Posts en la categoría 'Javier Escudero'

27/septiembre/2013

¿Y si ¡yo acuso…!?

Falta-de-liquidez

Ni soy Zola ni pretendo serlo. Ni este es el caso Dreyfus, ni vivimos a finales del sigo XIX. Sería por mi parte muy pretencioso, populista y demagogo –todo junto– si pretendiera copiar el J’Accuse…! Lettre au Président de la République, que el diario L’Aurore publicó en su edición del 13 de enero de 1898.

Pero me voy a permitir la licencia de expresar mi opinión –para el que quiera leerla– sobre un problema que afecta, cada vez más, a cientos de empresas. Me refiero al estrangulamiento financiero que están sufriendo muchas empresas que no tienen quién les financie la liquidez. Un tema tan dramático, al que le hemos dedicado nuestra sección de ‘Entorno y tendencias’ del número 193, de octubre de 2013.

Es un problema que está llevando a cientos y cientos de empresas –ahí están los estudios publicados– a entrar en concurso de acreedores y, a muchas de ellas –ahí están las estadísticas–, a acabar en liquidación. Y eso implica, evidentemente, empresas cerradas y sus trabajadores, a la calle.

Y la culpa, si la cosa va de buscar culpables, es de todos. No creo que sea sólo de los bancos, porque no dan crédito; o que sólo sea de las empresas, porque no han hecho bien sus deberes de tesorería; o de la Administración, porque toma medidas, como quien dice, ‘tarde, mal y pronto’. Lo matizaré por partes:

Por mucho que lo revistan y lo maquillen con notas de prensa, anuncios publicitarios…, la banca española ha reducido la cantidad de dinero que presta a las empresas. Se puede decir de muchas formas, pero la realidad –y los datos del Banco de España así lo dicen– es esa. Incluso hace unos días –según publicaba El País–, “la famosa troika (compuesta por el BCE, el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea), el Supervisor Bancario Europeo y un representante del Tesoro español, realizaron un severo interrogatorio a la banca por su comportamiento ante este problema. En el documento titulado ‘Temas de discusión con los bancos’, al que ha tenido acceso este periódico, los hombres de negro realizaron hasta seis preguntas específicas sobre la financiación a las pequeñas y medianas empresas”. O sea que no es sólo una percepción mía ni tampoco una obsesión de las pymes españolas, sino que en Europa y allende los mares, también lo ven así.

Es cierto que se presta dinero, pero menos, mucho menos, y además más caro y en condiciones más duras que antes –y así lo recogen informes, por ejemplo, del Consejo Superior de Cámaras de Comercio y algún que otro informe económico del propio Banco de España y de la Unión Europea–. Es también cierto que los bancos no son hermanitas de la caridad –el que lo piense o crea que deberían serlo es muy inocente–. Los bancos ponen dinero allí donde van a rentabilizarlo. Y con esa mentalidad, prestan dinero allí y donde consideran que lo van a recuperar con ganancias.

¿Puede y debe ser esto criticable? Pues depende, porque el negocio de los bancos es más antiguo, casi, que la vida, y nadie se ha planteado o ha podido cambiarlo. Pero, ¿puede y debe ser criticable que los bancos no presten (o presten menos y en condiciones más caras) cuando han recibido ayudas públicas de miles de millones de euros para su saneamiento? Pues no se si será criticable, pero a mi personalmente, sí. Al menos, me parece amoral. Como me decía el otro día un empresario muy conocido: “¿Qué hubiera pasado si los más de 61.000 millones de euros –de los que más de 30.000 se dan por irrecuperables– que ha recibido la banca como ayuda para su saneamiento se hubieran destinado a financiar la liquidez de las pymes españolas? Pues eso, ¿qué hubiera pasado? Tirón de orejas a la banca para que ABRA, en mayúsculas, de una vez por todas, y de verdad, el grifo del crédito.

Ahora a las empresas. Las pymes españolas no son las convidadas de piedra de esta historia; son protagonistas. Es cierto que ese estrangulamiento financiero lo están y lo han sufrido muchas, cientos… no hay cifras oficiales al respecto [pero quién no conoce a un amigo que tiene a un amigo o un familiar que trabaja en una empresa que se las ve y se las desea para poder salir adelante día a día debido a desfases bestiales de tesorería. Y para los más escépticos, pueden revisar diferentes informes que señalan el descenso del número de empresas que acceden a créditos, el descenso del número de empresas a las que se les deniega el crédito, el aumento del número de empresas que entran en concurso de acreedores, etc]. Es un problema real, que está ahí.

