Posts en la categoría 'Javier Escudero'

21/Julio/2014

A propósito de Gowex

Gowex

Es muy nuestro. Muy de aquí. En eso no nos gana ningún otro país. El famoso ‘a toro pasao’ es muy typical spanish… ‘A toro pasao’ todo el mundo (o casi) sabía que ‘lo de Gowex’ no era trigo limpio.

Repasando estos días diferentes medios de comunicación, abundan los analistas que presumen de que su olfato ya les había alertado hacía tiempo de ‘lo de Gowex’. Y lo dicen así, ‘lo de Gowex’, como los que escriben los horóscopos, que dicen cosas pero sin decir nada.

Pues yo debo ser de los pocos que ni se imaginaba una cosa parecida (¡vamos, que me la han dado doblada!), porque a mi Gowex siempre me ha parecido un negocio muy interesante y me lo sigue pareciendo. Una empresa que fue capaz de abrirse un hueco en el mercado más competitivo del mundo, Estados Unidos, y hablar de tu a tu a grandes multinacionales.

Mi primera reacción al Informe Gotham fue el de negar la mayor –inocencia la mía–. Mis comentarios fueron del estilo de: ‘Estos (por Gotham City Research) lo están haciendo porque Gowex se ha hecho con el mercado de EEUU y seguro que algún competidor de allí está dolido y quiere echar mierda sobre ellos‘. Tal cual. Pero estaba equivocado; yo y cientos como yo que habían alentado y alabado las ¿virtudes? del fundador de Gowex. Decir lo contrario o negarlo sería una mentira tan grande como la que ha mantenido durante tantos años el fundador de Gowex.

Reconozco que me ha sorprendido la rapidez con la que el fundador de Gowex ha admitido su culpa y ha exonerado al resto de directivos de la compañía. Los ‘entendidos’ dicen que se debe a su estrategia de defensa para no ser extraditado a EEUU, donde la Justicia no se anda con preámbulos, y para conseguir una reducción de condena, llegado el caso, pero –insisto– me sorprende la premura y la autoinculpación. Ya me gustaría que otros en su caso le imitaran.

En cualquier caso, no seré yo quien entre a valorar si hubo o no delito en el comportamiento de este directivo –y otros de la compañía–. Ni tengo todos los datos ni poseo los conocimientos necesarios para entender y explicar operaciones financieras de guante blanco. Ese papel le toca a la Justicia.

Pero sí me mojaré en valorar otros aspectos relacionados con este caso:

1. No creo que el fundador de Gowex sea el único culpable (si es que así lo decide un juez) de esta gran mentira. ¿Cómo puede el presidente de una compañía ocultar y/o falsear durante tantos años la situación real de su organización sin que nadie más de la empresa, con cargos de responsabilidad, lo supiera? En su defensa, el fundador de Gowex dice que, “por la forma en que venía dirigiendo la empresa, y debido a la fe en mi proyecto y liderazgo, nunca justificaba ni explicaba a ningún miembro de mi equipo las decisiones que iba tomando”. Poco creíble esta afirmación. ¿Cómo eran las reuniones del consejo de administración? O ¿cómo no eran? Porque si ‘nunca justificaba ni explicaba nada‘ ¿qué era? ¿un ordeno y mando? Me cuesta creer que nunca diera explicaciones o, al menos, que no se las pidiera nadie.

2. No me convence tampoco el argumento del fundador de Gowex de que “mi objetivo era que, a pesar de que esa realidad subyacente no se correspondía con la realidad reflejada formalmente [es decir, las cuentas desde la salida a Bolsa no respondían a la realidad], con el crecimiento del negocio acabarían convergiendo en el medio plazo. A mi juicio, la empresa tenía un altísimo potencial, pero para poder acometer el coste del crecimiento era necesaria una mayor financiación en cada ejercicio”. Sí estoy de acuerdo en que la compañía –o mejor dicho, su negocio– tenía un ‘gran potencial’, pero no en que ‘para poder acometer el coste del crecimiento era necesaria una mayor financiación en cada ejercicio‘. No obstante, reconozco que muchas empresas, debido a las condiciones de sus respectivos mercados, necesitan o se ven ‘obligadas’ a disponer de mucha financiación para inversiones y para cubrir grandes plazos entre sus cobros y sus pagos. El problema de esto es un endeudamiento galopante que lleva a muchas empresas a morir por asfixia financiera y a otras a mentir. En el segundo caso, les lleva a entrar en una peligrosa rueda de ‘como necesito más dinero para financiarme, pido más dinero y para que me lo den tengo que decir que nuestras cuentas son buenísimas‘. Pero las mentiras siempre tienen un final.

3. Relacionado con el punto anterior, y según ha reconocido el propio fundador de Gowex, las cuentas de la compañía no eran reales. Y si eso es así, ¿qué hacían los auditores del Mercado Alternativo Bursátil, los del Banco de España, los del ICO, los de los bancos que les han prestado créditos, los inversores y hasta el Sursum corda? Dando por hecho que siempre habrá personas que se salten la ley, ¿dónde están los vigilantes de que se cumplan las leyes? ¿Por qué siempre nos sorprende que haya estafadores a los que criticamos y nunca enfocamos nuestras críticas hacia aquellos organismos encargados de vigilar que la ley se cumpla? Lamentablemente, lo de Gowex no es el único caso ni será el último, pero para eso deben cumplir su función los organismos reguladores de que esto no se produzca.

