negocio: ‘la mejor idea’, ‘lo nunca visto’, ‘la única’, ‘la primera’, ‘la más innovadora…’, nos dicen. Y no se si lo dicen por desconocimiento del mercado o por autoconvencimiento. Lo primero es malo, porque denota una falta de saber analizar con detenimiento, no sólo su idea de negocio, sino el mercado y todos los actores que se mueven en él. Pero lo segundo –el falso autoconvencimiento– es aún más peligroso, porque si vas con esa presuntuosidad a convencer a un potencial socio, es muy probable que éste reniegue de ti por ser poco fiable para los negocios.
Pues la confirmación de la sensación –de la que hablaba más arriba–, y de la que mi compañero Rafael Galán es consciente mucho antes que yo –porque lleva años haciendo la sección de Oportunidades de negocio–, es que cuando uno se atreve a mirar al exterior y deja de mirarse el ombligo se da cuenta de que somos una pequeñísima parte de un todo. Y lo que para nosotros puede representar ‘lo más auténtico’, si hacemos ese ejercicio de abrir nuestros ojos y nuestra mente a otros mercados, nos daremos cuenta que nuestra idea ya existe, que ya hay otras tantas copias en el mercado, mejores o iguales a la nuestra en muchas otras partes del mundo.
Y que haya otras ideas iguales que la nuestra por todo el globo no es malo; es normal. De lo que debemos ser conscientes es que cualquier idea que tengamos es muy probable que ya exista otra similar en Wichita (Estados Unidos), en Hamar (Noruega) o en San Petersburgo (Rusia), por poner tres ejemplos. Incluso, en Cuenca o en alguna otra ciudad española cercana a tu residencia. Creo que, por el bien de la viabilidad futura de tu idea y proyecto de negocio, no cuesta nada que le dediques un tiempo a bucear por la Red –ahora no hace falta viajar para conocer qué se está emprendiendo en otros rincones del mundo–. Este sencillo, cómodo y barato ejercicio te ayudará a tener una visión más completa de tu proyecto, a reforzarlo, a ver las lagunas, los fallos, las ventajas y desventajas, etc.
Si quieres iniciarte en el apasionante mundo de ver qué se hace por ahí, te recomiendo que empieces, por ejemplo, por aquí: CrunchBase. No te aburrirás, puedes conocer lo que están haciendo, de momento, ¡31.463 inversores!
Recuerda: de vez en cuando no viene mal que te detengas y mires por la ventana.
29/octubre/2012
Hace unos meses se celebró en Madrid el Simposio de Educación Emprendedora en la Universidad, donde se dieron cita más de 200 expertos de 62 universidades españolas y 50 instituciones públicas y entidades privadas vinculadas al emprendimiento universitario. El objetivo era “difundir los servicios, programas e iniciativas que se están llevando a cabo en las universidades españolas; presentar buenas prácticas nacionales e internacionales; y propiciar el intercambio de experiencias y la búsqueda de sinergias capaces de promover un mayor desarrollo del emprendimiento universitario”.
Al hilo de aquello, la Fundación Universidad-Empresa presentó hace unos días un documento con 25 conclusiones de lo que allí se habló para “que puedan servir como punto de partida para la reflexión y el debate necesario para establecer las líneas de actuación que contribuyan a la generalización de una educación emprendedora de calidad en el conjunto del sistema universitario nacional”.
No voy a reproducir las 25 conclusiones, porque este post sería muy extenso (el documento completo puedes encontrarlo en la web de la FUE), pero sí me gustaría destacar algunas que considero muy interesantes:
Conclusión nº7: “La financiación a corto y medio plazo es uno de los grandes problemas para el emprendimiento en España. Por este motivo, es urgente establecer alianzas con el mundo empresarial que liberen a los programas universitarios de la dependencia de una única fuente de subvención pública, pasando a un modelo de apoyos múltiples que en algunos casos serán puntuales, en otros más duraderos”.
Conclusión nº8: “España debe sumarse a los 8 países europeos que ya han incorporado plenamente el emprendimiento en sus planes de estudio, aprovechando la iniciativa europea Emprendimiento 2020. Según los datos que maneja la Dirección General de Empresa e Industria de la Comisión Europea, los ciudadanos formados en emprendimiento no solamente son más empleables, sino que alcanzan una tasa del 20 % en creación de empresas”.
Conclusión nº11: “Actualmente, la educación primaria y secundaria son desfavorables a la creatividad y la iniciativa. La universidad necesita que se introduzcan contenidos emprendedores en las fases educativas previas para maximizar su impacto. Se trata de animar la creatividad y cultivar el coraje desde la misma infancia, edad en la que se forja el carácter”.
Conclusión nº12: “Es necesario salir de la cultura de la seguridad y animar a que se tomen riesgos con responsabilidad. Para ello, varios programas universitarios incluyen en su metodología el manejo de capital real y su rendimiento como factores de evaluación y éxito de los participantes”.
Conclusión nº14: “El complemento imprescindible para la formación en herramientas y metodologías es el componente actitudinal adecuado. En la actualidad, los cuadros docentes carecen, por lo general, de la motivación necesaria para transmitir a sus estudiantes la pasión por el emprendimiento”.
Conclusión nº17: “Un primer objetivo debe consistir en la alfabetización emprendedora de toda la población estudiantil, abarcando desde la comunicación a la creatividad, con un gran énfasis en la adquisición de nociones sólidas en finanzas básicas”.
Conclusión nº23: “Es posible generar ocasiones para el aprendizaje recíproco y multidisciplinar con programas de bajo coste económico que se centren en la apertura de espacios abiertos o de metodologías colaborativas. Las universidades deben dejar de pensarse como comunidades cerradas para abrir sus puertas a iniciativas, especialistas y públicos externos”.
Hasta aquí todo perfecto. Muy interesante la labor de todos los expertos que han participado en la elaboración de estas conclusiones, pero ¿ahora qué? ¿cuál es el siguiente paso? ¿se quedarán sólo en buenas palabras o se llevarán a la práctica todas estas propuestas? ¿a quién le toca ahora mover ficha?
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