En los últimos tiempos, se nos ha llenado la boca (administraciones, empresas, medios de comunicación, particulares y todo bicho viviente) con el emprendimiento, como la llave secreta para solucionar todos los problemas, y en esa carrera por quién lo decía más fuerte, más alto y más rápido, nos hemos olvidado o ignorado de qué pasa con esas empresas que llevan años operando en el mercado, que han sido viables y rentables y que se les deniega la financiación para que puedan seguir creciendo.

Ahora bien, es cierto y necesario decir, que hay empresas –de esas que ahora están mal– que no han sabido o no han querido modernizarse, no han querido o no han sabido innovar, no han querido o no han sabido invertir en tecnología y desarrollo, etc., y que mientras había dinero en el mercado, es decir, que los bancos aflojaban pasta, renovaban pólizas, ampliaban créditos y demás productos financieros, no se preocuparon de planificar, analizar, estudiar, calcular y prever qué pasaría en el momento en el que los bancos dejaran de respaldarlas financieramente…, de si serían capaces –no ya de crecer sino– de poder sobrevivir. Y ahora, cuando los bancos han dejado el grifo goteando, se ven con que no encuentran financiación, porque sus negocios –que antes funcionaban o parecía que funcionaban– ya no son rentables ni viables.

Pero también hay otro tipo de empresas, ahogadas financieramente, que, aunque sí hicieron entonces los deberes (sí innovaron, sí se modernizaron, sí invirtieron, sí se internacionalizaron, etc.) ahora no encuentran quién les financie su liquidez. Y a éstas son a las que habría que ayudar, que son las que generan empleo, riqueza, modernidad, innovación… El problema de este tipo de empresas es que, unas, operan en mercados en los que las reglas de juego son las que son y tienen poco o nulo margen de poder cambiarlas: pagar al contado y cobrar a 90-120 días, como mínimo. Y para poder hacer frente a esos desfases de tesorería necesitan contar, sí o sí, con financiación externa. Otras decidieron arriesgarse a crecer sin valorar –o tal vez, sí– los riesgos de ese crecimiento. Porque, como señalan los expertos, “crecer está muy bien y vender, cuanto más, mejor, pero eso conlleva riesgos, muchos riesgos”. Hay una regla que dice que cuanto más vendes más dinero necesitarás para financiarte. A mayores ventas, más recursos necesitarás y, por ende, más dinero para financiar esas inversiones. Y ahí la estrategia o estrategias pasan por valorar si merece la pena y a qué precio interesa crecer por crecer. En los tiempos que corren, tal vez, sea más razonable intentar ser viable que buscar altas cotas de rentabilidad. Y en ese dilema se debe valorar si todos nuestros clientes nos interesan para nuestro negocio, si todas nuestras líneas de negocio son rentables y/o viables, etc.

[Por cierto, una de las entrevistas que hemos hecho para el citado reportaje sobre estrangulamiento financiero fue a José Ramón García, cofundador y presidente ejecutivo de la multinacional gallega Blusens, que ejemplariza esa paradoja y a ese colectivo de empresas que innovó, creció, invirtió… Blusens nació hace 10 años con tan sólo 3.000 euros de financiación y, en el peor momento de la crisis, consiguió facturar ¡60 millones de euros! y estar presente en más de 20 países. Y ahora se encuentra en preconcurso de acreedores, después de que los bancos les cortaran las líneas de financiación. Para no perder detalle y conocer en profundidad lo que le ha pasado a esta empresa y qué está haciendo para salir de esa complicada situación, ofrecemos en nuestra web la entrevista completa, en formato pregunta-respuesta].

Siguiendo con la parte de culpa de las pymes, también es cierto que tradicionalmente han dependido financieramente de los bancos. Esa bancarización es typical Spanish –al estilo del relaxing cafe–. El porcentaje de bancarización de las pymes españolas supera el 70%, mientras que en otros países esa cifra baja al 20 o incluso menos. Tradicionalmente, aquí no ha habido una mentalidad de buscar fuentes alternativas de financiación, por miedo a ‘meter a un extraño en mi empresa’. Y ese miedo de ser cierto no es del todo correcto, porque hay inversores privados que sólo meten dinero en las compañías y otros que quieren intervenir en el día a día de una organización, pero también los bancos, aunque no participen en la toma directa de decisiones de una empresa, sí les condicionan sus decisiones desde el minuto uno que les han prestado dinero. La solución a la desbancarización pasa por buscar dinero en otro tipo de inversores privados, como familiares, amigos, capital riesgo, business angels, crowdfunding, inversores industriales, proveedores, e incluso, competidores; sin olvidar, que en muchos mercados también pueden financiarnos los propios clientes.