4. La historia demuestra que los mercados financieros –así en genérico–, donde se juega y se apuesta con intangibles como si de un casino fuera, están fuera de la realidad y la lógica humana. Se ha llegado a un punto donde todo vale para conseguir el enriquecimiento de unos pocos a costa del sufrimiento de una gran mayoría (en este caso, los pequeños inversores o los propios trabajadores de Gowex, que son los grandes damnificados). Cambiar esto es muy complicado, porque todo el sistema económico financiero de las mal llamadas sociedades ¿desarrolladas? está montado sobre una brutal especulación, que acapara todos los mercados, desde la alimentación más básica hasta la energía necesarias para la supervivencia. Y hasta de eso, se hace negocio especulador.

5. Y esto no podría acabar sin hacer autocrítica. No sólo se deben tirar balones fuera, culpabilizando a unos y otros. Los medios de comunicación –de los que yo formo parte desde hace unos cuantos años– también han contribuido a alimentar este canto de sirenas, ensalzando, alabando y vanagloriando a personajes de una calidad empresarial como lo que representa el fundador de Gowex. También es culpa nuestra esa falta de rigor a la hora de tratar determinados temas. Nosotros, los medios, también tenemos una responsabilidad. Y de esto último no he leído ni oído mucho estos días.

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30/Junio/2014

Si buscas dinero, explora el mapa de los emprendedores

Startupxplore

Lo admito, tengo un defecto… bueno, más de uno…, pero es el que voy a reconocer públicamente:

Tengo una obsesión compulsiva a coleccionar cosas. Es una especie de síndrome de Diógenes…, pero sin bolsas de basura. Lo que me da por acaparar y acaparar, cual ardilla del bosque, es información. Me pongo con un tema y empiezo a recopilar informes, datos, estudios, contactos… y así hasta el infinito. Y, desde hace varios años, uno de mis temas ‘diogenésico’ preferido es el de los inversores.

Un buen día empecé buscando un par de contactos de inversores en startups para un reportaje y ya tengo un listado de cientos y cientos y cientos y cientos… de contactos de inversores privados, públicos, locales, regionales, nacionales, internacionales, profesionales, cuasi profesionales, especializados, genéricos… de más de medio mundo.

Hace tiempo, en esa búsqueda ingente de contactos inversores, me ‘topé’ con la brillante iniciativa que Javier Megías, uno de los grandes expertos españoles en modelos de negocio –al menos, para mi–, había puesto en marcha: un mapa colaborativo de la iniciativa emprendedora en España, que llamó Spain Startup Map. Recuerdo que había conocido a Megías unos años antes en un evento en Castellón en el que él participaba como experto. Sus conocimientos en gestión y estrategia me ‘engancharon’ y desde entonces le he entrevistado en diversas ocasiones para diferentes reportajes para la revista.

Avanzando en el tiempo, recuerdo también que en el pasado Salonmiempresa (febrero de 2014) volví a coincidir con Megías. Allí me contó que, junto a su socio Nacho Ormeño, estaba trabajando en profundidad en su Spain Startup Map, después de que inversores internacionales se hubieran interesado por el proyecto.
Y ahora, hace unos días, Megías se ponía en contacto conmigo para contarme que su proyecto Spain Startup Map se había hecho mayor y se había convertido en Startupxplore (www.startupxplore.com).

Junto a su socio Nacho Ormeño y con el apoyo de Plug and Play, se había marcado el objetivo de “transformar el mundo de las startups y de los inversores, un ecosistema opaco donde unos se quejan de que no hay dinero y otros se quejan de que no hay proyectos invertibles. Estamos convencidos que el problema es que nadie se ha preocupado hasta ahora de hacerlo más transparente. Nuestro objetivo es ayudar a que las startups descubran los mejores inversores acorde a sus necesidades y que los inversores reciban un dealflow de oportunidades de calidad que cumpla sus criterios de inversión”. De esta manera, Megías persigue lo que siempre ha predicado: ofrecer una solución a una necesidad no cubierta o mal cubierta hasta ahora.

Megías y su socio han cerrado una ronda semilla de 100.000 euros, en la que han participado los inversores François Derbaix, Iñaki Arrola, Pedro Serrahima, Álvaro Ortiz y Francisco Gimeno y la aceleradora Plug and Play Spain.