Una de las pocas cosas claras que deja la crisis es que los negocios ya no se podrán hacer como antes. No fluye el crédito. Y como eso es así, las empresas deben cambiar su forma de hacer negocio. De nada sirve que las grandes empresas expriman a las pequeñas con condiciones de cobro y pago leoninas. Las dos se necesitan mutuamente. Y sin esa mentalidad, el negocio de las grandes será ‘pan para hoy y hambre para mañana’. En esa misma línea, la competencia es necesaria, pero también la coopetición: competir cooperando. Frente a la actual concentración empresarial, la mejor forma de hacer crecer los mercados es a través de la coopetición, de buscar acuerdos entre empresas del mismo o de diferentes mercados para hacer que el pastel sea más grande.

¿Y la Administración? ¿qué puede y debe hacer? En mi humilde opinión, creo que no ha hecho todo lo que debería haber hecho. Son los que pueden presionar a los bancos para que suelten prenda y abran el grifo y suavicen las condiciones de concesión de créditos; son los que pueden mejorar la fiscalidad de las empresas con normas más beneficiosas de las que hay para la creación y consolidación de las empresas; son los que pueden ayudar, defender y proteger a esas empresas que son viables y rentables y que crean riqueza y empleo.

Precisamente, para el reportaje del que hablaba al principio de este post, buscamos la opinión del Gobierno, a través del Ministerio de Economía, para saber qué estaban haciendo y qué habían hecho para promover y potenciar el acceso al crédito de las pymes.

La misión fue compleja, cuando no revestía complejidad alguna. Les enviamos siete preguntas por email (ese parece ser el procedimiento) y, después de 13 días de espera, y tras ‘presionarles’ con que teníamos que cerrar el citado reportaje, sólo recibimos contestadas tres, de las que una no contestaba a lo que preguntábamos. De las otras cuatro, nada. Y que conste que las preguntas eran sencillas.

La primera pregunta que le trasladamos al Ministerio versaba sobre ese estrangulamiento financiero que están sufriendo muchas pymes y de qué forma estaba ayudando el Gobierno para solventarlo. La respuesta fue ésta: “El Gobierno trabaja en distintas líneas para favorecer que el crédito vuelva a fluir a las empresas españolas. Por un lado, ha llevado a cabo un intenso saneamiento del sector financiero con el objetivo, entre otros, de que los bancos estén en disposición de ofrecer financiación a medida que se consolida la recuperación económica. Las entidades españolas realizaron el año pasado un esfuerzo de capitalización de 130.000 millones de euros. Además, el Ministerio de Economía ha llevado a cabo varias acciones concretas para favorecer la recuperación del crédito. Selló un acuerdo antes del verano mediante el cual las entidades españolas se comprometían a relanzar el crédito a pymes con 10.000 millones adicionales en financiación, se han reforzado las líneas ICO (22.000 millones) y se ha alcanzado un acuerdo entre el ICO y el banco público alemán Kfw para fomentar el crédito a pymes (800 millones de euros). Desde el punto de vista regulatorio, se va a modificar la definición de pyme (de 50 empleados a 250), a través de una circular del Banco de España, lo que va a facilitar el acceso de las pymes a nuevos créditos ya que se reduce el consumo de capital bancario de este tipo de préstamos. Asimismo, el Gobierno está impulsando varias medidas legislativas para potenciar la financiación no bancaria de las empresas: creación del mercado de renta fija para pymes, fomento del capital riesgo (el ICO ha impulsado un fondo con una dotación 1.200 millones y una capacidad de apalancamiento de tres veces), nuevas líneas de avales para la internacionalización y potenciación del funcionamiento del Mercado Alternativo Bursátil, entre otras iniciativas. Además, existe un consenso en la zona euro para potenciar el papel del Banco Europeo de Inversiones y orientarlo mayoritariamente hacia pymes a través de instrumentos de nueva creación”.

En la respuesta del Ministerio de Economía se dicen muchas cosas, pero –creo que– poco efectivas, porque, según datos del Banco de España (que recogemos en el citado reportaje), el crédito a pymes sigue bajando, situándose en los bajos niveles de 2006. Además, según datos de las Cámaras de Comercio, el número de empresas que accede a esa financiación también sigue bajando porque cada vez se endurecen más las condiciones que imponen los bancos. Y esa realidad la confirma, además, un informe del propio Banco de España. Sin olvidar que el Gobierno sigue insistiendo en el papel que juega el ICO, cuando este organismo es un mero proveedor de fondos para las entidades bancarias, que son las que deciden siempre en última instancia si conceden o no los créditos a las empresas.

Faltan muchas respuestas a este problema. Ahora le toca a otros mover ficha.

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20/agosto/2013

La doble moral del sistema

fabricaOK

Siempre he dicho que las empresas se montan para ganar dinero. Para lo ‘otro’ ya están las ONG. No obstante, no hay que tomarse estas dos frases al pie de la letra. Se pueden hacer matizaciones, muchas.

No creo en esos que dicen que montan una empresa ‘para cambiar el mundo’. El mundo se cambia de muchas formas, pero no creando negocios.

No seré yo quien tire piedras sobre mi propio tejado. Siempre he defendido a los que emprenden, porque arriesgan muchas cosas: recursos, horas de su vida, horas junto a sus familias, etc. Pero también soy muy crítico con todos aquellos que quieren hacerse ricos a costa del esfuerzo de muchos otros. Como en cualquier aspecto de la vida, todo no vale para conseguir un fin.

Estas sencillas y mortales reflexiones las hago tras cerrar el reportaje que publicaremos en nuestro número 192, de septiembre de 2013, sobre la relocalización… un ¿bonito? palabro que viene de la mano de la famosa deslocalización, que tan de moda se puso hace unos años cuando cientos de empresas de todo tipo y pelaje, al grito de ‘emprendedor el último’, hacían las maletas buscando nuevos mercados en los que ubicar sus fábricas con la excusa de ser más competitivos. Ahora (bueno hace ya un tiempo), aparece la relocalización, que es la reubicación de esos centros de producción buscando nuevos mercados para seguir siendo más competitivos.

Hasta ahí, todo bien cuando las empresas asumen estrategias en torno a la competitividad. Pero, ¿por qué llamamos competitividad a una actitud, un proceso, un … que busca ahorrar costes por encima de cualquier cosa? Y vuelvo al principio: todo no vale para conseguir un fin.

Cuando las empresas de medio mundo salieron a conquistar China (sin darse cuenta que iba a ser China la que nos conquistaría a nosotros) sólo buscaban fabricar más barato, ¿a costa de qué? de explotar a miles de trabajadores en condiciones laborales infrahumanas con sueldos de miseria. Se pueden hacer miles de matizaciones, pero eso se llama esclavitud. Con el tiempo las condiciones han cambiado y ahora esos costes irrisorios han aumentado (poco, pero lo han hecho) y muchas de aquellas empresas, que salieron para ser más competitivas, buscan ahora (y han encontrado) a otras ‘Chinas’ y han conseguido instalar sus fábricas en Bangladesh, India, Vietnam…, sin pararse a pensar (o tal sí) que en esos países también viven personas que, para poder comer, trabajarán en lo que sea y en las condiciones que les impongan.

Pero esto no podría acabar echándole la culpa sólo a las empresas. Nosotros, la sociedad, los consumidores, también somos responsables de esa tiranía laboral. Se nos ponen los pelos de punta cuando vemos (eso sí, porque si no vemos un vídeo parece que no es real lo que nos cuentan los medios escritos) en un informativo a niños de muy pocos años que trabajan confeccionando ropa o fabricando muebles o pintando objetos en condiciones insalubres. O fábricas atestadas de personas que trabajan, comen, duermen y… allí. Pero esas imágenes se nos olvidan a los dos minutos, cuando vamos a comprar productos en la Europa ¿civilizada?, que la mayoría han sido fabricados en aquellos países y por aquellas manos.

Con esto no digo que no compremos productos procedentes de aquellos mercados. No es una cuestión de defensa nacional. No van por ahí los tiros. Sino que deberíamos exigir a las marcas que cumplan con los derechos humanos, con la dignidad de los trabajadores y que informen a los clientes (en las etiquetas, con campañas o como se les ocurra) de la procedencia de sus productos, cómo y de qué forma se han fabricado para que podamos decidir si los compramos o no. Hay marcas que ya lo hacen, pero la mayoría no. Y no basta con poner una leyenda que diga ‘se han respetado los derechos humanos…’ De esta manera, estaríamos ‘obligando’ de forma subjetiva a que mejoraran las condiciones laborales de aquellos países. Suena a los ‘mundos de Yuppi’, pero sólo se pueden conseguir cosas siendo activos. Empezando por mi, a partir de ahora, miraré muy bien dónde y qué compro.

Ah, por cierto, espero que os guste el citado reportaje…

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29/julio/2013

Mejora como emprendedor

dossier191

Somos conscientes de que no son nuevos –ya quedan pocas cosas nuevas–, pero también es lo que venimos haciendo de forma incansable desde el primer número de la revista Emprendedores, allá por octubre de 1997: recogiendo las mejores estrategias de gestión.

Me refiero al dossier de nuestro número 192, septiembre de 2013, que hemos titulado ‘Mejora como emprendedor’. A lo largo de 14 páginas, hemos reunido más de medio centenar de consejos, ideas, estrategias… que han utilizado diferentes emprendedores para alcanzar un objetivo concreto. Cuando leas estos consejos, seguro que te sentirás identificado con más de uno de ellos. Estamos convencidos de que has vivido muchas de las situaciones que cuentan los emprendedores y expertos con los que hemos hablado. Y otras vivencias te servirán para que tomes nota y las apliques tú.