Han lanzado una fase beta, “con una hoja de ruta exigente”, utilizando como punto de partida las casi 3.000 empresas que ya tenían en Spain Startup Map, con el objetivo de que “startups, inversores y aceleradoras puedan actualizar sus perfiles y definan los mercados que les interesan”. A través de esta plataforma se podrá (es en lo que están trabajando) contactar con inversores y saber qué están buscando, cuáles son sus criterios de inversión o en qué han invertido previamente. Permitirá buscar startups, aceleradoras, proveedores de servicios especializados en emprendedores, cursos e incluso eventos con información relevante a los intereses de la startup o del inversor/aceleradora. También se podrá recibir en tiempo real información sobre nuevas inversiones, competidores, oportunidades de inversión, eventos…

En mi afán por acumular información interesante, me apunto en mi listado Startupxplore y les seguiré de cerca para seguir ampliando ‘horizontes’.

¿Y tu? Échale un vistazo a la plataforma, seguro que te resultará muy interesante.

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12/Mayo/2014

Investiga, que algo queda, y además es gratis

200-IDEASQue no lo veas –o conozcas– no quiere decir que no exista.

Voy a hablar de la competencia, por lo que si crees que tu negocio no tiene competencia o que ese tema no va contigo, puedes dejar de leer… ¡Quedas disculpado!

Para los que sí crean en la existencia e importancia de la competencia como un ente con vida propia, aquí sigo escribiendo…

¡Al lío! Para no entrar en disquisiciones o en cábalas absurdas, creo firmemente en que siempre hay competencia; en que la competencia es buena para que no nos durmamos en los laureles; en que la competencia ayuda a ver qué cosas se hacen mal y qué cosas se hacen bien; en que la competencia es positiva para mejorar nuestro producto y/o servicio; en que la competencia… ¡son todo ventajas!

En nuestro número 200, de mayo de 2014, llevamos, entre otros muchos e interesantes contenidos, un especial de 28 páginas con 200 oportunidades de negocio. Un laborioso y complejo reportaje que hemos hecho a cuatro manos Rafael Galán y un servidor.

Lo de ‘complejo y laborioso’ no es por ponernos flores sino porque realmente hemos invertido muchas horas de esfuerzo e investigación. Algo que, por otra parte, forma parte también de nuestro trabajo.

El punto de partida fue analizar el portfolio de empresas y proyectos de cientos y cientos de viveros, incubadoras, aceleradoras, centros de investigación, universidades, inversores privados, etc. de todo el mundo. Y cuando digo ‘de todo el mundo’, digo de los cinco continentes, desde empresas y proyectos australianos, pasando por La India, dando un brinco por Arabia Saudí o Israel, saltando a África, y luego al continente americano y, por supuesto, por Europa. En ese recorrido habremos analizado más de 2.000 empresas y proyectos. De esos, hemos encontrados casi 400 propuestas de negocio y, finalmente, nos hemos quedado con las 200 que podrás leer en el citado número de mayo.

Estamos convencidos que esas 200 elegidas podrían haber sido otras distintas, si nos lo hubiéramos propuesto, porque ideas hay infinitas, otra cosa es que esas ideas sean realmente una oportunidad de negocio.

No me extiendo más en el tema, porque para eso ya hemos preparado –además del citado reportaje– un diario con todo –o casi todo– lo que hicimos para preparar el tema. Pero sí, aprovechando esa búsqueda incesante de oportunidades de negocio, soy más consciente –ya lo era antes y esto me ha ayudado a reafirmarme– que siempre hay competencia, que aunque no la veas o no la conozcas está ahí. En cualquier parte del planeta, por muy pequeño que sea un país, puede haber un grupo de emprendedores que está o ya ha montado algo parecido a lo que a ti se te puede ocurrir.

Y éste –sin darle, pero tampoco, sin quitarle importancia al trabajo que hemos hecho Rafa y yo– es un ejercicio gratuito de investigación al alcance de todo aquel que tenga un ordenador y una conexión a Internet. Entre las ventajas y/o desventajas de la globalización está la de la facilidad que tenemos para conocer lo que se está haciendo ahora mismo en la otra punta del mundo. Y esa ventaja –para mí– no siempre está del todo aprovechada.

En la revista nos topamos, casi a diario, con emprendedores que ‘nos venden’ las virtudes de sus proyectos. Unos por su loable instinto comercial y otros por su enfermizo desconocimiento de que lo que ellos hacen, o ya se hacía y ha evolucionado o se está haciendo en otros mercados.

Y los riesgos de desconocer –y no digo ya despreciar– a tu competencia son enormes. Uno de ellos es el de que un potencial inversor te de con las puertas en las narices si te presentas ante él contándoles milongas ignorando a tu competencia.

Y si nosotros, que tan sólo somos dos mortales y sencillos periodistas, hemos podido hacer este ‘esfuerzo’ investigador, más lo tienes que hacer tu que has decidido emprender y jugarte tus recursos. Hazlo. Es gratis.

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10/Febrero/2014

La ley no es igual para todos

Balanza

‘La ley no es igual para todos’. No desvelo nada oculto con esta afirmación. Los ejemplos están a diario en los medios. Pero no voy a hablar de casos de desigualdad jurídica en sanidad, en vivienda, en educación, etc., que los hay a cientos, sino de desigualdades en el ámbito fiscal en las empresas.

Hace unos días, diferentes medios de comunicación publicaban (más bien ‘confirmaban’) lo que era una realidad a gritos: que los grandes de Internet pagan una ridiculez en impuestos a Hacienda.