En total son 63 consejos. Podríamos haber recogido cientos de ellos, pero no tendríamos páginas suficientes para hacerlo porque hay tantas estrategias como emprendedores y empresas existen en el mercado. No están todas las que son, pero sí es cierto que todas las que hemos recogido a lo largo de estas páginas están basadas en hechos reales. Unas son de sentido común, otras desarrolladas gracias a la formación y/o experiencia de sus autores y algunas, incluso, fruto de la suerte. Pero todas ellas merecen la pena tenerlas en cuenta. En algunos casos (la mayoría), les han servido de forma positiva y, en otras (las menos), no han alcanzado el objetivo esperado, pero les han servido de aprendizaje.

Espero y deseo que a ti también te sean útiles.

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8/julio/2013

Se hunde la empresa

Barco

Errores hay cientos, tantos como formas diferentes de gestionar un negocio. Es más, hay tantos que podemos decir a los cuatro vientos que llevamos desde 1997 escribiendo sobre errores (para los optimistas, o para los pesimistas, donde pone ‘errores’, leed ‘consejos’). Pero, en nuestro número 190, de julio de 2013 (págs. 44-49), hemos profundizado en aquellos pocos (que no pequeños) errores que llevan a las empresas al desastre más absoluto (si es que el término ‘absoluto’ no fuera suficiente).

De todos ellos, hay dos que son ‘mortales de necesidad’. Uno está relacionado con los problemas de liquidez, que llevan a las compañías a la muerte por asfixia. Y el otro tiene que ver con los problemas que surgen en torno a las malas relaciones entre socios, y que, en la mayoría de los casos, llevan a la empresa a un estado de inactividad, porque los socios entran en una guerra de ataques y contraataques.

Uno de los expertos con los que hemos hablado nos recuerda que, como humanos que somos, en la mayoría de los casos, las reflexiones las solemos hacer a posteriori, pero, a priori, el mercado suele dar señales de que algo no va del todo bien o, al menos, como lo habíamos pensado. En muchos casos, las desoímos. Y en otros, escuchamos esas señales, pero hacemos de ellas una lectura interesada. Y uno de los riesgos, en ese sentido, “está en confiar excesivamente en nuestro proyecto y seguir hacia adelante pase lo que pase, dándonos igual los síntomas y signos que nos lanza el mercado. El problema viene porque como queremos justificar la hipótesis de negocio que tenemos en la cabeza y que nuestro modelo es válido, y como no somos analistas objetivos, valoramos aquellos datos que nos interesan y que vienen a justificar lo que andamos buscando desde el principio”.

No seré yo quien lo diga, pero os recomiendo que lo leáis (uy, ya lo he dicho… perdón!)

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17/junio/2013

Por alusiones sobre la burbuja

burbuja1

No suelo hacer esto…, bueno, creo que nunca antes lo había hecho. Será la primera y la última vez que me justifique por hacer un reportaje (aunque pueda parecerlo, no estoy enfadado).

Parece que el reportaje que hice/hicimos en la revista (en papel, salió en el número 189, junio de 2013, págs. 16-20 y después en nuestra web) ha generado más de un sarpullido en la frágil piel de algún que otro emprendedor, poco acostumbrados a recibir críticas… constructivas, claro (pues mal empiezan sus proyectos si no son capaces de escuchar críticas).

Antes de su publicación definitiva ya había escrito algo sobre el tema.

Tras la publicación del citado reportaje, he recibido varios emails de lectores que se sentían aludidos (unos molestos, otros preocupados y otros aturdidos, aunque todos muy correctos y respetuosos con mi persona y mis allegados) porque sus empresas salían citadas en el reportaje titulado: ‘Pequeñas burbujas a punto de estallar’ y con el antetítulo: ‘¿Por qué se sigue emprendiendo e invirtiendo en proyectos de mercados saturados?’

A continuación reproduciré el email de contestación que les envié a todos los que me pedían explicaciones (lo he pluralizado):

“Me gustaría que entendierais que la primera motivación cuando hacemos un reportaje es la de transmitirle al lector (emprendedores y potenciales emprendedores) una sensación, que no sólo la tenemos nosotros, sino muchos expertos con los que hablamos a diario. Los reportajes no surgen porque nosotros estemos ‘saturados’ de recibir cientos de emails de emprendedores que nos cuentan sus proyectos. Somos periodistas y una parte de nuestro trabajo consiste en conocer qué proyectos se están gestando y no sería ético por nuestra parte quejarnos (que no nos quejamos) de recibir cientos de correos, porque eso forma parte de nuestro trabajo, con el que verdaderamente disfrutamos.

Cuando escribimos este reportaje nuestra única preocupación fue la de ser fieles a nuestros lectores y decirles que hay mercados, sectores y/o actividades que tienen grandes dosis de riesgo para emprender. No le decimos al lector que no emprenda en una determinada actividad sino que si lo hace debe tener en cuenta una serie de recomendaciones (en boca de expertos) para evitar cerrar antes de tiempo. El reportaje no ponía el acento en ningún proyecto concreto, sino que hacía un recorrido sobre diferentes actividades, mercados y/o sectores en los que hay X proyectos muy similares.

Por nuestra experiencia, nos llegan a diario muchos proyectos de emprendedores que se sorprenden cuando les contestamos que como el suyo hay dos o tres proyectos similares. Muchos de ellos desconocen que hay otros competidores más fuertes o similares a ellos y lo desconocen porque no han estudiado el mercado (una cosa tan básica, pero que muchos ignoran, olvidan o, sencillamente, pasan de hacer). No entro en si hay o habrá burbuja, porque mi trabajo no es ser adivino, sólo digo que, en líneas generales, hay determinadas actividades en las que los proyectos carecen (o no han sabido transmitir al mercado) su ventaja competitiva y, a vista de pájaro, el público es incapaz de ver qué ofrece una u otra como diferente. Es una cuestión de diferenciar y valorar el riesgo medido y el riesgo máximo a la hora de desarrollar un determinado proyecto.

Creo que parte del problema de muchos emprendedores es que intentan convencer de sus buenas intenciones a la prensa y se equivocan en ese planteamiento, porque a los que tienen que convencer de que sus proyectos son interesantes, aportan valor, resuelven un problema o una necesidad no cubierta y están dispuestos a pagar por ellos son a los usuarios y clientes. Nosotros sólo somos un canal a través del que contar los proyectos. Las empresas deben trabajar por encontrar esa diferenciación y explicársela al mercado, no a la prensa.

Por su supuesto, nuestro interés es conocer cuanto más proyectos mejor, pero debemos ser críticos (que no irresponsables) con lo que acontece en el mercado y transmitírselo a los lectores. Y en ese sentido, no le podemos decir al lector que quiere emprender que lo haga en una actividad (la que sea) en la que ya operan (antes que él) una docena de proyectos, que tienen más experiencia, más pulmón financiero, mejor equipo, etc., porque se la van a dar a la primera de cambio. Lo contrario, sería irresponsable por nuestra parte.

Una parte importante del problema de fondo es que ahora mismo hay mucho ‘ruido’ con el tema de los emprendedores, motivado en gran parte por intereses políticos y económicos… y no hablo de conspiraciones, por supuesto, sino de intereses de las administraciones para que el tema emprendedor tape o mitigue otros temas como el paro o la mala gestión pública en determinados asuntos; y también intereses económicos, porque han surgido en los últimos meses una legión de ‘pseudogurús’ que quieren vivir de ‘esto’ engatusando y sacando los cuartos a más de un emprendedor incauto.

El caso es que interesa alimentar a la bicha del emprendimiento para que unos se aprovechen de otros. Y en eso, los medios debemos o deberíamos ser mucho más responsables y no entrar tanto en vender humo, sino en dar a conocer proyectos interesantes, que los hay. Y casi siempre los más interesantes suelen ser aquellos que menos ‘ruido’ hacen en Internet, precisamente, por eso, porque dedican su tiempo y esfuerzo a trabajar en el desarrollo de sus proyectos y no quieren perder el tiempo en generar ‘ruido’, principalmente, en las redes sociales.

A nosotros también nos cuesta en ocasiones aislarnos un poco y no dejarnos llevar por esa corriente generalista, pero también nos esforzamos mucho por escarbar para encontrar proyectos interesantes. Cuesta mucho esfuerzo, pero como nos gusta, muchas veces lo conseguimos”.

¡Y eso es todo!

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27/mayo/2013

¡Explota, explota, expló!

burbuja1

¿Crees que se aproxima una nueva burbuja? ¿Crees que hay determinados sectores y/o mercados saturados? ¿Falta originalidad en el diseño y desarrollo de determinados conceptos de negocio? ¿Innovan poco los emprendedores? Esas y otras más son las preguntas que dieron pie para elaborar el reportaje de la sección ‘Entorno y Tendencias’ del número 189, junio de 2013, que ya está en la calle.

Por nuestra posición privilegiada de medio especializado, nos llegan centenares de nuevos emprendedores que se lanzan al mercado. No todos, pero sí muchos de ellos, ya nacen heridos de muerte, con grandes posibilidades de ‘dársela’. Lo hacen en mercados saturados, en los que ya hay competidores muy fuertes, con marca, con potentes pulmones financieros, con buenos equipos gestores… y aún así, siguen lanzándose.