La noticia venia a decir que, entre Google, Apple, Amazon, Facebook, Microsoft, Yahoo y eBay, sólo pagaban poco más de 1,2 millones de euros a la Hacienda española. Estas empresas, que presumen de ser innovadoras y modernas, subrayan que cumplen escrupulosamente con la legislación fiscal española.

Y será cierto que lo hacen. No seré yo quien diga lo contrario. Pero una cosa es cumplir la ley y otra bien distinta es conocerse todos los entresijos financieros y fiscales para llevarse la mayor parte de sus facturaciones y beneficios a países como Irlanda o Luxemburgo, con tributaciones más bajas.

Yo, a eso, lo llamo competencia desleal. Cuando una empresa menosprecia (porque tiene grandes recursos para hacerlo) y pisotea las normas más básicas de convivencia empresarial, significa que no juega limpio. Luego arreglan sus malas conciencias con políticas de responsabilidad corporativa.

Nos llevamos las manos a la cabeza cuando utilizamos el ejemplo de China y otros países asiáticos, que oprimen, laboral y salarialmente, a sus trabajadores, para argumentar que las empresas españolas no compiten con aquellas en igualdad de condiciones. Pero vemos como normal, incluso como innovador, que las grandes multinacionales se pasen las leyes fiscales por el forro.

¿Y de quién es la culpa? ¿De esas empresas? En un sistema económico como el actual, donde todo vale, lamentablemente, este tipo de compañías están concienciadas que lo que hacen forma parte de las reglas del juego del propio mercado y no se plantean cuestiones morales. Como tampoco se las plantean aquellas multinacionales que derivan sus fabricaciones a países donde se explota a los trabajadores. Ademas, siempre pueden ‘lavar’ sus conciencias con campañas de responsabilidad social corporativa.

Y si hay que buscar responsabilidades, yo señalaría dos. Una sería la de la Administración Pública, que es quien debe velar por los intereses del colectivo y, en ese sentido, debería cambiar y adaptar ciertas leyes fiscales, laborales, mercantiles y administrativas para controlar los ‘tejemanejes’ de las grandes corporaciones.

Y un segundo culpable sería un colectivo: todos nosotros, que ensalzamos, alabamos y vanagloriamos a todos estos gigantes, cuando no nos damos cuenta –o no nos queremos dar cuenta– que se están miccionando –por decirlo del modo más fino– en nuestra propia comida.

La semana pasada, hablando con un amigo, que tiene una empresa desde hace más de 20 años, me decía con lágrimas en los ojos que estaba con el agua al cuello (como muchos otros) y que veía que, tarde o temprano, tendría que cerrar su empresa (como muchos otros), que tanto le había costado levantar (como muchos otros). Su problema, el de tantos emprendedores: sus clientes no le pagaban porque a esos clientes no les pagaban los suyos, porque los bancos les habían cerrado las líneas de crédito… y ahora se encontraba con que no podía hacer frente a todos los pagos que había contraído. Me contaba cómo se había visto obligado a despedir en estos años, uno a uno, a la docena de trabajadores que había tenido, porque no le llegaban las cuentas para pagarles. Me decía también cómo Hacienda y la Seguridad Social le tenían asfixiado, con pagos, impagos, aplazamientos de deuda y demás. Y me contaba también que el dichoso IVA estaba acabando con su vida, porque antes tenía que pagarlo aunque no lo hubiera cobrado de sus clientes, y ahora, con el nuevo régimen del IVA de caja, estaba en las mismas, porque esa medida no afecta a las grandes empresas, algunos de sus principales clientes. Me confesaba, además, que se sentía un panoli porque siempre había respetado escrupulosamente la ley (como muchos otros emprendedores), pagando cuando tenía que pagar y tributando cuando tenía que hacerlo y que, tal vez, si no lo hubiera hecho, ahora estaría mejor. Su frase lapidaria fue: ‘Al final, la Administración nos ‘obliga’ a que defraudemos’.

A este hay que sumarle tres casos sangrantes, y que no puedo dejar pasar. El primero, la subida de la cuota de autónomos. Me decía otro amigo que, en su caso, ha pasado de pagar 256,72 euros al mes a 314,40 euros. Es decir, ¡como no tienen problemas los autónomos!, otra subida. El segundo caso sangrante es la presentación obligatoria de las declaraciones del IVA por Internet, lo que ha generado un caos de órdago entre la Administración y los ‘declarantes’, que se ven con multas futuras. Y el tercer caso sangrante es el que tienen que afrontar cientos de empresas multadas por no cumplimentar cuestionarios que les envía el Instituto Nacional de Estadística. Las multas van hasta los 30.050 euros.

Analizando los dos casos, el de las grandes compañías tecnológicas, adalides de la ‘nueva empresa’, y los de mis amigos autónomos (que es el de tantos y tantos emprendedores), afirmo que las leyes no son iguales para todos.