No quiero hablar de burbujas. No seré yo el que especule. No tengo la bola mágica que lee el futuro (si la tuviera me haría rico… ;D ¡maldito modelo capitalista de consumo!). No se lo que va a pasar dentro de cinco minutos, ¡como para saber lo que ocurrirá en unos meses con determinados negocios!

Pero sí evalúo una serie de percepciones, de sensaciones… que me permiten –modestamente– construirme una opinión sobre qué negocios o actividades son muy arriesgados. En definitiva, me permite aventurar en qué negocios –si tuviera que emprender– no emprendería en estos momentos. No me considero un suicida (y hay emprendedores que sí lo son, aunque ellos no lo sepan o no lo quieran saber).

En el citado reportaje hablamos de muchos de ellos: outlet online, plataformas de cupones, venta de cofres de experiencias, plataformas de formación y recomendadores y comparadores, entre otros. Y en el mundo offline: casas rurales, venta de yogures helados o fruterías, entre otros. Y aunque pueda parece extraño, aún hoy, siguen lanzándose nuevos proyectos en esas actividades.

¿Cuales podrían ser los motivos de esas muertes anunciadas? El primero responde a una falta de análisis del mercado y de la competencia, algo que se da por hecho, pero que en muchas de las ocasiones, o no se hace o se hace mal. Muchos emprendedores desconocen cuáles son las reglas de juego del sector en el que se va a meter y también los competidores que va a tener, lo que hacen, cómo lo hacen, con qué costes, a qué precios, el tipo de cliente, sus necesidades, etc.

Otro de los motivos es una falta de análisis crítico de su idea de negocio. Los expertos subrayan que a muchos emprendedores les puede el ego y están tan enamorados de su idea que son incapaces de ver y de aceptar que no aportan ninguna ventaja competitiva –es decir, que son más de lo mismo– y aquellos que podrían aportar algún valor no saben cómo transmitírselo al mercado y a sus clientes.

Los expertos también apuntan en esto dos aspectos: uno es que muchos emprendedores actuales son por necesidad y en ellos –no en todos– las prisas por salir al mercado y conseguir recursos para sus vidas les hace obviar elementos clave en el desarrollo de cualquier proyecto. El otro aspecto que destacan es que en los últimos meses –años– asistimos a la moda de clonar proyectos que funcionan en otros mercados –principalmente, Estados Unidos– y el pecado de clonar un negocio no está tanto en copiarlo, sino en no adaptarlo a las condiciones de nuestro mercado: cultura, volumen de clientes, formas de pago, logística, etc.

Antes hablaba de mercados saturados, en los que es un suicidio emprender de nuevas, pero los expertos abren una oportunidad a los mercados atomizados, que son aquellos en los que hay competidores –recuerda que siempre hay competencia y que la competencia es buena y necesaria–, pero todavía no hay un líder claro. La naturaleza de cualquier sector, mercado o actividad es la de dos o tres empresas grandes, cuatro o cinco medianas y muchas pequeñas. Y su evolución natural es la de que, con el tiempo, queden un par de grandes competidores, muy pocos medianos y casi ningún pequeño.

Evidentemente, la clave para sobrevivir en este tipo de mercados atomizados es diferenciándote. Pero eso ya te lo contamos en el citado reportaje.

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18/abril/2013

Una de sentido común

soapy-smithEn los últimos meses estamos asistiendo a una pandemia de seudotalento, de seudoinnovación, de seudoestrategias, de seudoexpertos, de seudogurús que han invadido el planeta emprendedor de falacias y de engaños. Alentados por esa riada de emprendedurismo que todo lo cubre, no hay quien no utilice la palabra ‘emprendedor’ en cualquier reunión de trabajo o charla informal. Da igual que uno sea político, bombero-torero o tornador-fresador. A este paso, llegará el día que veamos a Iker Jiménez presentando “el-caso-de-un-funcionario-que-quería-emprender” (y eso en un plató de televisión en penumbra y con una musiquita de violines, acongoja).

Bromas aparte (si es que la tiene… para mí no), esta fiebre desenfrenada por emprender (al estilo de los buscadores de oro a mediados del siglo XIX en EEUU) ha generado la aparición de una horda de ‘listos’, de ‘muy listos’ (no se les puede llamar de otra forma), muy al estilo de nuestra tradicional historia de pícaros y truhanes), que contra viento y marea ha conseguido engatusar a muchos incautos (movidos por la necesidad urgente e imperiosa por emprender) con fórmulas mágicas y brebajes nauseabundos con los que conseguirán alcanzar el éxito, sin esfuerzo, sin penurias, de forma rápida e indolora.

Podría asumir que lo único que buscan vendiendo humo es formar parte, ellos también, del propio mercado, pero como no debería valer todo, cuando eso se hace con el único objetivo de engañar, se llama ‘estafa’ y nunca ‘negocio’.