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27/Enero/2014

Emprender cuesta dinero

Suelo-resbaladizo

Confieso que, a veces, cuando escribo un reportaje en la revista (y llevo haciéndolo desde el año 2000) tengo la sensación de estar en un bucle. A primera vista, pienso: “Si esto ya lo he contado muchas veces”. Luego, desde la reflexión que da la lectura y la edición del texto me doy cuenta de que hay cosas que no bastan con contarlas cien veces o mil… hay conceptos, ideas, estrategias, consejos, recomendaciones… que habría que repetirlas hasta la extenuación.

Y eso me ha pasado, una vez más, escribiendo el dossier del nº 197, que estará en la calle en el mes de febrero. El reportaje se titula ‘Negocios (casi) sin inversión’. Y nos hemos permitido las licencia de poner entre paréntesis el ‘casi’, porque estaríamos mintiendo y engañando si afirmáramos que se puede emprender con cero euros.

Si alguien te lo dice, no te lo creas. Por poder, se puede, como todo en la vida. Pero serías un inconsciente si emprendieras con cero euros. Y ya se sabe que el mundo está lleno de inconscientes. Incluso, en el hipotético caso de que sólo invirtieras horas de esfuerzo y dedicación en el diseño de tu proyecto, eso ya se podría considerar como un coste, de horas, que trasladadas a términos financieros podría equivaler a lo que se conoce como coste de oportunidad, que, a grandes rasgos y de una manera coloquial, sería aquello que dejarías de ingresar si te dedicaras a otra cosa que te diera un cierto rendimiento.

Y con esto, los periodistas y los profesionales que tienen alguna relación con el mundo de la empresa, tienen (tenemos) la obligación moral de repetirlo las veces que haga falta, aunque caigamos en el ‘cansinismo’ más absoluto. Pero no sólo esto, sino muchos consejos e ideas más.

Por ejemplo, si después de calcular tus necesidades financieras, no cuentas con el dinero suficiente para emprender o no tienes las fuentes necesarias para conseguir ese dinero, es mejor que no emprendas. Y esto, que ataca directamente a la visión idealizada, generalizada y engañosa de que ‘emprendas a toda costa’, me permite dormir más tranquilamente todas las noches. Porque decir lo contrario (‘emprende, aunque no tengas pasta’), es engañar.

Y cuando me refiero a ‘necesidades financieras’, no sólo hay que calcular cuánto dinero necesitarás para lanzarte, sino también cuánto dinero necesitarás cada mes, una vez que hayas abierto tu negocio. Y en eso, influye contar o no con un colchón de tesorería, que muchos ignoran, olvidan y/o eliminan de sus cálculos. Y las cosas te pueden salir bien o, sobre todo, mal. Y eso es lo que le pasa a muchos, que anteponen sus ganas e ilusión por emprender, porque tienen ese gusanillo, ese ‘no-se-qué’, que cada vez que cierran los ojos se ven dirigiendo su propia empresa, a la realidad de los números… que sí, que emprender es hacer números, muchos, y hacer muchas cuentas, y muchas previsiones, y planificaciones, y ‘pongo aquí y quito allá’, ‘que ese me paga o no me paga’, ‘que ahora no vendo y mañana tampoco’, ‘que ahora me sale un competidor’, ‘que ahora me…’. Esa es la realidad de los emprendedores y no otra. Que cada día que un negocio está abierto, está expuesto a todo tipo de problemas; unos previstos y otros imprevistos y si en esa andadura no tenemos los deberes hechos, mal acabará la cosa. Y frente a esa situación, el colchón de tesorería, entre otras muchas cosas básicas, es fundamental, vital, necesario para que un negocio subsista, tanto como el aire que respiramos.

Más cosas: cuando se emprende con poco dinero –recuerda, dinero siempre necesitarás: ¿cuánto? depende de la actividad– debes ajustar tus costes fijos al máximo. Cuantos menos tengas, mejor. Siempre habrá unos costes ‘obligatorios’, independientemente de la actividad a la que te dediques: gastos administrativos, si eres autónomo o sociedad mercantil; el IVA de tus inversiones y el trimestral como autónomo, que aunque luego lo recuperes, primero tienes que adelantarlo; los seguros (una partida que se suele olvidar, pero que es muy recomendable tener en cuenta).

Y luego habría otros costes superfluos, que se pueden evitar o minimizar, según a lo que te dediques. Hay dos partidas que incrementan en exceso los costes. Una es el local. Si te ves ‘obligado’ a que tu negocio cuente con local, piensa que tendrás que tener en cuenta cosas como (no en todos los casos, pero sí en muchos): la obra, el proyecto de obra, los permisos y licencias, los seguros, el alquiler, las fianzas del alquiler, los avales, el stock inicial y el permanente, los productos y equipos necesarios de decoración del local, los gastos relativos a electricidad, agua, gas, telecomunicaciones, etc.

Y la otra partida que incrementa los costes es si tienes trabajadores a tu cargo: sueldos, seguros, etc. Por eso cuando escucho a propios y extraños que ‘los emprendedores crean empleo’ se me nubla la vista, porque las leyes laborales, fiscales y contables actuales no están hechas para ayudar a los emprendedores a que contraten a nadie. Y no es porque no quieran, sino porque no pueden. Porque hacerlo es un suicidio.

Otra partida que se debe tener en cuenta: ponerse un sueldo. Sobre este tema hay voces a favor y en contra. He tenido –y tengo– la suerte de hablar con muchos y diferentes expertos y la inmensa mayoría recomienda ‘ponerse un sueldo’. Estoy tan convencido de eso, que si yo emprendiera, me lo pondría. Otra cosa es la cantidad y la condiciones del contrato, pero eso ya lo analizaría con mi asesor. ¿Y por qué es recomendable ponerse un sueldo? Porque el sueldo se imputa como un gasto y como tal te lo puedes –tu empresa– desgravar. Si no te pusieras un sueldo, todo lo que genere tu negocio se considera un beneficio, por el que pagarás mayores retenciones.

Y una última cosa –el resto, te animo a que leas el dossier–: Es recomendable contar con un asesor. Dos matizaciones al respecto. La primera: que tengas un asesor no significa que le dejes hacer libremente. Es importante que, aunque el asesor tenga libertad de movimiento, tu te preocupes de estar al día de todo lo que acontece en el plano financiero y fiscal de tu negocio. Así evitarás sorpresas de retrasos en los cobros y pagos, de descubiertos, de aplazamientos de deuda, de…

Y otra matización: ¡Ojo! Con qué asesor contratas. Y esto no es un ataque a ese colectivo, sólo una recomendación: tu asesor –independientemente del número de clientes que lleve– debe actuar contigo como si fueras su único cliente y no sólo debe actuar cuando tu le requieres sino cuando vea que algo relacionado con tu negocio es mejorable. Y conozco muchos casos de emprendedores que cuando se quieren dar cuenta, su asesor les ha metido en un serio problema con Hacienda o con la Seguridad Social; en unos casos, por dejadez; en otros, por descuido, y en otros, por desconocimiento.

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20/Enero/2014

Presume de emprendedor ‘cool’

Foto libros

Si ya eres emprendedor o entre tus propósitos para este nuevo año has apuntado el de convertirte en emprendedor, seguro que más de uno te preguntará por tu aventura. Y para que no te quedes en blanco y puedas presumir ante propios y extraños sobre tu andadura empresarial, aquí recojo algunos de los principales términos y conceptos que se manejan en el mundo de la emprendeduría. Intercálalos en tu discurso y serás el centro de atención de cualquier reunión.

MVP: Es lo que se conoce por Producto Mínimo Viable, en sus siglas en inglés. Es una ‘primerisísisisima’ versión de lo que quieres vender, para probarla y ver cómo funciona entre tus potenciales clientes. Puedes ver más sobre el tema, aquí y aquí.

Estresar el modelo: El objetivo de esta estrategia es someter a nuestro modelo de negocio a una serie de ideas, propuestas, alternativas, dudas, conflictos, imprevistos… para ver cómo se comportaría ante determinadas situaciones. Puedes ver más sobre este tema, aquí.

Pivotar: “Es el proceso de iterar el modelo de negocio hasta encontrar el más adecuado, es decir, ir probando y ‘dando vueltas’ al modelo de negocio de forma incremental y desde distintas aproximaciones hasta encontrar la que sea capaz de capturar mejor el valor”. Puedes ver más sobre este tema, en el blog de un gran experto.

Iterar: Es otro de los conceptos utilizados (como has podido leer en el párrafo anterior) y consiste en repetir y repetir hasta dar con la mejor solución.

Monetizar: Un palabro, particularmente, feo, que se utiliza para definir la manera de generar dinero con tu modelo de negocio. Puedes ver más sobre el tema, aquí y aquí.

Escalar: Se habla de que un modelo es escalable si tiene la capacidad de crecer generando más ingresos con los recursos disponibles. Puedes ver más sobre el tema, aquí y aquí.

Tracción: Cuando oyes este término, lo primero que piensas es en coches y 4X4, pero se utiliza para hablar de “aquella métrica que muestra cómo de bien (o mal) estás llevando al mercado tu modelo de negocio y cómo está siendo aceptado éste por tus clientes”. Puedes ver más sobre el tema, aquí.

Usuarios activos: Muchas web presumen y ‘fardan’ de tener miles de usuarios y de visitas a sus plataformas, pero ¿cuántos de ellos son activos, es decir, hacen cosas en la web, interactúan con el negocio, se registran, compran y vuelven a comprar, recomiendan a otros, etc.? Esos son los usuarios activos. Puedes ver más sobre este tema, aquí.

Model Canvas: Se ha escrito a diestro y siniestro sobre este tema. En pocas palabras, es una herramienta gráfica para diseñar un modelo de negocio. Puedes ver más sobre este tema, aquí, aquí y aquí.

Lean startup: Al igual que el anterior, se ha escrito hasta la saciedad. Es un sistema para lanzar proyectos. Puedes ver más sobre este tema, aquí y aquí.

Embudos de conversión: A grandes rasgos, podría definirse como los pasos que debemos dar para conseguir que un usuario acabe convirtiéndose en cliente (evidentemente, aquel que paga por nuestro producto y/o servicio). Puedes ver más sobre este tema, aquí, aquí y aquí.