No hay día que no nos llegue a la redacción de Emprendedores una nueva noticia innovadora en torno al mundo de los emprendedores. El circo se amplía y los payasos (o los listos) son tantos que no hay pistas suficientes para que puedan actuar.

A este paso, llegará el día (no muy lejano) en el que esto ‘pete’ por algún lado: que la burbuja del emprendedurismo explote llevándose por medio a muchos emprendedores de verdad, que han arriesgado todo (su escaso dinero y sus ilusiones) y que tuvieron la mala suerte de toparse por el camino con uno de esos ‘listos’ que les engañó con sus servicios seudoinnovadores.

Antes de que llegue ese momento, y nos invada el detritus, pongamos un poco de sentido común y llamemos a las cosas por su nombre y no nos dejemos engatusar por esos autoproclamados dioses que predican cansinamente en Twitter y LinkedIn.

Sentido común, mucho sentido común. Y recuerda esa gran reflexión de nuestros padres y abuelos: “Nadie da duros a pesetas”. Emprende con sentido común.

 

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11/abril/2013

Y la franquicia, ¿qué?

las mejores franquicias 2013

Un año más, y van 13 –sino me fallan las cuentas–, estamos ultimando el cierre de nuestro Especial Franquicias, en el que hacemos una selección sesuda y concienzuda de las mejores enseñas para emprender. Cada año es la misma cantinela, pero es cierta: el proceso de selección es complejo y complicado. Evidentemente, no tememos por nuestra vida, pero sí nos da más de un quebradero de cabeza.

Digo que la selección no es fácil, porque en España –como nos pasa con muchas otras cosas– falta una clara reordenación de todo aquello que tiene que ver con la franquicia. Es cierto, que hay legislación al respecto sobre esta fórmula de negocio, pero es escasa y muy generalista. Y lo poco que hay, como el Registro de Franquiciadores, de obligado cumplimiento para toda aquella empresa que opere bajo esta fórmula (con sanciones por incumplimiento, aunque la Administración no actúa como vigilante), está infrautilizado. Es decir, que la ley obliga a todas las empresas que operan bajo franquicia a registrar y actualizar sus datos, pero la gran mayoría (de las que están inscritas) no tienen sus datos actualizados. Y eso impide tener una visión clara y real de cuántas centrales de franquicia operan en España, así como de cuántos establecimientos propios y franquiciados hay.

Aún así, las diferentes consultoras de franquicia hacen el esfuerzo de recabar año tras año datos y más datos y, entre unas y otras, calculan que puede haber entre 800 y 1.000 enseñas. Lo más curioso de esto es que, incluso, hay centrales de franquicia que arremeten contra competidores acusándoles de falsos franquiciadores, como si unos y otros tuvieran el poder divino de decidir qué o quién representa el verdadero espíritu emprendedor. Pero mientras la Administración, que es quien tiene esa potestad, no tome cartas en el asunto (como viene obviando año tras año) no habrá una transparencia total para esta fórmula de negocio.

Mientras tanto, desde Emprendedores, intentamos ofrecer todos los años un especial en el que preseleccionamos –de ese millar– más de 300 enseñas y damos información detallada de 150. No sería del todo sincero si no reconociera que esa es nuestra intención, pero frente a ese objetivo nos encontramos con muchos obstáculos. En primer lugar, la información que damos nos la facilitan las propias enseñas y nosotros las contrastamos con la que tenemos de ellas. Hasta ahí, nada del otro mundo. El problema surge cuando esa información que nos facilitan no es del todo real. Y ahí nos encontramos con dos tipos de franquicias: aquellas que sí nos facilitan datos, que, con sinceridad dudamos de que sean ciertos, y aquellas otras que directamente se niegan a dárnoslos. Y habría un tercer tipo de franquicias –que son las que defiendo por su transparencia informativa–: que son aquellas que sí nos facilitan datos, aunque éstos no sean los más positivos posibles para su cadena. Y en estos casos, con sinceridad, no nos fijamos tanto en si han cumplido o no sus planes de expansión o si han cerrado muchos o pocos establecimientos el año anterior, sino que valoramos más qué estrategias han tomado para solucionar esos problemas.

Y eso es lo que intentamos transmitir a los lectores que quieren emprender formando parte de una red de franquicias: que no deben fijarse tanto (que también) en esos datos (planes de expansión, número de locales cerrados, inversiones, etc.) sino en qué medidas ha tomado o está tomando determinada cadena de franquicias para que su relación con sus franquiciados sea viable y rentable a medio y largo plazo.

Si estás interesado en este tema y quieres saber más, hemos organizado un evento para el próximo 17 de abril, en Madrid.

Y ya sabes: el próximo especial franquicias (el número 13), de mayo de 2013, ya está en máquinas y, pronto, estará en la calle. No te lo pierdas.

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