Levantar una ronda: Con buenas palabras, sería la consecución de dinero para tu proyecto tras un proceso negociador (ni sencillo ni corto) por el que se consigue convencer a uno o varios inversores para que apueste por tu negocio. Puedes ver más sobre este tema, aquí, aquí y aquí.

Alinearse: Se suele hablar de ‘alinearse’ cuando los intereses y objetivos de un equipo emprendedor y/o socios (capitalistas, etc.) están en la misma línea. Puedes ver más sobre este tema, aquí, aquí y aquí.

Hito: Son ¿pequeños? pasos, ¿pequeños? objetivos que se marca el equipo emprendedor y que deben alcanzar para que su proyecto siga creciendo y superando fases. Es una ‘métrica’ muy utilizada por los potenciales inversores para valorar si entra o no en un proyecto. Puedes ver más sobre este tema, aquí.

Quemar caja: Se suele utilizar para hablar de la facilidad que tienen algunos proyectos para malgastar, derrochar, desperdiciar, tirar a la basura… el poco dinero que tienen. Puedes ver más sobre este tema, aquí y aquí.

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9/Diciembre/2013

Mi app es un zombi

app

Muchos piensan que hacer una app (aplicación móvil) es desarrollarla y ya está, porque creen que es tan buena que se la van a descargar a la carrera hordas de usuarios como si no hubiera mañana.

Si alguien se olvida que una app debe ser considerada y entendida, ante todo y sobre todo, como un producto, mal va. Y eso significa que, como todo producto que se precie, se debe planificar cómo se va a vender… entiéndase: cómo lo vamos a promocionar para que la gente sepa, primero, que existe; después, para qué sirve y cómo se utiliza y, por último, cuánto cuesta. Sencillo de escribir: complejo de llevar a la práctica.

Son datos oficiosos –que no oficiales– y vienen a decir que de las 1,6 millones de app que existen en los app stores (principalmente, en los dos más grandes: AppStore y GooglePlay), cerca de 700.000 son app zombies, es decir, aplicaciones que habitan en el limbo, que viven –es un decir– sin pena ni gloria en los mercados de aplicaciones.

Es muy aceptable –no seré yo quien diga lo contrario– desarrollar un app para presumir entre los amigos y familiares, pero siendo sincero imagino que la intención de la gran mayoría de desarrolladores –habrá de todo, claro– es que la gente se descargue su app y la use y, además, si se puede sacar una rentabilidad, pues mucho mejor. Eso es lo que yo haría, al menos.

Los expertos con los que hemos hablado para el reportaje sobre ‘monetizar tu app‘, de nuestro número 195, de diciembre de 2013, sostienen que, al menos, se debería invertir lo mismo en marketing y promoción como en el desarrollo. En el citado reportaje hablamos de diferentes aspectos relacionados con los modelos de negocio de las app, pero hay muchos desarrolladores que se quedan por el camino y no llegan, siquiera, a poder plantearse cómo van a monetizarla.

Algunas consideraciones a tener en cuenta, teniendo presente que app = producto:

– Antes de desarrollarla, piensa si tiene una utilidad concreta y necesaria (por la que la gente esté interesada)

– Antes de desarrollarla, analiza si hay competencia (… sí, porque en el mercado de las app también hay competencia)

– Antes de desarrollarla, piensa cómo puedes mejorar lo que ya hay (porque si va a ser ‘otra’ como lo que ya hay, no pierdas tiempo, esfuerzo y dinero)

– Calcula cuánta pasta vas a necesitar para su desarrollo… y para su promoción

– Cuando estés desarrollándola, no pretendas que tu app haga de todo. Céntrate en un par de funcionalidades. Ya tendrás tiempo de ir incorporando nuevas

– A no ser que lo que vaya a hacer tu app sea super-mega-necesario para los usuarios, al principio, ofrécela gratis (modelo freemium) y déjala que la prueben. Aquí existen diferentes formas de monetizar (te las contamos en el reportaje): gratis con publicidad, gratis con micropagos, gratis durante un tiempo y después suscripción, etc.

– Recuerda que incluir publicidad, como tal, en tu app no es la panacea. Para que sea rentable esa publicidad debes haber conseguido antes una masa interesante de usuarios. Consigue primero esa masa de usuarios y luego aprovecha la publicidad para generar ingresos

– Cuando la tengas, explica a tus potenciales usuarios las bondades de tu app y cómo funciona. Para ello, es fundamental y recomendable que hagas un pequeño vídeo tutorial explicándolo. Si puedes hacerlo en varios idiomas, mejor

– Cuando la tengas, además de buscar cómo posicionarla de forma natural en los diferentes app store (nombre, categoría, funcionalidades, etc.), busca dónde están tus potenciales clientes y focaliza allí tus fuerzas

– Cuando la tengas, hazte oír en blogs especializados (de iOs, Android, de música, de juegos, etc.), según la categoría a la que te diriges

– Cuando la tengas, estudia si te merece la pena invertir en una campaña de promoción en las diferentes plataformas de publicidad que hay. Ofrece muchas ventajas

– Cuando la tengas (si lo haces antes, mejor), estudia la posibilidad de incorporar la gamificación a tu app. Ofrece muchas ventajas para captar y fidelizar usuarios activos

– No te olvides de actualizar tu app cada pocos meses. Te ayudará a estar en el mercado

– Cuando actualices tu app, ten en cuenta las quejas, recomendaciones e ideas que te proponen tus usuarios. Te ayudará a mejorar tu app y a fidelizar a tus usuarios

Y no te olvides que una app es un producto y, como tal, debe ser cuidada y tratada, si no quieres acabar comiéndotela tu mismo.

 

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4/Noviembre/2013

La disrupción va a llegar

Disruptivo

‘Disruptivo’ es el nuevo concepto de moda en el mundo de los emprendedores. Pero, ¿cómo puede ser ‘nuevo’ un concepto que ya sonaba allá por los años noventa? Fue Clayton M. Christensen, profesor de la Harvard Business School, quien empezó, en 1995, a teorizar sobre las innovaciones disruptivas, un concepto que acabó plasmando dos años después en su libro The Innovator’s Dilemma.

Christensen diferenciaba entre aquella innovación continuada, en manos de las grandes empresas, que buscaba la mejora de un producto, servicio o proceso, para el que ya tiene clientes, con el objetivo de seguir generando ingresos recurrentes . Y la innovación disruptiva, en la que trabajan, principalmente, pequeñas empresas, que desarrollan productos o servicios de menor coste, más sencillos de utilizar, con menos funcionalidades, más baratos y que se dirigen, principalmente, a los no-consumidores: aquellos usuarios que no han visto satisfechas sus necesidades con los que hay en el mercado. Con el tiempo, esas innovaciones disruptivas van incorporando mejoras en su funcionamiento y acaban desplazando a los productos o servicios que ofrecen las empresas líderes.

En definitiva, un producto, servicio o proceso disruptivo viene a romper las reglas de juego de ese mercado obligando, en la mayoría de los casos, a que el resto de competidores cambie y siga la estela de la empresa disruptiva.

Según esa teoría, productos considerados disruptivos por una gran mayoría de mortales, como –por ejemplo– el iPhone, no entraría en esa catalogación original de Christensen, porque ni es barato ni se dirige a un público con pocos recursos. Por eso, el concepto ‘disruptivo’ ha evolucionado desde entonces, adaptándose a las exigencias de los mercados. Como nos cuenta Carlos Domingo, presidente y consejero delegado de Telefónica I+D y autor de El viaje de la innovación, en nuestro dossier del número 194, de noviembre de 2013, “en la actualidad, la innovación disruptiva es un concepto más amplio del que formuló Christensen y no tiene por qué ser necesariamente algo de bajo coste. El iPhone no ha sido un producto de bajo coste, pero sí ha sido uno que ha transformado la industria de los móviles, es decir, el concepto que había de los smartphones y, sobre todo, la forma en que se utilizan esos dispositivos hasta ese momento”.

Entonces, una vez que admitimos pulpo ‘como animal de compañía’ ahora la cosa está en colgarle el calificativo de ‘disruptivo’ a todo lo que se mueve. Y ni toda tecnología es disruptiva ni toda disrupción tiene que ser tecnológica. Los expertos entrevistados en el citado reportaje sostienen que se puede ser disruptivo en cualquier parte del modelo de negocio y puede o no que esa disrupción se apoye en la tecnología. No obstante, no es que la innovación vaya asociada sólo a la tecnología, sino que la innovación de éxito y la innovación sostenible provienen de empresas que han dado con un producto que funciona gracias a la intersección de tres aspectos. Según Domingo, “por un lado, han dado con una necesidad de consumidor que no estaba satisfecho hasta el momento con ningún producto. Y ahí, hay que olvidarse de la tecnología, porque lo primero es encontrar un producto o un servicio que solucione un problema que nadie resolvía hasta entonces. En segundo lugar, eso lo tienes que hacer de forma sostenible con un modelo de negocio que te permita ganar dinero para crecer y financiarlo. Y en tercer lugar, es posible que no se haya podido solucionar ese problema antes porque requiere de una tecnología nueva que no existía antes y será la tecnología lo que le dé una ventaja competitiva sostenida en el tiempo, porque es lo más complicado de replicar”.

Para los expertos, cuando tienes una oferta comercial disruptiva, es fácil replicar, porque mientras la competencia tenga el mismo producto lo podrá replicar tarde o temprano, mientras que si tienes una tecnología disruptiva, diferencial, única, además de tu expertise, será mucho más complicado que te lo copien. “Las innovaciones disruptivas que tienen más impacto y que son más complicadas de replicar están vinculadas a una nueva tecnología”, subraya Domingo.

Te recomiendo que leas el dossier nº 194, de noviembre de 2013, en el que hablamos de todos estos aspectos y de empresas, tanto de sectores tradicionales como de mercados tecnológicos, que han sido o son disruptivas.

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